22 de febrero de 2016

Lo sagrado y lo profano


Inevitablemente la visita del Papa me ha dispuesto a escribir, no desde la perspectiva del análisis de la institución religiosa o de la política nacional e internacional porque hay muchos y buenos intelectuales para ello, pero tampoco voy a escribir desde la banalidad de las televisoras que transmitieron la visita como si fuera una edición de “Sabadazo” o “Venga la Alegría”.

Sin duda la visita del Papa Francisco propició lo sagrado y lo profano de este pueblo mexicano.

Lo sagrado manifestado en la necesidad de movilización de los mexicanos, los que por decisión salieron a la calle o acudieron a las concentraciones; los que no fueron convidados mediante un boleto; la verdadera periferia que se desplazó muchos o pocos kilómetros para escuchar lo que venía a decir una persona externa, porque ya no quiere escuchar a los propios -sean de izquierda o de derecha-, decir lo que de todas maneras ya sabíamos: las cosas en México están muy mal.

Lo sagrado manifestado en la jugada maestra de los indígenas chiapanecos haciendo partícipes a los asistentes mestizos de una misa en lenguas maternas, de su manera particular de comunión y recibir después la venia vaticana para ello. Recordé el cuento de Edmundo Valadés, La muerte tiene permiso donde solo faltó que algún indígena dijera “…pues muchas gracias por permitirnos celebrar misa en nuestras lenguas, pero como nadie nos hacía caso, desde hace varios siglos que lo hacemos así”.

Lo profano expresado en la desnudez que exhibió la clase política, la élite religiosa, los empresarios adscritos a una Cámara, los cantantes “estrellados del canal”, los convidados de las primeras filas.

Lo profano expresado en la ejecución de obra pública en tiempo récord y en lugares en los que, en otras circunstancias, jamás se verá reflejado el presupuesto público, con esos montos y con esa celeridad.

Tiene razón el Papa Francisco: México es un pueblo que sorprende. Para bien y para mal.  

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