Pero me prestaron el libro de las 26 Obras en un acto de Carballido y aproveché para leer las obras que sólo conocía por los montajes del TACO, en mi época de CCH. Y efectivamente, recordé que las comedias eran ligeras y que su lenguaje coloquial siempre significó éxito seguro entre el público estudiantil.
Hace poco llevé a clase El censo y, no sin esfuerzo, logré entre los alumnos, que se pasara de la anécdota y se analizaran las motivaciones de los personajes.Y el resultado fue bueno, considerando la inmediatez con que le dan carpetazo a la mayor parte de las cosas, estas nuevas generaciones. Los muchachos encontraron algo más que una risa ligera en la obra de Carballido.
Y me sorprendió más (paréntesis aparte) que otro de los grupos eligiera montar Cosas de muchachos, de Willebaldo López (autor que no me gusta, para decirlo con todas sus letras). Un texto escrito a finales de los sesenta, con la estética del flash-back (¡tan novedosa para cada generación que la redescubre!). El embarazo no deseado, la pobreza y la miseria humana con su respectiva carga melodramática y su tono didáctico hicieron eco en algunas alumnas.
Regresando a Carballido, dos textos me parecieron interesantes: El espejo 1 y 2. Al primero lo llama farsa y al segundo sketch, (sea lo que sea que signifique esa información para él). A mí, lo que más me gustó es que en pocas páginas plantea un juego escénico divertido que se sostiene con un diálogo fluido. Sus personajes son la contraparte de la típica mujer sumisa y el macho mexicano que utiliza para ridiculizar al hombre maltratado y la mujer cínica e infiel llevando la situación hasta el absurdo. Escénicamente juega con los aparte en el Espejo 2 y con la duplicidad de personajes en el Espejo 1.
Un recurso similar es utilizado por otro de los vetados por prejuicio: Luis Mario Moncada en su obra Opción múltiple. Comedia en la que plantea un problema de personalidad disociada que lleva a su personaje principal a una serie de pequeños enredos. Divertida y ligerita, lejana a El motel de los destinos cruzados, obra del mismo autor (a la cual yo le hubiera tijereteado bastantes cuartillas y salvo por una frase, que en mis momentos más azotados, yo misma avalaba su veracidad), que se ganó a pulso el veto oficial por mi parte (¡ja!). Afortunadamente en un remate de libros -de los que se organizan a fuera del Auditorio Nacional- me hice de la publicación de Opción Múltiple (y de otras obras de las que ya daré cuenta en lo sucesivo) quedándome con la grata sorpresa de la pluma de nuestro H. ex coordinador de la carrera de teatro.
Y así, en mis lecturas desde el corralón, torito, retiro, limbo, rinconcito solidario o como gusten llamarle a este lugar-tiempo en el que me encuentro, les digo que me he reconciliado con la dramaturgia que por ignorancia y sobre todo, por prejuicio había evitado en mis años más mozos.
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