27 de enero de 2016

Mexicanos al grito de guerra

cabesams
Un gusto culposo de la niñez, era que me gustaba cantar el Himno Nacional Mexicano durante los lunes de honores a la Bandera. Cantarlo con fe y convicción. Me lo sabía completo, incluso las estrofas que sólo se cantan en el concurso de Coro convocado por la SEP. Y me ponía muy de malas que mis compañeros equivocaran la letra. ¿Cómo la podían olvidar? Si hubiera que entonarlo para motivar a todos los mexicanos para defender el país, ¿cómo íbamos a lograrlo? Me parecía simplemente, imperdonable.

Ya en la secundaria, me tocó la época dorada de Mejía Barón al frente de la Selección Mexicana de Fútbol. El mundial de 1994 nos encontró en las aulas de la Secundaria Diurna #98 y Froylán, un chico mayor que el resto del grupo, era el único al que le prestaban un televisor en su casa (y que manejaba una camioneta), para ver los partidos en horario de clases. Ni antes ni después de esa temporada futbolera del Mundial y la Copa América, volví a emocionarme con tanta verdad y tan a pie juntillas por algo que tuviera que ver con el orgullo nacional.

La primera vez que escuché acerca de la isla de Clipperton, fue en 2001, durante mi curso de Comprensión de lectura en Francés. Y, por supuesto, no volví a pensar en el tema una vez terminada la lección de ese día. Hasta hace una semana.

El sueño de la Mantarraya es  una obra escrita y dirigida por  Alejandro Ainslie, a partir de ideas y textos de La isla de la pasión de Laura Restrepo. Según palabras del propio director, en el programa de mano, el objetivo del montaje es dar a conocer el caso y poner en la mesa de discusión la reapertura del caso, ya que la isla de Clipperton, es "uno más, para sumar a la cadena de despojos territoriales que ha sufrido nuestro país".

En la obra,  anecdóticamente hay un ir y venir del presente al pasado de los personajes, para relatar el contexto histórico en el que se dió dicho despojo. El asunto dramático, se pone en la historia personal del gobernador de la isla, Ramón Arnaud (de ascendencia francesa, por cierto), quien antepone su fervor patriótico a un asunto ético de vida o muerte. ¿Se debe aceptar la ayuda de un enemigo nacional para salvar la vida?

El sueño de la Mantarraya, desde mi punto de vista, trata de enlazar ambas historias que en realidad caminan de manera separada: una es la historia del manejo político que se le dió a la posesión de la isla,  y otra, la historia de las circunstancias y las decisiones tomadas por quienes vivieron el hecho histórico. Lo primero, condiciona lo segundo, pero no a la inversa.

El montaje muestra los manejos y negociaciones que a nivel político se entablaron con Francia por la posesión de Clipperton. Una vez derrocado Porfirio Díaz y puesto el caso de Clipperton bajo arbitraje internacional, se deja a su suerte -sin comida ni agua potable- , al gobernador de la isla junto a su guarnición de soldados y sus respectivas familias.

La historia del capitán Ramón Arnaud es la historia del miedo. Con un antecedente de deserción en su expediente, se le ordena trasladarse a la isla de Clipperton e incluso, se le nombra teniente y después gobernador de la misma. Por miedo de ser acusado de traición, acepta el puesto;  más tarde y por el mismo motivo, se queda en la isla a pesar de la falta de alimentos, aun cuando se les presenta la posibilidad de ser rescatados por un barco norteamericano. Es también el miedo a morir en la isla -quizá- lo que lo precipita al mar a cumplir su sueño premonitorio.

El director apuesta por el discurso patriótico, y  pone el dilema ético de Ramón Arnaud como un acto nacionalista, en el que antepone su honor militar a su propia sobrevivencia. Lo que sigue en la historia de los habitantes de Clipperton, es terrorífica: hambre, locura, violencia y muerte. Esta estampa del comportamiento humano que nos muestran en El sueño de la mantarraya, juega en contra del dramaturgo (que es el mismo director): el montaje nos dice que es irracional preponderar el honor de una nación, a la vida y el sufrimiento padecido por los niños y mujeres que vivieron el suceso. Como si no hubieran sido suficientes esas muertes y violaciones, ¿por qué pensar que recuperando el título de propiedad de la isla, esas vidas perdidas tendrán algún sentido? ¿Para qué pretender pelear un territorio en aras de un homenaje póstumo a los héroes anónimos, como lo plantea el director en el programa de mano? 

"Clipperton es una isla mexicana, porque la ganamos con la sangre y el esfuerzo de valerosos mexicanos que dieron su vida por defender la soberanía de un territorio lejano, desconocido y estéril", dice de nuevo Ainslie en el mencionado programa de mano. Si pensamos que hoy en día no se invierte en el campo mexicano, en la ciencia ni en la tecnología mexicana, que nos hace pensar que esta vez se  invertirá en el resguardo y en la explotación de los escasos recursos naturales de la isla? 

El mismo texto de Alejandro Ainslie habla con sarcasmo del patriotismo que se les inculca a los militares a pesar de ser la misma Patria que "defienden", quien les da la espalda. Si damos por cierto la versión de Ainslie sobre el nacionalismo en las acciones de Ramón Arnaud, veríamos lo peligroso que es creer en México como algo en abstracto. Los actos de un militar responden a su Jefe Máximo, quien siempre será un humano con pasiones e ideas propias. No es México quien pide más territorio, quien defiende determinada religión o declara la guerra a otro país. Siempre se  trata de un asunto entre hombres (humanos).

Cuando recuerdo la pesadumbre  y la frustración que dejaba en mi yo adolescente, un partido perdido de la selección mexicana de fútbol pienso que fue buena idea dejar de pensar en el equipo y yo como una misma cosa. Los logros y las derrotas son de quien las trabaja. Y eso no me hace sentir menos mexicana. ¿Qué implica ser mexicano? Estoy segura que nada cercano a un estado de ceguera. El caso de la isla de Clipperton, desde luego me parece que es un capítulo de nuestra historia que hay que tener presente, más que como un caso de soberanía nacional, como un episodio absurdo del comportamiento humano.

El sueño de la mantarraya, La isla de Clipperton se presenta en el Teatro Santa Catarina en su última semana, hasta el 31 de enero de 2016.

http://www.teatrounam.com/

                                     



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