Las imágenes que he subido para acompañar los textos del blog, son todas de amables y compartidas personas que las han subido a la red y que no conozco. Mi deficiente manejo de estos espacios, me ha impedido darles el crédito correspondiente en lo formal. Esta nota les agradece de corazón, en lo informal.
30 de julio de 2012
28 de julio de 2012
El nidito de amor
La mirada de las aves siempre me han generado sospechosísmo porque es evidente que nada que te mire de lado puede ser de fiar. Creo que del reino animal, las aves son los animales que menos me gusta tener cerca, después -claro- de algunos roedores. El pico de las aves me intimida, así se trate de un pipito (cría del guajolote). Sobre todo después de ver un pollo robando un pedazo de tasajo de res y comérselo en segundos.
Total que de camino a un zoológico cerca del D.F. nos enteramos de que ya no lo abrían. La providencia y algunos señalamientos se encargaron de guiar nuestros pasos a El Nido, aviario perdido entre el concreto de Ixtapaluca, Edo. de México.
¡Qué sorpresa encontrar flora y fauna selvática en medio de unidades habitacionales, cines y centros comerciales! 8 hectáreas de respiradero natural. El Nido da alojamiento a jaguares, tigres siberianos, tucanes, quetzales, águilas, cacatúas, guacamayas, buitres, búhos, flamencos, monos, ¡hasta periquitos australianos!
Qué sensación tan rara tener una de estas aves sobre la mano y brazo. Los pellizcos no malintencionados sino necesarios para guardar el equilibrio y no caer ante la llegada de otros ejemplares que también bajaron buscando alimento, no dejaron de darme ñáñaras aunque fueran inofensivos.
Los agapornis se veían tan sanos, que su plumaje amarrillo recordaba un mango liso y maduro con los colores rojo y verde entremezclados. Comieron de mi mano y los nervios me hacían reír sin que las aves dieran señales de molestia. Quizá por eso me cayeron tan rebien. Eso o su azotada historia de amor y es que en el nombre llevan la penitencia. Se conforma de dos palabras griegas: ágape (amor) y ornis (pájaro).
Nos contaron que cuando muere la pareja de un agarponis, éste deja de comer y beber para morir también. No sé si el suicidio sea cierto o sea otro de los cuentos chinos que nos contó el inexperto guía, pero de que se les considera un símbolo de amor por el vínculo que forman con su pareja, (lo cual los lleva a compartir mucho tiempo juntos) eso si está documentado.
Lo mejor del aviario está en el estudio del doctor Estudillo (fundador) e hijos, porque las aves no están enjauladas sino que vuelan sobre nuestra cabeza. Por un momento imaginé que me encontraría al dar vuelta en una esquina al dr. Dolittle charlando con los animales en medio de la vegetación del lugar.
El Nido es un lugar que refleja amor por los animales. Se les ve sanos y al parecer, bien alimentados. Definitivamente, te deja un buen sabor de boca .
El Nido. Av. Acozac s/n. Esq. Calle Progreso, Ixtapaluca, Edo. de México.
25 de julio de 2012
Llamita peruana
El alma de un circo son los payasos. Puede haber números más espectaculares, pero si los payasos son buenos, tienes la mitad del espectáculo resuelto. En cambio, si un payaso de circo se confunde y hace show de payaso de fiesta infantil sin código ético, entonces el circo está prácticamente frito.
Una de las cosas que puede entristecerme mucho, es un circo pobre. Pobre en recursos humanos, más que materiales. Hoy fui al circo Hermanos Corona con un espectáculo armado con 8 personas. Creo que había la misma cantidad de cirqueros que de staff.
Los payasos hicieron reir a la mitad del público burlándose e insultando a la otra mitad y se valieron de un albur bastante barato para provocar risas fáciles. El ballet del circo, lo componían 2 mujeres rellenitas y 2 más delgadas pero con menos gracia en sus movimientos que sus compañeras; había además, un niño que hacía suertes con unas canicas al ritmo de la música (disculpen mi ignorancia, no sé cómo se llama ese tipo de baile) y un hombre que hacía las veces de apache y un número de danza aérea.
Hubo una sola llamita peruana rechonchita que tras dar tres vueltas al ruedo, subió un escalón 4 veces y por último, postró sus patas delanteras en el suelo dando por terminada su participación.
Si el teatro requiere de la energía del público para nutrirse durante la función, un circo quema el doble de esa energía porque la interacción debe ser inmediata. El artista de un circo debe preparar el escenario para el siguiente número y el espectáculo debe ir siempre de menos a más; no se puede perder la atención del espectador. Uno puede irse a casa preguntándose si Willy Loman hizo lo correcto al suicidarse; si Yocasta es tan responsable como Edipo del incesto, pero en un circo no hay tarea que llevarte a tu casa, hay un ping pong de energía que se quema ahí mismo o el objetivo no se cumplió.
Y por supuesto que es difícil lanzarse al ruedo y hacer que entre en calor esa gente que quiza viene del trabajo o de un pesado día de vacaciones con los niños en casa. Gente que está esperando que lo diviertas por haber pagado un boleto en taquilla. Gente que acostumbra encender el televisor y cambiar de canal hasta encontrar algo de su agrado. Gente que no tiene en mente pararse a completar la función.
Estos lugares que están hechos para congregar gente, se sienten tan desangelados con unas decenas de personas dispersas entre las sillas y las gradas. Entre los que pagaron sillas acojinadas de primera fila y los que pagaron un lugar en la grada. Con vendedores que pasan y repasan tu lugar ofreciéndote chicharrones y palomitas aceitosas; unas pequeñas manzanas acarameladas y varitas en colores neón.
Qué trabajo más difícil para las bailarinas el sonreir con fajas y gruesas medias bajo los ajustados leotardos, qué esfuerzo tratar de disimular el miedo de que te ensarten un cuchillo en el número del apache; qué vergonzoso salir con media botarga de las Monster High a bailar una coreografía descoordinada.
Vi ocho personas dobleteando y hasta tripleteando número. Muchas risas, pero pocos aplausos. Vi una pareja como con seis hijos en escalerita; una familia con sus mejores galas, unos novios rockers; otra pareja madura. Por alguna razón pagamos por estar ahí y no en casa o en el cine.
Quizá a pesar de todo, guardamos una llamita de fe en lo que puede generar el hombre con su cuerpo y su ingenio. Quizá, apesar de la tecnología, seguimos apostándole a lo vital, efímero e inexacto quehacer del hombre.
22 de julio de 2012
Bajo las estrellas
Oscuridad
silencio
y la sensación
de no ser nada
bajo un cielo estrellado
El mar murmura, estira sus dedos.
Las estrellas titilan
y aunque estoy acompañada no hay nadie conmigo.
Su silencio es amable
Si desde arriba alguien nos observa, quizá nos mire también titilar.
16 de julio de 2012
Embarrado de un poste
Lo bueno de ir sentada en el metro en periodo vacacional, es que hay menos gente en ciertos horarios. Miraba un poco a la ventana, un poco a la gente que venía de pie. Traía una novela en la bolsa que ignoré hasta que se ocupó el lugar junto a mí. La mujer a mi lado sacó su libro. No alcancé a leer el título, pero me dio la impresión de ser uno de superación personal. Así que por no dar tregua, saqué mi novelita y empecé a leer.
En algún momento, mi compañera de asiento se bajó y el lugar lo ocupó un hombre de unos cuarenta años. Buscaba algo en las bolsas de su chamarra y las personas que estaban alrededor lo observaban. Me llegó cierto olor alcohólico, pero no hice mayor caso del asunto y seguí leyendo.
Lo que buscaba era su dinero, porque se compró un chocolate que practicamente tragó sin masticar. Lo noté porque cuando se desocupó el asiento individual, se pasó para allá y quedó enfrente de mí. Ahí me di cuenta que aunque no estaba completamente borracho, todavía tenía la mirada turbia y los movimientos torpes .
Un rato después, sentí su mirada insistente, pero no dejé que eso me inquietara. En algún momento se animó y me preguntó si mi libro hablaba sobre el amor. Yo respondí que "de algo así" e hice una mueca que reconozco como una sonrisa de medio lado para desconocidos.
- Sí, debe de ser de amor, porque aquí dice: La mecánica del corazón... ¿Y no dice nada de cómo se le hace con las decepciones?, ¿No dice nada sobre decepciones?
Subí los hombros en silencio y quizá debí responder que tenía poco de haber comenzado mi lectura ; que seguramente llegaría a un punto donde alguien se decepcionaría, pero al hombre eso ya no le importaba porque se recostaba sobre su antebrazo recargado en el tubo y dormitaba.
He terminado el libro. Ahora sé que La Mecánica del corazón es una historia que sí habla de las decepciones (aunque no sé si en el sentido que preguntó el sr. pasajero) y también de los amores fallidos, (aunque mi profe diga que nadie se equivoca cuando se enamora). En todo caso, quizá le sería más útil oír a Lorenzo de Monteclaro, porque él, sí que sabe de decepciones.
9 de julio de 2012
Taladro
Tratándose de teatro alternativo -si asisto-, voy con el prejuicio de que quizá no sea de los elegidos para desentrañar el sesudo discurso escénico del director y sus cuates. Me preparo para ver el embadurnamiento de cualquier tipo de alimento, un desnudo, textos inconexos.
Taladro nos ofrece un poco del menú recién mencionado, pero además nos regala momentos de honesta intimidad. La eterna y universal historia del adiós. No importa si él le vacía salsa de tomate y luego baña el cuerpo desnudo de ella sobre un plástico; no importa cuántas veces se apuñale una mujer antes de volver a incorporarse y sonría maliciosamente al público hinoptizado por sus pezones que se transparentan a través de su playera blanca: la aterradora historia del final, la conocemos todos.
Cerca de 50 personas rodeando dos mesas, la de trasmisión (zona él) y la de los alimentos (espacio ella). Como en un ring, cada uno cuenta con su esquina para cerrar provisionalmente sus heridas; para esperar a que suene de nuevo la campana y recibir otra tanda de golpes bajos otorgada por los recuerdos.
Sin importar cuánto se hable de un gato inexistente, de los productos que se consiguen por catálogo, de las auroras boreales, del pingüino emperador o del sabor de un humeante spaghetti convidado al público, los rostros serios, las risas nerviosas, los ceños fruncidos, las parejas tomadas de la mano, pensando quizá que eso nunca les pasará a ellos , la historia no deja de ser líneal y transparente.
Cada amor que termina sigue una ruta parecida a las demás. Las señales inminentes de que ya no hay nada más que negociar, son un código universal y Dance me to the end of love en la voz de Leonard Cohen despelleja cualquier corazón. Cuánto se ha escrito y cuánto más se ha de escribir sobre el adiós que no te da el amor cuando sale por la ventana, a una hora de la madrugada en la que te encuentra dormido.
Si no fuera por el grado de perplejidad, por las muchas preguntas y algunas certezas que provoca el fin del amor, seguramente sería un tema agotado.
"En Taladro el espacio es un camper, un búnker, un vagón abandonado, desde el que un solitario transmite para la web... Tú posteas en facebook, en un blog... "¿Has considerado que lo más probable es que nadie lo lea?" dice el programa de mano. Sin embargo, los que coincidimos en la función (me arriesgaré a afirmar) leímos, oímos, fuimos testigos de lo que el autor construyó con pedazos de memoria.
Y como precisamente bajo esa premisa comenzó este blog (la página sin lector) y el amor, el buenamor, el desamor, malamor y todas sus variantes me generan un gran sospechosísmo, tiraré de nuevo esta botella al mar.
Texto y dirección de José Alberto Gallardo, en Colección de Teatro alternativo. Teatro Jiménez Rueda. Del 28 de junio al 22 de julio de 2012.
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