22 de febrero de 2016

La papa sin catsup

La visita del Papa dividió en por lo menos tres posturas a los mexicanos: a favor, en contra y los que se abstuvieron de opinar. Lo cierto es que esta visita, no pasó desapercibida para casi nadie en esta Ciudad de México. Ya sea por el cierre de calles, el tráfico o las coberturas especiales en radio y televisión, aunque sea de rebote, todos escuchamos o vimos algo referente al Papa Francisco.

Y no hubiera escrito nada  al respecto, si no fuera porque leyendo en el metro, encontré unas palabras de Fernando Savater que me regresaron al tema. En Política para Amador, se menciona -entre otras cosas-  que el hombre necesita creer que sus gobernantes u otras figuras de poder (padres, jefes, líderes, etc.) son mejores que el hombre común. De otra forma, ¿cómo obedecerlos? 

"No hay nada más humano que la pretensión de que aquellos a los que obedecemos son más que humanos o encarnan algo situado por encima de las pasiones y flaquezas humanas." Dice Fernando Savater.

Me llamó la atención la forma en que una locutora de Stereo Joya, abordó el exabrupto del Papa al final del  Encuentro de Jóvenes en la ciudad de Morelia. Mientras Mariano Osorio anteponía el clásico: "es humano", su compañera trataba (atropelladamente) de plantear que no se trataba de una equivocación, que no se trataba de un "errar es de humanos", sino que el enojo había tenido razón de ser y en ese contexto, enojarse era lo correcto. Porque de no haberse enojado, entonces sí "tendríamos de qué preocuparnos..." (palabras más, palabras menos). ¿Por qué? No le dejaron continuar su idea.

Sé que no es la mejor referencia la que cito, pero viajaba en un camión. Y eso que yo escuché con reserva, también lo escuchó por lo menos otras treinta personas, (sin contar a toda la audiencia con que  cuenta dicha estación). El Papa se enoja, luego entonces, enojarse es un acierto que lo vuelve más humano. Si humanizamos al Santo Padre, entonces, ¿qué le otorga la santidad si es igual al resto de la población?

Lo primero que pensé fue que en cualquiera de los dos casos expuestos por los locutores, el punto era justificar, la reacción del Papa. Ésa era la línea en los medios de comunicación: la disculpa del hecho. La noche anterior, al ver la noticias, lo que yo vi fue un hombre mayor, alterado. Pero la lectura de la locutora me puso a pensar que si el enojo es políticamente incorrecto, ¿la historia de la Madre Teresa de Calcuta sería la misma si alguna vez hubiera perdido los estribos públicamente? Si una mujer promedio que se enoja -públicamente o en privado-  es, por lo menos, una histérica, ¿aplicaría la justificación para la Madre de haberse dado el caso?

En mi pueblo hay un tremendo descontento porque el sacerdote asignado es un enojón porque empieza la misa a la hora en punto (esté quien esté) y porque no lleva una buena relación con el Coro (que por otra parte, era otra especie de mafia en el pueblo). Aquí el enojo, también es mal visto.  Uno podría pensar que siendo cura de pueblo, sería más fácil aceptarlo como humano dado su trato cotidiano con la comunidad. Pero no es así. ¿Cuándo y con quiénes el enojo es un acierto

Cerremos con Savater: "El Consejo de Ancianos siempre ha tenido peso de autoridad (...).  Pero la experiencia vital de los ancianos, su madurez, su sosiego ante los arrebatos y pasiones, siguió determinando que la gente confiase en su liderazgo".

... , una de las visitas más importantes del Papa Francisco en 2016
Enojado, con o sin razón, el Papa Francisco no mostró el temple para algo que desde un principio se sabía que podía ocurrir en un evento de tal magnitud. Y lo humano del asunto, como error o como acierto,  es lo que queda sobre la mesa. Si todo hubiera transcurrido sin este detalle,  quizá la visita del Papa hubiera sido como una papa sin captsup.




Política para Amador. Savater, Fernando. Ed. Ariel. Col. Ariel, #112. Págs. 61-65.

https://www.youtube.com/watch?v=WRmZ01ErqFY


Lo sagrado y lo profano


Inevitablemente la visita del Papa me ha dispuesto a escribir, no desde la perspectiva del análisis de la institución religiosa o de la política nacional e internacional porque hay muchos y buenos intelectuales para ello, pero tampoco voy a escribir desde la banalidad de las televisoras que transmitieron la visita como si fuera una edición de “Sabadazo” o “Venga la Alegría”.

Sin duda la visita del Papa Francisco propició lo sagrado y lo profano de este pueblo mexicano.

Lo sagrado manifestado en la necesidad de movilización de los mexicanos, los que por decisión salieron a la calle o acudieron a las concentraciones; los que no fueron convidados mediante un boleto; la verdadera periferia que se desplazó muchos o pocos kilómetros para escuchar lo que venía a decir una persona externa, porque ya no quiere escuchar a los propios -sean de izquierda o de derecha-, decir lo que de todas maneras ya sabíamos: las cosas en México están muy mal.

Lo sagrado manifestado en la jugada maestra de los indígenas chiapanecos haciendo partícipes a los asistentes mestizos de una misa en lenguas maternas, de su manera particular de comunión y recibir después la venia vaticana para ello. Recordé el cuento de Edmundo Valadés, La muerte tiene permiso donde solo faltó que algún indígena dijera “…pues muchas gracias por permitirnos celebrar misa en nuestras lenguas, pero como nadie nos hacía caso, desde hace varios siglos que lo hacemos así”.

Lo profano expresado en la desnudez que exhibió la clase política, la élite religiosa, los empresarios adscritos a una Cámara, los cantantes “estrellados del canal”, los convidados de las primeras filas.

Lo profano expresado en la ejecución de obra pública en tiempo récord y en lugares en los que, en otras circunstancias, jamás se verá reflejado el presupuesto público, con esos montos y con esa celeridad.

Tiene razón el Papa Francisco: México es un pueblo que sorprende. Para bien y para mal.