I
En la primera opinión que me dieron, dijeron que era cuestión de tiempo antes de una operación que podía ser de primera intención sólo una miomectomía y en caso crítico, la histerectomía. Pero se me aconsejó que esperara por si me embarazaba. Y aún cuando dije que no tenía la intención de hacerlo, la respuesta fue: ahorita no, pero puede que con el tiempo sí quieras estarlo. Los riesgos de la espera eran que se presentara una hemorragia o una anemia muy severa. Eres muy joven, deberías esperar...
Busqué una segunda opinión y con una explicación mucho más completa de los pros y los contras de un tratamiento hormonal, el diagnóstico fue más o menos el mismo: del quirófano no me salvaba. Pero también se me aconsejó esperar la posibilidad de un embarazo, aunque éste tampoco me libraría de la cirugía, sólo me daba la posibilidad de utilizar la matriz antes de extraerla. Eres joven y puedes querer familia...
Aunque el panorama era bastante claro -en apariencia-, lo cierto es que la sola idea de que abrieran mi cuerpo y me quitaran algo de ahí adentro, me llenaba de pánico. Por otra parte, tener un bebé sin la menor ilusión, era otra cosa que me aterraba y sin otra opción que esperar, tomé si no el mejor camino, sí el que me parecía (en ese momento), el menos amenazador. Y esperé.
Cuando los años y los síntomas me pusieron en el camino de la anemia, una tercera opinión dijo que era tiempo de la cirugía: ¿Qué estás esperando? Después no habrá quien te quiera operar porque el riesgo es mayor entre más avanzada esté la anemia (...) ¿Así, quién se va a arriesgar contigo?
La cuarta opinión fue más clara todavía:
-Aunque no te operes conmigo, hazlo. Busca otra opinión y cualquier médico te va a decir lo mismo: es necesaria la cirugía. En tus condiciones, un embarazo ya no es opción, el producto no pegaría, no tendría espacio...
- No estoy buscando un embarazo.
-Con mayor razón: ¿Para qué esperas algo que ni siquiera sabes si se va a dar? Aquí la que importa eres tú, tu salud...
Dicen que no hay quinto malo, y al final, el que me noqueó fue Gaona:
- ¡Ya, enfrente la realidad: le van a sacar la matriz! Piense en Dios y confíe en mí, a esto me dedico...
¡Toing!
Empecé a llorar porque supe que ya no había más lugar en el ring: estaba contra las cuerdas y el pinche viejito no se iba a detener. Lloré mientras me contaban los diez segundos reglamentarios y después acordamos los preparativos para la cirugía.
Empecé a llorar porque supe que ya no había más lugar en el ring: estaba contra las cuerdas y el pinche viejito no se iba a detener. Lloré mientras me contaban los diez segundos reglamentarios y después acordamos los preparativos para la cirugía.