28 de diciembre de 2015

El que se fue

Con el fin de año, me parece conveniente hacer un corte de caja. Y es que desde la segunda mitad de este año que corre, las cosas empezaron a moverse y yo con ellas. 

Lo más evidente es que casi clausuro este espacio porque dejé de rumiar desde mis adentros para darle paso a la acción fuera del cobijo familiar. Con la cabeza y el cuerpo en mejor sintonía, estaba lista para volver a las andadas, esperando agazapada como gato tras cascabel. Mi pluma ahora reclamaba silencio.

La oportunidad se dió y volví a la docencia. Nuevos chicos, nuevas rutas de traslado; nuevos compañeros, nuevos retos, nueva forma de trabajo; nuevo salario; nuevas espectativas.

Pero lo que definitivamente movió el engranaje de la vida, fue el tomar el taller de comedia musical en un taller de iniciación artística. Me mantengo firme en mi preferencia por el teatro de autor y sin embargo, ahora puedo mirar el teatro musical sin el repelús anterior.

Me pasó un poco como en mi estancia en el Coro de mi facultad: mientras  aprendo de la disciplina o actividad, puedo involucrarme, aunque sé que mi paso es temporal. Había una necesidad de conocer por experiencia propia el porqué tiene tan buena aceptación entre cierto público.

Y así llegué a Hairspray. Con un personaje antagónico, glamuroso, con muchos cambios de vestuario y de mediana edad. Algo impensable en mis días de universidad. Lo mejor del asunto fue que el profesor es también egresado de la facultad de Filosofía y Letras; muy joven y completamente enamorado y convencido de lo que hace. Caí, pues, en blandito.

Unos meses después, me contactó el director de una compañía para la que ya había trabajado en el montaje de Anfitrión Mx a finales de 2013 con una pequeña participación y que por cuestiones de salud, había tenido que declinar a mi puesto en la reposición de dicho montaje en mayo del 2014. Había la posibilidad de cubrir a una actriz en un monólogo de Enrique Buenaventura. También fue mi primera vez en este tipo de texto. E incluso, el proceso me llevó a incluir una canción en mixteco, con la asesoría de mi madre.

Hairspray me  renovó la confianza de estar en un escenario, y se empezó a cocinar un proyecto que tuvimos que frenar ante la intempestiva partida de uno de los integrantes.  La aventura que significó preparar el monólogo, me dejó un rico saborcillo en la comisura de los labios. Así que, cuando me invitaron a formar parte del ensamble en la pastorela musical, se me presentó la oportunidad de mantener los motores encendidos. 

En la última función de la pastorela, nos presentamos en un camellón para una posada comunitaria. Cubrí de emergencia el personaje de una compañera que no pudo dar la función. Recordé mis tiempos de teatro callejero en el CCH y comunitario en Neza. Sentí cierta nostalgia cuando los organizadores, calentaron para aventarse una pastorela improvisada. Siempre admiré el arrojo de mis compañeros teatreros que me doblaban la edad y cuadruplicaban mi incipiente experiencia con su kilometraje. "El teatro se hace en la calle y hasta en los teatros" era su lema, citando a Brecht. 

Después de mi descalabro en Ozumba de Alzate en una presentación que fue desastrosa al interior del grupo con un integrante ebrio antes de la función y horrible por las condiciones externas: con un puesto de discos pirata a todo volumen  de un lado y la música sonidera de una fiesta particular en la otra acera, además del espaldarazo de los organizadores, me vacuné contra los escenarios por un buen ratote que duró todo el camino que hice de taller en taller, a pequeños pasos, juntando las migas a mitad del bosque para volver a encontrar el camino a casa. 

El último día, antes de salir de vacaciones, los chicos de la escuela me comentaron que están organizando un grupo de teatro independiente de la escuela porque en buena medida, les había quedado la cosquilla de hacer más teatro a partir del taller conmigo, (tenemos 100 minutos de clase a la semana). Como docente, ¿qué más se puede pedir?

El reto es grande. Hacer teatro y vivir de ello (no sólo como metáfora), es un camino que se me figura largo y con mucha piedra por picar. ¿Pero qué eso no lo sabía ya cuando llené mi formulario de pase automático para ingresar a la carrera? Sabía eso y que no hay otro estado en el que me sienta tan retribuida que cuando pienso y creo teatro.

El  año que está por irse, me devolvió el gusto por la actuación; el regreso al aula; y de la mano, la dirección y mi oficio de dramaturga por encargo. Sin más por el momento, quedo agradecida con el año que acaba. 

África


En días pasados acudí a un foro denominado “Una mirada hacia África: Presente, integración y futuro”, donde se presentaron quince ponencias expuestas por dos tipos de ponentes: académicos y diplomáticos de diferentes países de ese continente.

De manera general los académicos abordaron temas sobre democracia, género, relaciones internacionales, cultura y medios de comunicación, en tanto que los diplomáticos expusieron el estado de las relaciones diplomáticas de sus respectivos países con México. Quiero comentar el contenido de la exposición del Dr. Koulsy Lambo, el único académico africano en el evento y director de Casa Hankili en México, lugar donde se difunden las diferentes manifestaciones culturales de los países africanos.

De manera breve (por el tiempo asignado para su participación), el Dr. Lambo expuso el proceso mediante el cual Europa Occidental ha impuesto una ideología meta sistémica desde la cual se cataloga a los países. En este caso, los pueblos africanos desde este parámetro resultan ser comunidades de salvajes, violentos, muy cercanos a un estado animal; con mundos amíticos, sin arqueología, ni escritura, ni filosofía, fetichistas, inmóviles e incivilizados. África es la tierra del hambre, la enfermedad, la miseria y la violencia, liderada por gobernantes corruptos. Es esta idea del Continente la que se ha difundido.

Lo anterior tiene la intención de justificar la intervención de las potencias europeas y de Estados Unidos en el continente. Anteriormente, sometiendo a esclavitud a los africanos que fueron sacados de sus lugares de origen y trasladados a otros países en calidad de esclavos; posteriormente, ocupando sus territorios para explotar sus riquezas naturales: fauna, minerales y petróleo, entre otros; y actualmente, con las pantallas de la ayuda humanitaria y de la colaboración para el patrocinio de atletas de alto rendimiento para la obtención de medallas para los países patrocinadores.

El ponente mencionó que esta situación ha generado entre los africanos sentimientos de miserabilismo, es decir, que lo africano carece de valor; altercidio, odio a sí mismos y afropesimismo, refiriéndose a que África no tiene futuro. Este sentir ha llevado a los jóvenes africanos a verter ácido en su piel buscando aclararla y al uso excesivo de químicos para alaciarse el cabello y un creciente afán por adoptar prácticas culturales de occidente.      

El Dr. Koulsy cerró su intervención señalando que sería bueno recordar que África es el origen de la vida, poseedora de una cultura milenaria que se niega porque no se parece a la de Europa occidental y que: “Europa va deconstruyendo lo que África ha construido por siglos, África representa para Europa lo que se desprecia porque no se tiene pero se desea para sí.”

Seria bueno ceder la palabra a los africanos para hablar de sí mismos y que los otros, los no africanos fuéramos más receptivos para conocer todo lo que este continente tiene para compartir.    

      

9 de noviembre de 2015

Aclaración y calificación.


Quiero plantear un par de reflexiones que surgen a partir de anuncios comerciales que he visto en la televisión:

La primera, acerca de productos que se ofertan para atender cuestiones de arreglo y aseo personal femenina y me refiero a una crema que hidrata y aclara la piel del rostro, un antitranspirante que además de inhibir la sudoración, aclara la piel de la zona de las axilas y un jabón para la limpieza de la “zona íntima” que también aclara esa parte del cuerpo. ¿Cuál es la razón para combatir los segmentos de piel morena u obscura en nuestro cuerpo?, ¿El oscurecimiento de la piel en zonas específicas no es parte de la naturaleza del cuerpo humano?, ¿Habrá que esperar que lancen al mercado los productos que aclaren la piel de los codos, las rodillas y otros recovecos de nuestra anatomía?, ¿Es así como inicia el proceso de desdén por el  color en la piel que pueden conducir a la búsqueda de procesos artificiales para pigmentar lo que nos es dado por origen racial y genética?

La segunda reflexión es sobre un producto farmacéutico que ataca la infección vaginal de “las niñas bien”. En dicho anuncio se especifica que una infección vaginal se puede adquirir por el polvo, el uso de baños públicos y no sólo por contacto sexual. También hace énfasis en el tamaño pequeño del producto, por lo que el espectador deberá tener claro que éste está diseñado especialmente para las mujeres adolescentes que padecen una infección vaginal por las dos primeras razones, lo cual las engloba en la categoría de “niñas bien”. Entonces, ¿quiénes son las “niñas mal”?, ¿Acaso en esa categoría se incluyen a las jóvenes que padecen una infección vaginal como resultado de una vida sexual activa?

Dudo que los temas  de higiene y salud pasen necesariamente por la obsesión de aclarar el tono de piel y de calificar la conducta sexual de las mujeres y las adolescentes.  

7 de octubre de 2015

¿A quién le importa la Educación Normal?

En días pasados leí un artículo de Siddharta Camargo, Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN): “La combativa historia de las normales rurales”, donde el autor señala que “(…)El sistema de Educación Normal se encuentra bajo fuertes críticas (…)a pesar de que nadie conoce ni se interesa demasiado por el tema.”

A partir de que el tema de la Reforma Educativa se puso en el centro del debate público, se volvió lugar común señalar como responsables de la mala calidad de la educación en México, a los maestros. Se dice que los maestros tienen una formación deficiente por lo que es necesario evaluarlos, pero no se ha hecho un pronunciamiento por parte de las instancias públicas correspondientes para atender el Sistema de Educación Normal.

El tema apenas si mereció una mención a raíz de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, durante el encuentro en octubre de 2014, entre los familiares de los muchachos desaparecidos y el Presidente de la República. En dicha reunión, se comprometió a apoyar a las normales rurales para “dignificar estos espacios de formación docente”. Y en diciembre del mismo año, el Presidente propuso una ampliación de recursos para asignar a las normales rurales cuatrocientos millones de pesos del presupuesto para el ejercicio de 2015, a fin de ser distribuidos entre las 17 escuelas normales rurales siempre y cuando cumplan con lo establecido en las Reglas de Operación del Programa de Apoyo para Normales Rurales, a través de un Convenio de Colaboración entre la SEP y las autoridades educativas estatales, mismos que se podrán ejercer durante el tercer cuatrimestre de 2015. Cabe resaltar que esta acción obedece a un problema específico y que sólo se consideró el apoyo para las normales rurales, sin considerar al Sistema de Normales en general.    

Para tener una idea de lo que la Educación Normal significa en números, consultamos el  Anuario Estadístico de la Población Escolar en la Educación Superior del ciclo escolar 2013 – 2014 de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y encontramos que en México existen 414 escuelas que imparten Educación Normal con licenciaturas en: Educación Preescolar, Primaria, Secundaria,Telesecundaria, Especial, Indígena, Bilingüe y Bicultural, también Educación Tecnológica, Física, Artística, Educación para Adultos, Pedagogía, Docencia, Ciencias de la Educación e Introducción educativa – aunque las ocho últimas no se contabilizaron para este análisis -. Éstas atienden a 150 119 alumnos que representan el 4.1% del total de alumnos que cursan la educación superior en México.

Los estados con más escuelas de este tipo son: Estado de México (42), Puebla (31), Guerrero (27), Jalisco (24) y Guanajuato (24); sin embargo los estados que aglutinan las matrículas más grandes de estudiantes de Educación Normal son Sinaloa con  11 746 alumnos, Michoacán 10 177, Puebla 10 050, Estado de México 8 228 y Distrito Federal con 7 500 estudiantes.   

De las 414 escuelas, 252 son escuelas públicas y 162 son escuelas privadas. Las escuelas públicas atienden al 60.9% de la matrícula total que se forman como Normalistas, en tanto que las escuelas privadas concentran  al 30.1% restante.            

Considero que los datos son relevantes tanto por el número de jóvenes que se forman en esta área, como por el número de escuelas privadas que se ocupan cada vez más de esta tarea. La educación vista como un servicio, en el lenguaje de los negocios resulta ser un área de oportunidad. ¿Será ésta la razón del creciente interés de “Mexicanos Primero” por impulsar la ejecución de la Reforma Educativa en todo el país?          





            

26 de septiembre de 2015

Solares de noche y niebla

Hoy encontré entre la mucha paja que se puede ver en facebook, la imagen de un joven parado junto a unas hojas con fotos de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa donde se pide su presentación con vida; parado justo a un lado de la hoja en la que se supone estaba su propia fotografía. El pie de foto dice que se trata de un encapuchado detenido en una manifestación y que fue reconocido como uno de los 43 estudiantes desaparecidos hace un año. No hay fuente ni datos precisos sobre el detenido ni sobre la detención.

Me recordó esa foto -también publicada en facebook- de un  maestro oaxaqueño con su celular, cuidando una barricada, en su campamento en la Ciudad de México durante un plantón. El pie de foto decía: así se la pasan los maestros, en lugar de dar clases. Vi que la publicación fue compartida a medio día y entre semana. Me pregunté si también estaría desempleada -como yo, entonces-, la persona que lo subió a su muro u ocupaba tiempo de su jornada laboral para atender sus asuntos personales en las redes sociales. Quizá sólo se trataba de su hora libre de almuerzo y uno de mal pensada...

Lo que me llama la atención es que a pesar de tener el agua hasta el cuello por el tránsito, el transporte público, las marchas (que en sí mismas denotan otras inconformidades), los pagos por servicios básicos, las condiciones laborales, el desempleo, la corrupción, la inseguridad y un largo etcétera, ¿de dónde sale la energía que se invierte en este tipo de imágenes y comentarios que te invitan a ver las dos caras de la moneda antes de tomar partido en las cosas que ocurren en este país? Por supuesto que lo mejor sería tener una postura que se sustente en información variada y documentada. Pero, ¿por qué pensar que basta una foto descontextualizada para poner en duda que la situación en este país no es como la estamos viviendo?

Ya en los ochenta, Rockdrigo González, decía en su introducción a Solares baldíos, lo mucho que le impresionaba la cantidad de desaparecidos que ya había en esa época.  Y lo más tremendo de la letra, es que refleja esa penumbra de la duda:

Fue a sacudir al tendero, al policía y al dolor/ pero de aquél paradero, sólo silencio encontró/ los días eran sospecha de algún enemigo con el odio a flor/ eran su vida solares, solares baldíos de amor.

Me  inquieta oír que Ayotzinapa ya es moda, como antes lo fueron las Muertas de Juárez, porque si pensamos que después de lo que ha pasado en nuestra historia contemporánea, todavía quedan peores cosas que ver, entonces, ¿cómo imaginarnos el futuro? Si la violencia y el atropello en casos aislados ya es cotidiano, ¿tenemos que acostumbrarnos a que se puede desaparecer de un borrón a una comunidad, una ciudad, un país, sin que haya consecuencias? ¿A qué cifra debemos llegar para que deje de parecernos normal? ¿Cuánto es demasiado? ¿Con cuánto es suficiente?

En la temporada del 7 de agosto al 6 de septiembre del año en curso, la Compañía Nacional de Teatro presentó Noche y niebla, de Jaime Chabaud en la Sala Héctor Mendoza. En el programa de mano, el dramaturgo agrega un escrito que transcribo:

Según palabras textuales de Hitler en su decreto Nacht und Nebel del 7 de diciembre de 1941, los opositores debían ser detenidos durante "la noche y la niebla" (eufemismo inspirado directamente de un canto de la ópera de Richard Wagner) y llevados clandestinamente a Alemania sin dar otra información que el hecho de su detención. Entre los fundamentos del Decreto se explica que: "El efecto de disuasión de estas medidas... radica en que: a) permite la desaparición de los acusados sin dejar rastro y b) que ninguna información puede ser difundida acerca de su paradero o destino". 
El texto reconstruido precisa que: "Una intimidación efectiva y duradera sólo se logra por penas de muerte o por medidas que mantengan a los familiares y a la población en la incertidumbre sobre la suerte del reo" y "por la misma razón, la entrega del cuerpo para su entierro en su lugar de origen, no es aconsejable, porque el lugar del entierro podrá ser utilizado para manifestaciones... A través de la diseminación de tal terror toda disposición de resistencia entre el pueblo, será eliminada".  

Un montaje en ratos denso y una propuesta escenográfica con base en montículos de tierra suelta que al estrellarse contra las paredes o el suelo, evocaban paladas que daban juego escénico a Teresa Rábago y Ana Isabel Esqueira, las dos actrices que contaron su propia historia de noche y niebla que bien se le puede situar -desgraciadamente-, en cualquier lugar de la República Mexicana.

Las causas (no creo que pueda haber razones) por las cuales existen desaparecidos pueden ser muy variadas (trata de blancas, tráfico de órganos, adopciones ilegales, políticas, etc.), y son un hecho lamentable. Pero me parece más lamentable aún, pensar en resumirlo en la sentencia del ellos se lo buscaron, sin buscar el quién los desapareció y el porqué. Porque entonces, ¿cómo saber en que momento tú mismo no  te lo has buscado? ¿Quién lo decide y bajo qué parámetros? Yo pienso que no todo es azar.


Imagen: CNT







9 de septiembre de 2015

Activación Física: una opción para envejecer saludablemente

Con base en información estadística de la Secretaría de Salud del Gobierno del Distrito Federal, hasta 2014 había 580 millones de personas con 60 años o más que representan el 10% de la población total mundial. El pronóstico es que para 2050 representarán el 22%,igualando la proporción de niños entre 0 y 14 años.Por ahora, México ocupa el séptimo lugar entre los países con envejecimiento acelerado ya que actualmente el 7% de la población tiene 60 años o más.

Partiendo de la premisa de que el envejecimiento no es una enfermedad sino una etapa del ciclo de vida del ser humano considero que la Activación Física puede ser una alternativa que garantice una mejor calidad de vida en esta etapa.

El envejecimiento implica la reducción de la capacidad funcional, disminución del rendimiento motor, la declinación de las funciones intelectuales de análisis, síntesis, razonamiento aritmético, ingenio e imaginación, percepción y memoria visual inmediata, el incremento del temor a lo desconocido, la posibilidad de aparición de depresión, regresión, sentimiento de impotencia e inseguridad; la Activación Física aminora sus efectos mediante la estimulación de las capacidades físicas que se han desarrollado a lo largo de otras etapas de la vida y que es factible conservar aunque en menor medida e intensidad, evitando su pérdida total.

La realización de actividad física no tiene porqué ser tortuosa o lesiva para la población adulta mayor, se puede promover la ejecución diaria de patrones básicos de movimiento mediante la incorporación de:

  • Una perspectiva lúdica y variada.
  • De manera colectiva a fin de promover la socialización.
  • Mantener y mejorar las habilidades y capacidades físicas coordinativas y condicionales mediante el uso de implementos de fácil manipulación.
  • Estimular las funciones intelectuales de los adultos mayores a través de una participación integral en el diseño y ejecución de la sesión.
  • Apuntalar y estimular una autoestima sana mediante el reconocimiento de los logros alcanzados en cada sesión en lo individual y el colectivo.
  • Contribuir a una mayor independencia general de los adultos mayores a fin de evitar situaciones de maltrato. 
  • Promover hábitos de autocuidado para el desarrollo de una salud integral.
Es importante mencionar que la Activación Física no suple la atención, tratamiento, prescripción y recomendaciones de los especialistas en geriatría y gerontología, menos aún tratándose de adultos mayores con enfermedades específicas o con alguna discapacidad.

Considero que la prevención es la mejor manera de abordar el tema de la salud de la población en general; incluso desde una perspectiva económica,prevenir resulta más rentable que la cura de enfermedades. La promoción para la creación de una cultura del movimiento como medida de prevención y combate de la obesidad y sobrepeso, bien puede hacerse extensiva a la población adulta mayor. 

La propuesta de promover, fomentar e incorporar la Activación Física de los adultos mayores bien podría encuadrar como un eje de atención de esta población y contribuir al diseño de una política pública de atención integral a los adultos mayores; segmento poblacional que cada vez cobra mayor relevancia en la estructura demográfica del país. 

Además, recordemos que en la Ciudad de México se implementó por primera vez (aunque después se hizo extensivo a todo el país), la pensión para adultos mayores como un reconocimiento y un acto de justicia hacia una población que históricamente había sido ignorada en el diseño de políticas públicas.


En suma, promover la Activación Física en la etapa de envejecimiento, contribuye a la modificación de una situación adversa que ubica a esta población en una posición de desventaja, vulnerabilidad y abandono tanto en su entorno familiar como en un entorno social más amplio. Considero que el margen de independencia económica que les ofrece la pensión otorgada por el Estado, una mayor capacidad motriz y una autoestima sana pueden ayudar a construir un envejecimiento saludable.





8 de septiembre de 2015

¿Evaluación para qué?


A Pita, la maestra. Con cariño del bueno.

Observo con preocupación, pero sobre todo con tristeza cómo el tema de la evaluación a los docentes ha logrado que aflore lo peor del ser humano. He visto en los noticieros - aunque ya antes me lo había comentado una maestra -, la intimidación que ejercen los detractores de la evaluación fotografiando a los maestros que acuden a realizar su registro para presentarla y luego son exhibidos en redes sociales. O como a una aspirante a una plaza en la docencia le cortaron el cabello por el mismo motivo. Ahora ya no es suficiente la toma de edificios públicos y la destrucción de mobiliario e instalaciones, ahora se agrede física y moralmente a otros seres humanos.

Desde que inició el proceso de la denominada “Reforma Educativa” he escuchado en los noticieros de la televisión a los empresarios de México Primero, exigir su aplicación exponiendo las bondades de una evaluación a los docentes en funciones para elevar la productividad y alcanzar el desarrollo; a los conductores de esos noticieros, vomitar calificativos para desacreditar a quienes se oponen a ella; a servidores públicos dar discursos amenazantes acerca de la verdad que les asiste para aplicarla “en nombre de la ley”.

Lo que no he observado, es un debate serio con sustento teórico acerca del objetivo pedagógico de la aplicación de una evaluación o la pertinencia de la evaluación como único mecanismo para alcanzar dicho objetivo y si fuera el caso, los diferentes tipos de modelo de evaluación que existen y cuál sería el adecuado, para el caso específico de México, con base en un diagnóstico del estado que guarda la educación en nuestro país.

En esta batalla campal la gran ausente es la Educación, no sólo porque no se argumenta en torno a ella en su lenguaje que es el de la pedagogía, (entendiendo que la Educación tiene una dimensión social, política, económica y filosófica), sino porque la Educación está ausente hasta en su acepción más simple que alude al respeto por el otro. Es decir: no se puede hablar de Educación si no es sobre la base del respeto por las ideas de los demás.    

Antes de tomar partido por evaluación sí o evaluación no, sería importante echar un vistazo al documento “Análisis y perspectiva de la Reforma Educativa” que constituye la memoria de los foros regionales y nacional (celebrados entre mayo y junio de 2013 en los estados de Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Sonora, Baja California Sur, Distrito Federal, San Luis Potosí, Veracruz, Puebla y Estado de México), resultado del acuerdo entre la CNTE y la Secretaria de Gobernación, que no obstante ser un mecanismo más acertado que la mutua descalificación y la agresión física y verbal, no tuvo la difusión necesaria para abrir un debate sobre la educación que queremos y merecemos los mexicanos.              

Si realmente nos importa la Educación Pública que se imparte en el país, es importante tener presente que esta no se agota en la aplicación de una evaluación, que sólo sirve como filtro para decantar a los “malos  maestros” y abrir la puerta a excelentes profesionistas en otras áreas del conocimiento, pero que quizá no tienen el perfil para la docencia.


Sería bueno orientar los esfuerzos a la reestructuración del sistema de normales, para ampliar y actualizar sus planes de estudio y garantizar que los maestros tengan una formación acorde a la educación que se pretende impartir y no abonar a las expresiones de violencia y descalificación entre promotores y detractores de la evaluación a los docentes. Cedamos el paso a la razón.                    

7 de septiembre de 2015

Entre enanos, tigres y otros bichos

El texto Barritar es de elefantes de Camila Villegas, sirve de base al montaje Entre enanos, tigres y otros bichos de ODUR Teatro. El resultado es una propuesta de dirección interesante. 

Casi podría ser un espectáculo tradicional para niños por la inocencia con que se plantea el universo de los personajes en un inicio, pero hay un segundo plano de marcada violencia que permanece constante durante todo el montaje, que sin ser explícita, deja entrever una historia muy turbia dentro de ese pequeño circo. Al ser sutilmente dosificada y sólo de manera verbal, esta violencia intramuros creo que puede pasar desapercibida, con toda su crudeza, para los más pequeños, pero no así para los más grandes ni para los adultos. Por supuesto, no pienso que se deba dar historias rosas a los niños. De hecho, el montaje no tiene moraleja incluida, sino que deja abierto el desenlace para una libre interpretación de los sucesos.

Para el adulto, hay varias sacudidas. La primera, es reconocer que el lenguaje corporal para demostrar afecto a otra persona, al parecer, ha quedado circunscrita a ciertos lazos como el noviazgo y el amor filial. Para los niños de la obra, es todo un acontecimiento el abrazarse y pronto será mal vista esta sencilla acción. La mirada del adulto encuentra cosas censurables que los ojos de un niño no percibe y así se lo transmite a los más jóvenes. Los lazos fraternos sólo se conciben si existe la misma sangre, pero parece que es imposible si no los hay y más aún si se trata de amigos de sexos opuestos, como en la obra.  

Me llamó la atención, el otro día en el metro, una madre muy joven lidiar con una niña como de año y medio, muy enojada porque no entendía por qué la madre se empeñaba en cerrarle las piernas y bajarle el vestido. No había una explicación por parte de la madre, así que para la niña, la indicación era sólo una imposición y la molestia se le notaba en la cara. En mi fiesta de cumpleaños número quince, mi tía puso el grito en el cielo porque dormí en la misma colchoneta con mis tres primos hermanos, compañeros de infancia. Esa noche, mientras los adultos bailaban y bebían, nosotros estuvimos en una camioneta rememorando nuestras andanzas de los primeros años: lodo, lluvias, las lianas en el río, las corretizas, los ayunos y las Barritas de piña compartidas durante las vacaciones en el pueblo. Fue la última noche que convivimos los cuatro. Al entrar al bachillerato, la vida nos llevó por distintos caminos. Sin embargo, yo guardé el comentario de mi tía con un sabor agrio en mi memoria: estaba hablando de dos de sus hijos y por supuesto, también de mí. ¿En qué momento de la vida de adultos, se nos retuercen los pensamientos?

La segunda, es la lectura que se le puede dar al hecho de que los personajes infantiles no crecen, permanecen como niños dentro del circo.  Al parecer, sólo el dueño del circo envejece, aunque no se dice a qué velocidad. La vejez del personaje supondría la futura liberación de los personajes niños, a la muerte del tirano, pero entonces no habría obra o sería otra distinta. Lo cierto es que aquí, el miedo tiene atados a los personajes y el ambiente violento que se vive en el circo, no les permite desarrollarse como personas. Y eso mismo aplica dentro y fuera del escenario para cualquier persona o sociedad

Y lo tercero, es un recurso del teatro griego: uno no ve en escena lo más terrible del drama, lo que permite que cada espectador pueda recrearlo a partir de los elementos que se dan en la puesta en escena y su imaginación. Hubo una vez, alguien que dio la cara por sus compañeros y lo que pasó con él... es un espacio en blanco para ser llenado por el público.  Y de nuevo aparece la metáfora: la fuerza y la solidaridad viene de quien, aparentemente,  más desventajas tiene, el menos poderoso.

Hay un cierre fuerte y emotivo que puede ser tan claro o tan oscuro como el corazón que lo mire se lo pueda imaginar. 

Última función este domingo 13 de septiembre. Foro Contigo América. 18:00 hrs.



11 de agosto de 2015

El temblor del venado

En una emisión del programa  Escucha tu Cuerpo, de  Radio Educación, la especialista decía que algo que ha perdido el ser humano, es ese acto reflejo que conserva el resto de animales después de un fuerte estado de estrés: temblar. Así, un venado después de sobrevivir al ataque de su depredador, deja que su cuerpo se sacuda hasta que la química de su cuerpo se estabiliza.

Eso mismo sentí después de despejar un diagnóstico de cáncer. Me llamaron por separado en un pasillo anexo a la sala de espera y yo estaba tranquila, pero alerta. Dos médicas muy jóvenes me dieron el resultado de la reciente operación. Una parte de mí  capturaba la información que me daban y la otra, los pormenores; como si tuviera yo una cámara integrada. Registré nervios, cansancio o cierta inexperiencia al hablar conmigo. Pienso que la parte de la comunicación empática con el paciente y sus familiares, es algo que no debe ser fácil en los primeros años de cualquier médico.

-Es usted ...?
- No, yo soy...
- (Sonrisa) Sí, claro: ella es la paciente y ud. su familiar...

Me dirigí a la terraza dando tiempo a mi cerebro para que asimilara la buena nueva, cuando tuve una sacudida en el pecho y mi voz se quebró. Daba las gracias en voz alta cuando me percaté de que había más gente alrededor, me cohibí y bajé el volumen. Pero sollozaba. Lo hice consciente y lo frené: no podía alarmar a mi familia con mi llanto. Empecé a mandar mensajes a diestra y siniestra. Hablé por teléfono y luego me dispuse a hablar en persona con mis padres. Hasta entonces me di cuenta de que mi tranquilidad de adulta ocultó todo ese tiempo mi tensión de hermana menor hasta que, sin pedir permiso, se soltó mi venado interior. Y temblé. Una de mis yo, se daba cuenta del peso que se me quitó de encima. De nuevo la adulta tomó el control y caminé con mi mejor sonrisa por los pasillos. Me sentía contenta y ligera otra vez. Y de nuevo me cohibí. ¡Qué difícil mostrar lo que sientes en un lugar así! Sin saber lo que tu risa o tu llanto puede provocar en los otros. 

Estar en el Instituto de Cancerología es como estar en un pueblo: la gente te saluda cuando entra a los elevadores o en los pasillos, si te reconocen; te hacen plática si te ven desocupado, te desean buena suerte o te orientan antes de que les preguntes. La solidaridad se ha arraigado sobre todo en la gente que lleva más tiempo en sus instalaciones. Entre consultas y trámites se puede recorrer todo el hospital varias veces en un mismo día, lo que propicia la identificación de unos pacientes y otros. Me llama la atención el gran parecido que existe entre los pacientes y sus familiares; hay gente de todas las edades y condiciones; personas muy enteras y otras muy abatidas física y/o anímicamente. 

Pero en los pasillos o las salas de espera también te puedes encontrar a la gente del voluntariado dando alimento para  el alma o para el  cuerpo. Y la gente se ve reconfortada. Un chascarrillo, un dulce, una canción, una bendición, es bien recibida. Y también se ven cosas que te arañan el corazón. O cosas inusuales. En una de las salas de espera, un día vi pasar un preso,  escoltado al baño por tres policías con una minimetralleta y pistolas, iba encadenado de las esposas hasta los grilletes en sus pies. Y el día del padre, mariachis para festejar a todos los varones del hospital.

En los años que estuve en el Coro de Filosofía y letras, era de rigor ir a en diciembre al INER a cantar a los pasillos y en algunas áreas, a las habitaciones del hospital. Desde ese lado, uno se siente contento por la sorpresa o incluso, la alegría que provocan nuestras presencias; de este lado, mi corazón se encogió de imaginar que había alguien más que sin conocernos, pensó en los que ahí estábamos en ese momento.  Me conmovió el regalo de una persona desconocida. 

El director del coro proviene de una familia de médicos y él mismo lo es. Quizá por eso le era natural el moverse en ese medio y generosamente, nos convidaba de él. Y de verdad impacta ver a gente de tu edad o más joven en medio de tubos y aparatos cuando tú estás en una actividad con fines recreativos. Te pone los pies sobre la tierra de nuevo. La primera vez que me tocó entrar a una de las salas aisladas, se me quebró la voz y en automático se encendió mi voz interior para explicarle a la otra yo que lloraba, que la tarea consistía en compartir eso que en otro contexto es festivo y acercarlo hasta los pacientes; que no les aportas nada con tu dolor, pero sí con tu energía. Y a cantar  de nuevo, con más ganas...

Aunque alcancé a lazar a mi venado interior, por un momento pude constatar el bienestar de mi persona cuando pude liberar la tensión contenida. Ojalá los años y las vivencias me enseñen a discernir cuándo darle espacio y libertad a ese sentimentalismo mío. Ahora puedo ver que en ese momento se trataba de un acto de consideración para conmigo misma darme ese tiempo de libre desahogo para reconfortarme mejor.  Habrá que aprender a reconocer y abrigar el temblor del venado.

27 de julio de 2015

La cura del corazón: HGG

Epílogo

Después de un par de semanas -ya en casa- empecé a ver documentales sobre diversos temas. Brincaba de un tema a otro hasta que fui a parar a un canal que tenía programas de televisión que abordaban varios problemas desde una perspectiva de género.

En uno de estos programas, hablaban de la importancia del profesionalismo y la ética de las instituciones de salud en España. Se decía que si el dar a luz podía ser una experiencia maravillosa, también podía convertirse en un evento traumático para la madre, si enfermeras y/o médicos la intimidaban o le daban un trato denigrante. De ahí la importancia de la vocación y del trato de mutuo  respeto entre pacientes y personal de un hospital. 

Mi estancia en el Hospital Gustavo Guerrero, el "hospitalito" como le conocen en la zona, no sólo me cobijó con profesionalismo, sino también con calidez. Constantemente había enfermeras revisando signos vitales; todo el personal médico se presentaban por su nombre y me llamaban por el mío; bromeaban entre ellos y conmigo mientras me explicaban lo que hacían con los aparatos o los medicamentos, lo que siempre sirvió para aligerar el ambiente. 

Guardo una grata sensación, en general, de mi estancia en este hospital. Desde luego, al tratarse de una institución fundada por una orden religiosa, sí hay un sesgo en esta línea de parte de algunos miembros del personal, así como de la información que se expone en sus espacios informativos.

En una ocasión, mientras esperaba mi turno para la consulta, vi La historia de Juanito en el periódico mural: una historia gráfica (por momentos, demasiado gráfica) en contra del aborto. Me pareció una cosa muy agresiva tanto por el contenido, como por lo explícito de algunas imágenes. 

Salvo por este tipo de  detalles de orden ideológico, en realidad, puedo decir que conforme fui superando mi miedo y las dudas, quedé  muy agradecida con el trato recibido por el personal del hospital. Médicos, enfermeras, enfermeros, anestesista, personal de limpieza y administrativos, mostraron muy buena disposición, profesionalismo y calidez humana, al llevar a cabo sus tareas.

Esto le da un giro a lo que se dice del servicio de salud pública y en este caso específico, al de beneficiencia. Los costos son accesibles y se ven bien empleados en pro del servicio que se le da al paciente. Años atrás, las habitaciones eran comunitarias. Ahora cada paciente cuenta con un cuarto con baño propio y una literita para el familiar de guardia; los alimentos tienen buen sabor (dentro de las restricciones propias de la dieta); tienen sus propios laboratorios y hay más especialidades en servicio y por lo que respecta al servicio de hospitalización, puedo decir que la mayoría del personal trabajan con un gran sentido humanitario. Coincido con quienes dicen que si el corazón se siente bien, la recuperación del cuerpo es más llevadera. 

Y yo encontré en el Hospitalito, un lugar que apapachó mi corazón temeroso. Temeroso de los procedimientos desconocidos; de las viejas y conocidas creencias; de los prejuicios. Ha pasado más de un año desde mi operación y he tenido tiempo y ánimo para pensar en todo lo que implicó entonces y ahora ese suceso. Es importante estar atento a lo que el cuerpo y el alma dicen. 

Creo que pocas cosas quedan por decir respecto a este ciclo de recuperación física y anímica; es momento de cerrarlo. Así lo indica el último proyecto que he dado a luz. Crear requiere energía y he reunido la suficiente para mantener encendido el piloto automático para seguir adelante. Lo que viene, es parte de otro ciclo y habrá que abordarlo desde otro contexto. Me toca poner la cara ante el porvenir con todo lo que soy.

8 de julio de 2015

La herencia del abuelo sacatón

Cuando a mi abuelo le dijeron que lo tenían que operar de la próstata, dijo que iba al pueblo a ver a sus animales  y una vez que dejara todo en orden, regresaría a la ciudad. Pero no regresó. Mi hermano, que siempre fue muy cercano a él, sustituyó el formal PapaTaquio por el sobrenombre de Abuelito sacatón.

Pues bien, he dicho antes que soy una miedosa consumada. Y específicamente, el miedo al dolor físico es una de las cosas que más pueden paralizarme. El día que me presenté en el hospital para que me quitaran las puntadas, pasé un verdadero momento de terror. Mientras tocaba la ventanilla para entregar mi ficha, el corazón me latía a mil por hora; me sudaban las manos, salivaba y por dentro yo quería que algo pasara para que no me pudieran atender.

La mujer que abrió la ventanilla era, sin mentir, el vivo retrato de Pam Ferris en Matilda. Una mujerona imponente vestida de blanco. Recogió mi ticket y me dijo que esperara. Yo rogaba que no fuera ella quien me quitara las puntadas y cuando casi pensé que la había librado, la enfermera en jefe le dio la instrucción de que procediera sobre mi humanidad.

Cuando la enfermera vio mi herida, consultó con su jefa y, efectivamente: la cicatriz aún estaba fresca y no se debían retirar los puntos. Salvada por la campana. Para la siguiente semana me volví a presentar y esta vez fue la jefa de curaciones quien me retiró los puntos en un dos por tres y sin dolor, apenas un tirón.

Si bien el miedo -en ocasiones- te hace más prudente, también es cierto que puede jugar en contra. Sobre todo cuando no es un miedo real sino sólo una anticipación de algo que puede -como en este caso- no ocurrir. La mente es poderosa. En todo caso, echémosle la culpa al abuelo y a sus genes del miedo.

23 de junio de 2015

Yo nahual o de cómo llegue al psicoanalista

Como alebrije
mi cuerpo contiene otros cuerpos.
Yo no amanecí escarabajo,
pero siendo humano
gruñí mientras roía un hueso...

Saldando una cuenta pendiente, fui a las migas de la Morelos. Nunca había probado ese peculiar platillo de la gastronomía mexicana. Aunque su origen es más bien español, las migas mexicanas tienen su propio sazón y las de la colonia Morelos tienen además, toda una tradición.

-¿Plato chico o plato grande?, ¿Con hueso?

Dicen que la primera impresión, jamás se olvida: ese plato lleno de caldo rojo con espuma blanca (que no era otra cosa que pan) con un enorme hueso, nunca-nunca lo he de olvidar. No hubo tiempo para la foto del recuerdo, pero yo sé que mi cara (tan delatora) dijo todo lo que nunca podré decir con palabras. Mi encuentro con las migas fue un evento casi traumático.

A lo hecho, pecho. Dos limones y una pizca de orégano después... 

Si la vista era horrible, la sensación bofa del pan remojado fue todavía peor. Cucharada de pan, cucharada de caldo y un sorbo de jugo (delicioso) de toronja. Cuando finalmente terminé con los restos de pan, el caldo solo era llevadero. Y ya pasado el susto, empecé a despellejar mi enorme hueso de res. Conforme le fui quitando los tendones, la cosa iba mejorando. Seguí con el tuétano y sin darme cuenta, al calor de la plática, ya le tenía aprecio a mi hueso. Y mientras lo chupaba y succionaba, le daba vueltas buscando alguna gomita que se me hubiera escondido en algún recoveco. Poco me faltó para gruñirle a los nuevos comensales que se unían a la mesa y ante quienes sentía amenazada la posesión de mi amado hueso. ¿Cuándo me convertí en un celoso can? No podría decirlo. Aunque ya había dado muestras de celos desde mi tierna infancia... Pero de lo otro, nada

Debo agregar a mi favor que el ambiente sirvió para relajarme y entrar en confianza: mujeres de la tercera edad con su bolsa de mandado rumbo al  tianguis que de pasada iban por sus migas. "Sin hueso, porque eso es bien tardado"; pacientes o familiares del Hospitalito; parejas y vecinos de la colonia le roban un ratito al día para echarse su plato de migas. Todos alrededor de un tablón, compartiendo los sagrados alimentos a la par de una charla al aire como si fuéramos de una misma familia.

Y también un cafecito, ¿por qué no? 

En ese momento también yo era de la Morelos aunque viva en las montañas del oriente de la ciudad. El mundo unido por un plato de migas. Cuando me retiraron el plato, no tuve más remedio que sustituir el hueso por un palillo de madera. Mi nahual no me abandonaba todavía.

-¿Otro platito? 
-No, muchas gracias, mejor una tostada...

Por mi parte, ¡Viva Centéotl, dios del maíz! En la esquina de Herreros, a dos cuadras del metro Morelos pueden buscar su plato de migas. Quién quita y no necesitan psicoanalista y hasta descubren el nahual que llevan dentro. 

18 de junio de 2015

Cerezos en flor

Si puedo evitar los dramas, los evito. Al menos en el cine. Llegué a ella por casualidad y una vez iniciada, me atraparon sus imágenes: una provincia en Alemania muy pintoresca, y después, una historia que avanza entre la risa y las lágrimas. Se trata de Cerezos en flor escrita y dirigida por Doris Dorrën (2008). La anécdota de la película trata acerca de un matrimonio maduro, al final de sus días; lo que sembraron en el camino y lo que  dejaron pendiente. Un cierre de ciclo. Un drama con pizcas de humor y una hermosa fotografía.
Lo primero que veo es la vieja y conocida historia de una mujer que deja de lado su esencia por centrarse en el aspecto esposa-madre. Su deseo más grande era practicar  danza Butoh y algún día aprenderla en Japón. Las circunstancias se lo impiden. "...estamos juntos y eso es la felicidad", dice Rudi para consolar a su esposa. 
                                                    Imagen de Cerezos en flor

Eso nos lleva al segundo asunto: la pareja: ¿cuándo y cuánto ceder para conservar una relación? Podríamos quedarnos con la primera impresión de la mujer abnegada cuya vida gira entorno del marido, pero también nos dan datos, en medio de los diálogos, que nos indican que Trudi es quien decide por Rudi.  Aunque sólo sea en las pequeñas cosas cotidianas, ella tiene un espacio en el que ejerce el poder. En su casa, él juega el rol de proveedor, pero es la madre quien tiene el vínculo con los hijos. Y más tarde eso se pondrá de manifiesto.

Lo cual, nos lleva al tercero y escabroso tema de la familia: el ojito derecho y los hijos de la cloaca. Entre el hijo casado, con sus propias particularidades en su nuevo núcleo familiar; la hija lesbiana, rebelde y en guardia todo el tiempo y el hijo consentido que oculta su alcoholismo tras muchos miles de kilómetros de distancia, la relación con los padres cuelga de un hilo cuando se trata de hacerse cargo de ellos por unos días. Lo cual es muy triste y crudo porque es cierto: al final, resulta más empática Emma, la pareja de la hija, con Trudi y Rudi que sus propios hijos.

El único vínculo afectivo de Rudi (además del que tiene con su mujer), es el que desarrolla por Yu, una chica indigente que le enseña de qué va el practicar danza Butoh. El personaje de Yu es también una especie de metáfora: carga con lo necesario en una maleta con llantas a donde va.  Su danza es la forma de mantener el contacto con su madre muerta y la practica con disciplina en un parque público. Eso sí: muy bien ataviada, dentro de un espacio delimitado y con utilería como si fuera a ejecutar para un público cautivo. La danza forma parte de su ser. Es una necesidad creativa natural.

Aunque no gusto de la estética grotesca de la danza Butoh, sí me parece que guarda un valor especial como manifestación  abstracta del cuerpo que exterioriza el sentir humano sin poses, desde lo más oscuro del ser.  Una estética  diferente a lo bello y lo armónico que enarbola el arte occidental y que responde a un contexto específico, pero que, por otra parte, sigue satisfaciendo las necesidades expresivas de sus ejecutantes y cierto público.

Doris Dorrën también dirigió Iluminación garantizada y La peluquera, dos filmes que disfruté mucho y apenas ahora me entero del dato. Me gustan sus historias y el humor que utiliza para contarlas. Otro dato completamente irrelevante, pero que no puedo omitir, es que compartimos fecha de cumpleaños y eso también me late. 


16 de junio de 2015

El gancho de la Bella durmiente

Como parte de los festejos del Día Internacional de la Danza, se ofrecieron varias funciones de la temporada 93 del Taller Coreográfico de la UNAM. El cartel anunciaba el estreno mundial de La Bella Durmiente.  Llegué 10 minutos antes de la hora y casi me infarto porque la taquilla ya estaba cerrada. Me acerqué a hablar con el vigilante para ver si había posibilidad de colarme. Y después de poner ojos de gato de Shrek, me dio un boleto y me señaló la puerta de acceso. A la sala le quedaban algunos lugares en la parte trasera y el segundo piso se fue ocupando en medio de las llamadas. Es decir, en la puerta estaba un guardia pro-cultura, de los pocos que no les importa hacerse de la vista gorda con tal de que se aproveche el espectáculo. Yo me instalé en la cuarta fila y como no me dieron programa de mano, tuve que pedir prestado el de mi vecino de asiento. Así me enteré de la historia detrás de La bella durmiente de Gloria Contreras
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Si algo distingue la línea de trabajo de Gloria Contreras, es que se aleja del repertorio clásico romántico. ¿Cómo se coló La bella durmiente en su repertorio? Esta coreografía nace después de conocer la historia del doctor Ricardo Hann quien atendió el riesgoso parto de su esposa, salvando ambas vidas.  Y al despertar, un beso de amor selló la historia del doctor con su esposa. Cita Gregorio Luke a Gloria Contreras:"... ésa era La bella durmiente que yo quería hacer, una bella durmiente salvada por la ciencia no por la magia, donde el beso es el resultado, no la causa del despertar."  

Me convenció su motivación: en el cuento, Aurora es un personaje pasivo y el príncipe Felipe es quien tiene toda la responsabilidad de reanimar a su amada (si acaso se puede amar a alguien que no conoces). En la historia que inspiró a la coreógrafa, se trata de un amor consolidado que se abre paso entre la muerte para recibir una nueva vida. La coreografía duró 15 minutos con 34 segundos y a grandes rasgos, se apega a la anécdota del cuento tradicional. Lo que me pareció más importante de este asunto, es el mecanismo por medio del cual, el instinto creativo se activa: basta encontrar el punto exacto de realidad que te lleve a la sublimación de la misma. No es cosa fácil, pero en eso estriba la labor del artista.

Dos coreografías más conformaron el programa: Escarabajo (de sólo 8´18'') y el plato fuerte: El abandono con música del músico oaxaqueño Leonardo Velázquez  y la poesía del chiapaneco Roberto López Moreno. Me pareció que en realidad, La bella durmiente, fue el gancho promocional del programa.

Por último, y como chisme al pie, reconocí a un compañero del CCH entre los bailarines: Ricardo Herrera. En esos tiempos, él entraba a la clase de danza contemporánea que se daba en el TACO y helo aquí ahora: bailando con el Taller Coreográfico de la UNAM. No cabe duda que el antiguo sistema del CCH te dejaba abiertas las opciones para ocupar tu tiempo en desarrollar aficiones o incluso, vocaciones.

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9 de junio de 2015

The words o Si me das a elegir

Me encontré esta película con Bradley Cooper y Dennis Quaid y Jeremy Irons: The words (2012). Según la crítica, se trata de un "drama romántico". La anécdota: un escritor conoce a una atractiva joven que lo enfrenta a su realidad de hombre insatisfecho a pesar del éxito público, la noche en que presenta su último libro. La película se enriquece con la historia de los personajes de dicha novela y con una tercera trama que nos regresa a la historia principal. 

La novela trata sobre un joven escritor al que se presenta un conflicto ético: asumir que no es un buen escritor y  abandonar su incipiente carrera o plagiar un escrito que no es suyo. Lo que lo llevaría a tener que  simular ante todos y para siempre, lo que en esencia, no es.

Y la tercera trama, es una historia que empieza en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de un soldado estadounidense que se enamora de una mesera francesa y deciden hacer su vida juntos. Sin embargo, tiempo después se separan, motivo de inspiración para escribir una gran novela. Gracias a ésta, ocurren dos cosas: se reconcilian sólo para volver a separarse. Esta vez, de manera definitiva. 

Lo que más me gustó fue el ritmo con que el director Lee Sternthald enlaza las tres historias y aunque puedes predecir lo que se viene, las acciones se suceden una tras otra sin tregua, manteniendo la tensión durante -prácticamente- toda la película. De hecho, los momentos de paz para los personajes, sólo son la antesala de un nuevo problema.
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Al principio me saltó el asunto del género, porque me quedé con el asunto ético del plagio, como tema central. Sin embargo, en  las tres historias, los protagonistas deciden quedarse con las letras y no con sus mujeres, (a diferencia de la rolita de Manu Chao, que uso de título). Pareciera que el  guionista trabaja bajo la premisa "más amor a la novela que a la mujer que la inspiró"; mientras el director anuncia con bombos y platillos "todo el tiempo tomas decisiones, el problema es aprender a vivir con ellas". En realidad, ambas aplican: dejar de lado el amor, es una decisión. Y se tiene que asumir lo que eso implica.

Hay otros dos momentos en la película que me gustaron: el momento en que el escritor (personaje de la novela)  tiene la claridad suficiente para aceptar que nunca escribirá algo como lo que acaba de leer y que lo conmovió hasta las entrañas. Reconozco la sensación. La última vez que me sucedió, fue hace un año, con Cien años de soledad. Me sacudió por dentro y me dejó la impresión de que la cosa no se termina en ese primer encuentro. Tenemos pendiente otra cita. Muchas otras.

El segundo momento, es un detalle apenas: la esposa del soldado estadounidense, se conmueve tanto con la novela, que regresa con su marido. Y es tal la excitación del reencuentro, que pierde el manuscrito. Olvido que le cuesta la separación. El soldado da por hecho que ella no leyó la novela y ella no alcanza a entender el valor (en cuanto a creación) de lo que perdió; ella no entiende por qué si ya están juntos, no pueden vivir la realidad del momento y se tiene que armar alboroto por una cosa que es ficción, palabras.

Es interesante la postura de los personajes femeninos: la francesa no entiende la esencia del esposo; ambos pierden algo que contiene parte de ellos mismos. Y ninguno de los dos pueden dimensionar el tamaño de la pérdida del otro. Eso los separa. Por otra parte, la mujer del escritor pirata, en un principio lo admira y lo apoya. Incluso, pretende pasar por alto el plagio haciéndolo pasar por "un error humano". ¿Pero cómo convives con la fama de alguien si sabes que no le pertenecen? Hay una división entre el personaje público y el humano, una doble vida que deben llevar. Eso la convierte en una farsante también. Las cosas están dadas para que esas historias de amor no puedan prosperar. Hay un punto de quiebre que no es posible enmendar.

Y viéndola así, tenemos que The words, bien puede ser un drama romántico... cuyo error trágico (valga la comparación), empieza con un problema ético.
   
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6 de junio de 2015

Watchala: Zoot suit

Homicidio calificado fue una de las primeras obras de teatro que vi en mi adolescencia, allá por el año 94. Guardo algunas imágenes e impresiones de esa puesta en escena: el vestuario setentero, un Diego Luna ligeramente rollizo y, a pesar de ser un tema interesante, la sensación general de un montaje muy denso. (Por cierto, también la vi en en el Centro Cultural del Bosque, con la Compañía Nacional de Teatro.) Un montaje en tono beige en todos los aspectos: nunca alcanzó un clímax. En el prólogo a Homicidio calificado de la edición de EMU, se dice que la intención de Rascón Banda era capturar la esencia del teatro documental y efectivamente, se queda en la exposición de un caso de injusticia y discriminación enfocado en el caso Santos Rodríguez, un niño chicano asesinado por un policía tejano.  El prólogo, escrito por Armando Partida Tayzan, hace referencia a Zoot Suit, la obra de Luis Valdez. Yo también las relacioné, pero en polos opuestos.

Aunque en cartelera se promocionaba como un musical, lo cierto es que el texto de Luis Valdez no sacrifica el tema en beneficio del espectáculo, antes bien, es una obra redondita con base en el caso Sleepy Lagoon, donde se implicó a jóvenes chicanos en un asesinato, en medio de un juicio lleno de irregularidades. Un buen texto, una buena dirección  (de Luis Valdez (2010) /con el remontaje de Octavio Michel, 2015) y un espectáculo vistoso lleno de música, baile y luces de neón contenidos en una escenografía en la que nada sobra ni está de más.

La dificultad de hacer teatro combativo, está en que a no toda la gente le gusta ver obras sobre temas sociales.  Y es que el riesgo de caer en un panfleto es muy grande. Lo único que lo puede salvar es la estética con la que se aborde el texto en equilibrio con el tratamiento del tema.  Y en este caso, Zoot Suit es un trabajo escénico muy  atractivo visual y musicalmente. El aspecto musical de la obra se vuelve la llave secreta para introducir al espectador en la esencia del ser pachuco. Con arreglos a los temas originales de Lalo Guerrero -otro chicano-, los actores sacan chispas en el escenario.

Me llamó la atención que buena parte del caló utilizado en la obra lo había escuchado desde niña en un contexto distinto, en el pueblo, con mi familia que regresaba de Estados Unidos. Con ligeras variaciones, los significados se mantienen vigentes y eso lo convirtió para mí, en una realidad mucho más cercana.

Zoot Suit plantea un caso específico de discriminación que sirve para explicar un fenómeno cultural, pero también un problema social y político, más amplio y aún vigente. Me agrada el tratamiento que se le da al personaje del Pachuco, que funciona las veces de narrador; otras como la voz interior del personaje principal o como analogía de Tezcatlipoca, "el espejo que humea", dios voluble que lo mismo regala bienes que dificultades.

Luis Valdez termina su historia con un final abierto, lo que permite al espectador elegir el que considere más a su gusto,  en un ejercicio de reflexión que se le deja de tarea  al espectador. Zoot Suit no puede pasar desapercibido por sus espectadores, es el claro ejemplo de lo que una obra didáctica bien montada puede lograr.


 La película lleva el mismo título y si no tuvieron la oportunidad de ver el montaje, es una buena opción  para ver la propuesta de Luis Valdez. Me quedo con la versión teatral y el gran trabajo de todo el equipo de Zoot Suit.

                    


Por si fuera de su interés, entrevista a Luis Valdez en la revista Proceso, 2010. http://www.proceso.com.mx/?p=105750

28 de mayo de 2015

Museo Memoria y mucha tolerancia

Hace  más de un mes, el Museo Memoria y Tolerancia sacó una convocatoria para renovar su equipo de guías de museo. A la convocatoria le caímos más de 900 personas, según la encargada de recursos humanos de dicho museo. 

Justo un día antes de que empezara el curso de capacitación, recibí (yo y seguramente el resto de postulantes) un mensaje informando que si me interesaba la plaza, aún estaba a tiempo de presentar las pruebas psicométricas vía internet por la módica cantidad de $299.50.00. El pago debía hacerse en una cuenta Transfer de Banamex a nombre de  Lic. Alma Mireya Ávila.

Rauda y veloz, me metí a la página del museo y no había ningún anuncio al respecto y las fechas de su proceso de selección se mantenían igual, de hecho, ya había descartado la posibilidad de que me llamaran. Llamadas y mensajes de intercambio de información con mi hermana -quien a diferencia mía, sí había pasado el primer filtro- llegamos al acuerdo de ir personalmente al museo para saber cuál era la situación.

Al otro día, por la mañana, llegué al museo y pregunté al guardia si ya había empezado el curso de capacitación. Me dijo que sí y que esperara a una persona que me daría informes. Se me acercó un hombre de mediana edad y me preguntó el asunto a tratar. Yo expliqué brevemente el tema del correo y de inmediato me dijo que el museo no era responsable y que ni siquiera se trataba de un correo institucional y que en un momento me llevaba con la persona a cargo.

Me pidió que esperara un par de minutos y después me dijo que lo siguiera a las oficinas. Subimos como dos o tres pisos por las escaleras, cada uno de ellos resguardado por una puerta que abría con su tarjeta electrónica personalizada. Más puertas y más pasillos hasta llegar a una oficina de la cual salió mi hermana con la jefa de recursos humanos. Eso me tranquilizó. Por un momento me entró la paranoia por cómo se dieron las cosas a la entrada: con sigilo y discreción. No quedó ningún registro de mi entrada al museo. Y aunque mi imaginación de serie policíaca chafa se disparó, lo cierto es que me pareció excesiva la seguridad de las instalaciones tratándose sólo de personal administrativo.

Finalmente pasé  con la licenciada Claudia Aguilar, expuse mi caso y su respuesta fue que les habían jaqueado la cuenta pero que ellos no tenían nada que ver y que ya se habían comunicado con el servidor para saber qué había pasado. No respondió por qué no se habían deslindado públicamente en su página de internet o de Facebook, ya que tampoco lo habían hecho vía correo electrónico. Con cierto fastidio, ella se comprometió a mantenernos informados (a todos los postulantes) sobre el curso de la investigación y a la fecha, por lo menos yo, no he vuelto a tener noticias sobre esta persona.


Me acompañó al pasillo y ahí le pidió a una mujer de intendencia que me acompañara a la salida. Al salir del elevador, ya en el sótano, no reconocí el lugar y me acerqué a los guardias de seguridad para buscar la salida y para mi sorpresa me empezó a interrogar: de dónde venía, si me había registrado al entrar, si no fue así, quién me dio el acceso; por dónde había entrado... Yo argumenté que en ningún momento me pidieron ningún registro y sólo quería salir de ahí. Después de hacerme abrir mi bolsa para revisarla, finalmente quitó la cadena y descorrió el cerrojo del portón.

Ya en avenida Juárez, encontré a mi hermana y al parecer, ella tampoco pudo evitar el absurdo interrogatorio. La diferencia radicó en que a ella se lo aplicaron a la entrada. Pasó al lobby sin registro porque no había personal en la puerta y cuando los vigilantes se percataron de su presencia, la abordaron en bola para que les explicara cómo había entrado y por qué estaba ahí. Aclarado el punto, el resto de la entrevista fue más o menos en los mismos términos.

Hasta ahí la anécdota. Me quedo con la mala impresión del rollo de la seguridad del museo; distante de toda tolerancia hacia el prójimo. Con la cuenta jaqueada mis datos personales quedaron expuestos ante quién sabe qué personas y lo peor es que el Museo lo manejó con un silencio que suena a complicidad  e incongruencia con lo que plantean en su Misión como institución. El talón de Aquiles de la tolerancia consiste en aplicarla a aquellos quienes estafan y lucran con las necesidades de un grupo desempleados. Cosa enojosa y triste.





6 de mayo de 2015

Afónica

Despertar en medio de un sueño recurrente de otro tiempo no es precisamente el estado ideal para empezar un nuevo día. 

En mi sueño, de nuevo la angustia de no saber cómo, cuándo ni por qué dejé de asistir a la clase de biología. Sé que pronto tendré que presentar el examen final, pero no tengo ni idea de lo que me van a preguntar. Un pasillo, compañeros. La angustia.

Se combinan las imágenes de una presentación de ballet o algo así. Despierto.

Cuando recién salí de la facultad, tenía ese sueño con cierta regularidad y constancia: yo reprobando biología y la preocupación de tener que pasar en algún momento la asignatura para continuar mis estudios. 

Mi llave para abrir la puerta del mundo onírico, se presenta cuando pienso que no llevo Biología en la carrera de teatro (¡!) y que para estar en la universidad, debí cursar todas las materias del bachillerato. 

Hoy pensé además, que no soy mala en Biología. Incluso, me gustaba en el CCH. Si se tratara de física o química, con toda seguridad, el sueño podría tornarse una verdadera pesadilla.

En esta última semana, he soñado y al despertar, recuerdo mis sueños. Es un alivio salir de este silencio digital, aunque sea por la mortificación de un mensaje cifrado.

Pienso que es momento de cerrar el ciclo de este blog, pero aún tengo algunos pendientes. Hasta entonces, estaré rondando por aquí.

31 de enero de 2015

Ay, mis hijos...

De pronto me vi en medio de una controversia como aquella, en Valladolid...

III

Cuando desperté,  aún estaba aletargada por la anestesia. Una mujer, celular en mano, entró a la habitación y me dijo algo que no entendí; me extendió una hoja de papel y dijo que la firmara. Pregunté qué era y sólo entonces volteó a mirarme para decir: "Soy el médico de guardia y es una carta donde le quitas la responsabilidad al hospital por la operación que te van a hacer...". Después regresó la vista a su celular mientras esperaba mi firma. La volví a leer y no entendí nada. Le pedí a mi hermana que la leyera y me corroboró la información. Firmé y me volví a dormir pensando en que ya había firmado un par de hojas similares.

Estuve todo el 1° de abril en el hospital luego de la fallida operación. Como la biopsia me la hicieron en el quirófano y con anestesia, tuve que quedarme esa noche en el hospital. A la mañana siguiente, salí para regresar tres días después a pasar por el mismo procedimiento de ayuno, registro y preparativos de rigor.

Mi madre estuvo tranquila en las dos ocasiones hasta el momento justo de entrar a quirófano. Se le humedecieron los ojos y se le quebró la voz al echarme la bendición. Qué bueno había sido para mí estar en su compañía. Tanto el día del ensayo (chiste local), como el día de la operación. Su fortaleza me hacía fuerte. Permaneció impasible aun cuando sin ningún tacto o pudor la enfermera me hizo preguntas personales delante de ella. Cuando lo pienso con calma, ahora la conservadora soy yo. Sin embargo, apelo a mi derecho al resguardo de mi intimidad.

El punto es que durante mi estancia en el hospital, entraron a verme varios médicos, enfermeras y hasta una monja. Los primeros, convocados por la particularidad de mi caso: "Ah, el mioma gigante", decían cuando leían el expediente; las segundas, porque eran muy profesionales y constantemente pasaban a revisar que todo estuviera en orden; y la monja (que por cierto tenía un rostro muy bello), para echarme porras.

En general, los médicos reparaban en el tamaño del mioma y el grado de anemia que tenía. Acto seguido, preguntaban mi edad y algunos, si tenía hijos.  Después, me animaban o me deseaban una rápida recuperación y se iban. Muy parecida fue la actitud de las enfermeras. Pero hubo una ginecóloga que me interrogó  en otro tono. O por lo menos, así me lo pareció.

Ya no recuerdo las palabras que usó, pero la actitud fue de cuestionar mi no maternidad y/o la ausencia de un marido. De inmediato me puse a la defensiva poniendo en duda  la relevancia de sus preguntas. Mala cosa. Nos dijimos un par de cosas más. Luego ella, con mayor prudencia -a pesar de todo-, se retiró del cuarto.

En medio de ese ambiente tenso pre y post-operatorio, yo había aguantado vara contestando con mayor o menor ánimo, pero tranquila. Pero conforme pasaba el número de gente, se empezó a meter la inseguridad: ¿Y si estaba equivocada?, ¿Qué tal si ellos tenían razón y un día me pesaba no haber sido madre?, ¿Por qué a todas les parecía lamentable que yo perdiera la matriz sin haberla usado?, ¿Por qué el celo para deslindar responsabilidades, si se supone que todo estaba en orden?

-"Dios sabe porqué hace las cosas..."

-"Si Dios quiere, a lo mejor sólo te quitan los miomas..."

Me animaron la monja y la jefa de enfermeras. Bajo presión y en medio de la duda, pensaba en la adopción como último recurso, por si me arrepentía. Hoy sé que no he cambiado mi forma de pensar: un niño debe ser, ante todo, deseado. La maternidad tiene que ver no sólo con lo biológico, sino con la crianza. Y para muestra, están las mujeres que se desentienden de sus hijos y/o las que sin tener una relación consanguínea, se comprometen con un parentesco adoptivo. Me asusta pensar en la maternidad como una inversión  a largo plazo para asegurar (si acaso eso fuera posible), una vejez acompañada.

Y la pregunta que queda para el ocio: si hubiera tenido un hijo(a), ¿Qué tanto se parecería a mí?  La idea me hace sonreír.