Releyendo las dos entradas anteriores, quizá deba enderezar el camino. O mejor dicho, puntualizar algunas cosas:
- El azul puede ser tomado como mi lado racional, no necesariamente masculino (porque entonces caeríamos en el error de decir que sólo piensa el sexo masculino).
- Y el rosa puede ser considerado mi lado "femenino" visto desde el lugar común de lo que es lo femenino.
- Cuando menciono la universidad como una situación que me desvió de mi ruta rosa, está ligado directamente con mi idea infantil de lo que era ser una "universitaria" estilo película de César Costa: falda con crinolina, blusa de cuello redondo y zapatos de piso o de tacón. De niña siempre imaginé que asistiría así a la escuela. ¡Ja! Qué lejos estaba de la realidad. La universidad siempre me gustó por todo lo que te ofrece de forma complementaria a lo académico. Pero para subir y bajar por el circuito universitario a pie hay que equiparse para la ocasión. Y entonces el glamour puede esperar. Y esperar... Por tiempo indefinido.
- La reconciliación de mi cuerpo y mi cerebro, se da antes de darme el espacio para entenderme como parte de un género. Reconozco que no tengo una pizca de coquetería y que no me había causado ruido hasta ahora.
- Eso también tiene que ver con mi consciencia del paso del tiempo. Sin fotos que registren ese cambio por mis diferentes estilos, la vida se encarga de ponerme en situaciones a las que me adapto y en el camino voy cambiando parte del equipo.
- El listado de cosas que se suponen "hace una mujer" (lo de los tacones, maquillaje, etc.), especifico que tiene que ver con un cierto tipo de mujer, que no hace menos "mujer" a aquellas que no tienen esas inclinaciones (o no las teníamos). Es quizá eso lo que me mueve a hablar de ello: el descubrir otra forma de portar el esqueleto por la vida.
- Mi incursión en el colorete tampoco es total ni definitivo. Como en los programas de las compus, estoy en "el mes de prueba".
