30 de abril de 2013

Duro de aguantar

A Gordito

Cuando invitaron ese día  a Yucuiñálu al cine, nunca  le dijeron que estaría frente aquella pantalla enorme  por más de seis horas viendo pistolazos y corretizas. Eran los años ochenta y en los cines del centro de la ciudad, todavía se gozaba del beneficio de la permanencia voluntaria en sus funciones.
La tarde del domingo era especial porque desde que mi hermano antecesor empezó a trabajar, su sueldo le alcanzaba para algunos lujos, incluído el cine . Ahí la ganona era yo, que al ser la hermana menor, se me invitaba con la única  condición de ir muy cambiadita y peinada (el trato no incluía el baño, por supuesto).
A los nueve años ir  al cine era una cosa muy buena, sobre todo porque me ayudaba a olvidarme que por la tarde empezaba el calvario de saber que al día siguiente sería lunes (ya escribiré sobre mi síndrome de Cachirulo). El Palacio Chino, el Metropolitan y el Arcadia eran los cines que  más frecuentábamos en esos días por ser los más cercanos a la casa: grandes salas de proyección, con espaciosas estancias  y fachadas recargadas que nada más verlas al doblar la esquina, me alegraban el corazón.
 
Lo regular era ir a la función de las 12:00 o de las 14:00 hrs, que eran los horarios con menos gente y nos permitía salir a las 16:00 hrs. a comer en familia. De esta forma, si la película nos gustaba, nos quedábamos  a verla  una vez más sin problemas. En otras ocasiones, pasaban dos películas diferentes por el mismo boleto y también nos quedábamos, pero la segunda función ya sin palomitas.
Duro de Matar
Ese domingo del año 88, entramos a ver Duro de matar I, temprano. Acabamos tan emocionados que nos quedamos a la segunda función y para la tercera, como la adrenalina de  mi hermano no disminuyó, prefirió comprarme otras palomitas y una bonafina (coca-cola no rifaba en los cines todavía) para que yo  no le hiciera un berrinche. Y no es que  me disgustara la película, pero 3 veces seguidas, el mismo día,  fue un exceso para una niña.
Pero ni modo, aquella vez apechugué y ya no recuerdo si nos quedamos a la cuarta función o si se compadeció mi carnal de mí. Lo cierto es que ya había oscurecido y tuvimos que regresar corriendo -literalmente- porque nadie supo nada de nosotros en todo el día y yo era una menor de edad al cuidado de su adolescente hermano. 
Comencé este escrito (hace un par de meses)luego de ver un sábado por la tarde la misma película de Bruce Willlis en la televisión. El pretexto para su programación fue el  estreno de Duro de Matar 4: Un buen día para morir. Me sorprendió que después de tantos años y sobre todo, de haberla visto tantas veces en televisión abierta, todavía me atrapara la atención e incluso que me emocionara esa tarde (¡Ja!).   
La historia avanza y aún conociendo el final, te mantiene con los pelos de punta desde que el personaje principal sale descalzo  y  en camiseta blanca sin mangas del cuarto de baño al oír unos disparos. ¡Órales! (Miren de dónde salió mi fijación  por esta prenda. Ropa interior, después de todo.)
Luego de volver a verla, fue inevitable pensar en el gran churro que fue   Un buen día para morir. Muy atrás quedó el irreverente  y carismático John McClane. En su lugar  vemos una máquina de disparar cantaletas; un hombre egocéntrico que raya en la necedad al andar detrás de un hijo bastante desenrolladito al que no lo deja ser él mismo. En fin, un hombre que como dicen mis sobrinos adolescentes: ¡fastidia!
Qué triste pasar  más de dos horas frente a la pantalla sin que pase nada de verdadero interés. Corretizas sin fin, destrucción de carros, balazos, mucho ruido y nada de nueces. Los dos hijos  de McClane, abandonados de la mano de la madre naturaleza (o de Dios), no sacan nada de sus padres. Ambos carecen de cualquier atractivo; a uno le pesa la fama del padre y  la otra desarrolla complejo de Electra y termina comportándose como si fuera la madre de McClane y sin nada de gracia.
Duro de Matar: Un Buen Día para Morir


Definitivamente,  Un buen día para morir es una mala historia y un pésimo guión para acabar la saga de Duro de matar; razón de sobra  para nombrarla con el título que le dió el Videorisa  (¿Se acuerdan de ese cómic?) al primer film: Duro de aguantar
       


























29 de abril de 2013

Peña del carnal

Regresé a Peña de Bernal luego de haber estado ahí a principios de mes. Entonces como ahora, fuimos a festejar un cumpleaños número 33.

En esa primera ocasión, la intensión era conocer el pueblo y contactar un lugar de masajes. Quiso la suerte  que no encontraramos el centro holístico y  en su lugar nos llevó a una casa de artesanías que en su patio interior contaba con  mesas rústicas donde se servían micheladas, cheladas y bebidas espirituosas. Sobre  la banqueta tenían un gran comal con gorditas que redondeaba la alternativa para el turista sedentario. El calor y la rocola hicieron el resto: una buena charla y a la voz de Paloma negra, eres la reja de un penar, salimos de ahí hasta que los meseros empezaron a contar sus propinas.

25 días después, regresé con otro grupo de amigos. Esta vez llegamos por el lado de la peña y la empezamos a subir como no queriendo la cosa. Fotos, risas,  chisme  y un camino empedrado hicieron  la primera parte del camino una cosa amena. Al camino empedrado, siguió una vereda ancha y bien marcada que ya no fue tan fácil subir. En el último descanso un aviso de buen tamaño indicaba que no se podía subir sin equipo y remataba con una frase: VALORA TU VIDA.

Seguimos subiendo un tramo más hasta donde lo permitió la peña. La vista del pueblo valió la pena el esfuerzo: pequeños cuadros de viviendas y terrenos sembrados bien trazados como maqueta escolar.              
 


     




 
Tirada sobre una enorme piedra recuperé el aliento perdido. Sólo los mosquitos me convencieron de que era tiempo de bajar. Mientras brincaba, me deslizaba, sudaba, me derrapaba, y  buscaba con la vista el siguiente paso, pensé en lo afortunada que me sentía de tener esos amigos.
 
Yucuiñálu vivió en un edificio lleno de adultos. Los dos pubertos con los que trató de pronto se hicieron muy grandes. En esos días el Centro Histórico se vaciaba el sábado por la noche y el domingo quedaba practicamente desierto. Regresar por sus calles en la tarde- noche nos permitía oír nuestros pasos sobre el adoquín y las carcajadas estruendosas de mis primas resonaban de forma espectacular. (En otro momento hablaré de la influencia de esas carcajadas en mi vida).
 
Por esta razón, Yucuiñálu fue casi una niña de departamento (como se le nombra a esos niños de poca acción) sólo salvada por los dos pisos y una azotea que componían aquel edificio de Palma #33. No aprendí a andar en bicicleta, patines o patineta, ni trepé árboles; incluso, cada que salía de paseo era necesario llevar una bolsa por si ocurría un accidente asqueroso.
 
El AFG (UNAM) me llevó a conocer gente que de otra forma quizá nunca hubiera tratado. Independientemente de la facultad a la que pertenecíamos, teníamos ciertas afinidades que la convivencia convirtió en amistad. Kilómetros corridos, cerros caminados, techo, comida y bebida compartidos (eso sí: sin babas por favor. Perdón, chiste local.)  por  más de diez años.
 
De bajada por aquel peñasco, mientras me extendían la mano para asegurar mi descenso, tuve presente el aviso que dejaba a mi espalda. Valoré todas esas cosas que por mi naturaleza miedosa  no me hubiera animado a hacer de no ser por estas personas que han estado conmigo. La seguridad y la confianza que me infunden, me permiten explorar mi tímido espíritu aventurero que sin llegar a lo extremo, si me ha implicado cierto reto.

Y aunque muchas veces he dicho que es la última vez que lo haré, de pronto me encuentro de nuevo en un cerro, volcán, laguna o con una ballena a lado. Mmmmh, eso me recuerda el libro de Simbad el marino: cada capítulo empieza diciendo lo mismo que yo, pero se vuelve a embarcar y eso me chocó.
Peña de Bernal se queda en mi recuerdo como un lugar ligado a la compañía de mis amigos, sudando la gota gorda o diciendo ¡Salud!
 


7 de abril de 2013

El gran farsante

El libro de L. Frank Baum llegó a mis manos en los noventa con un precio  de $12 000 pesotes anotados con lápiz en la primera página. De esa vieja lectura mantengo en mi memoria el gran chasco que se lleva Dorotea al descubrir el secreto del Mago de Oz: un enano que embaucó a toda una ciudad con trucos baratos.
En esos años, me parecía que el autor retrataba al gobernante de cualquier país que mediante unas gafas (la televisión, por ejemplo) presenta una realidad alterada que su pueblo acepta sin chistar, y claro está, me sentía la más lista al descifrar la metáfora de L. Frank Baum (descontando obviamente, la otra gran pregunta: ¿Qué es más importante encontrar, cerebros más inteligentes o corazones más sensibles?). 
Esta vez en el cine, me quedé con una idea revoloteando en la cabeza (y sin la certeza de ser la más lista): ¿Es Oz, una historia para caballeros?  La travesía de Dorotea rumbo a Ciudad Esmeralda cumple con todas las características del viaje iniciático  de un héroe de cuento tradicional: encuentra compañeros con características especiales (acaso “mágicas”)  que le ayudan a sortear los obstáculos;  hay personajes que le hacen  más difícil conseguir su cometido y finalmente, el héroe regresa transformado, pues el viaje le ha hecho más sabio, pero  Oz: The Great and Powerful dista mucho de serlo. Sólo pensando en una saga, digamos que cumple su cometido como introducción.
En esta versión cinematográfica, encontramos menos viaje (que en libro de Baum) y mayor atención a algunos personajes. Además de la enorme sonrisa de James Franco, encontramos a su paso una serie de mujeres que se relacionan con este personaje. Me llama la atención que cada una de ellas encarnan cierto tipo de mujer a la que él le huye (quién no la ha visto y piensa hacerlo, salte al final de las viñetas):
§  Muñeca de porcelana, aunque aún es una niña y en un principio nos la presentan como un ser indefenso, llegado el momento de la despedida, la porcelanita le arma un chantaje marca ACME al ingenuo Oz, quien acepta llevársela con él. Más tarde, Porcelanita se avienta corriendo todo un campo de flores con la vara mágica de la bruja Buena para entregársela en el momento decisivo (señal de que ni es débil de carácter, ni tan frágil físicamente).
§  Teodora, bruja del oeste, se desquicia cuando le hacen ver que Oz no tiene la menor intención de quedarse con ella; es significativo el dato que nos da la  hermana cuando  intenta calmarla diciendo que quizá  fue sólo  ella quien  habló de un “nosotros” y no Oz, porque nos indica que es una reacción característica de esta mujer cuando tiene un candidato a pretendiente. Su transformación a bruja de Halloween es resultado de su ira y su despecho asumido.
§  Evanora, bruja del Este no muestra un interés especial por Oz, pero le complace que sea un hombre ambicioso, no muy brillante y fraudulento.

§   Glinda es la dulce y comprensiva mujer que quiere reformarlo por la vía del amor sin conseguir que Oz dé su brazo a torcer; por lo menos no en su versión de efímera mortal, sino cuando cobra su carácter “mágico” como  bruja. En esta realidad fantástica, ella le infunde  seguridad y le brinda un voto de confianza a Oz que él corresponde ayudando a los habitantes de Ciudad Esmeralda a regresar a su ciudad.
§  Ayudante provisional  de Oz, es una de tantas conquistas, su escena en la película sirve para  mostrarnos que es un mujeriego.
Por su parte, Oz disfruta de su vida nómada: lo vemos seducir a una lugareña ofreciéndole ser parte de su espectáculo (compartiendo la fama) y haciéndola parte de su historia personal  (con un falso regalo de familia). Pero este sinvergüenza,  es incapaz de mentirle a la mujer que  ama. Es honesto (¿o incapaz de asumir un compromiso?) y le pide que aproveche la oferta de matrimonio que tiene en puerta ya que él no tiene nada que ofrecer.                                                                                              
Él  le apuesta a la vida que lleva y espera más de ésta aunque por el momento sabemos que está en una mala racha porque hay poca entrada en su número y la ropa  gastada nos ayuda a inferir que este problema es viejo.  

Otra escena que muestras características del personaje, es cuando en pleno espectáculo, una niña en silla de ruedas le pide que la haga caminar y es incapaz de aceptar públicamente que no puede hacerlo. Sin embargo, lo que no puede lograr en la vida real, lo consigue con  la Porcelanita. Esta niña lo presiona para que la adopte. Es el primero de varios  compromisos que adquiere en esta aventura.                     

De hecho, Oz empieza su viaje por un incidente luego de un lío de faldas. Deja el gris  mundo real por el mundo fantástico a todo color. Sale volando -literalmente- dejando en tierra a la mujer que ama, a la que acaba de enamorar y a una tercera con la que tuvo una aventurilla para ir a parar a un mundo fantástico donde las brujas le pasan la factura por embaucador, seductor e irresponsable. Dos de ellas, enfrentándolo; la tercera, enamorándolo. 

En este viaje además, Oz encuentra un amigo en el mono alado que le acompaña, cosa que es muy contundente en negar en el mundo real: su ayudante es "alguien a su servicio, no su amigo". De esta forma, vemos a un hombre que emprende una aventura ocultando su lado vulnerable, tratando de mostrarse cínico y sinvergüenza, sin embargo termina cediendo a todo lo que en el mundo real rehuyó: el amor, la amistad, lo estable y el compromiso. “Quizá no soy el mago que esperabas, pero sí el que necesitas”, le dice a la bruja buena tratando de convencerla de que es un hombre de fiar.
¿Es Oz: The Great and Powerful, un llamado simbólico para sentar cabeza en estos tiempos de la generación Peter Pan (que se niega a madurar)? Recuerdo ligeramente la versión de Tim Burton de Alicia en el país de las maravillas y recuerdo una Alicia que se negaba a una boda y al final, se decide por ser una mujer de mundo. Recuerdo también que  las y los  adolescentes con los que convivo, la mencionaban como una de sus películas favoritas.
¿Qué función cumplen estas versiones premasticadas de historias mucho más elaboradas y complejas?, ¿Es verdad que estas películas, como discurso, les hace un llamado  a las mujeres a buscar  su independencia, mientras a los hombres les invita a que muestren sus afectos?. ¿Las nuevas generaciones se sienten los más listos al entender el mensaje? Me aportaría mucho saber qué vió el sector masculino en esta versión de Oz.
     

Nunca me vuelvo a enamorar

Hace tiempo circulaba en la red el video de un niño de escasos tres o cuatro años de edad en el que se le veía totalmente abatido diciendo: "... yo nunca me vuelvo a enamorar...". Conforme lo repetía, su tristeza iba en aumento y lo más increíble era que corporalmente, ese regordete de cabello ensortijado, se veía realmente triste, desesperanzado e inconsolable.

Cuando la madre del niño le preguntaba la razón, éste respondía con pedazos de su historia de amor que remataba con un "por eso, yo nunca me vuelvo a enamorar". Hacia el final del video, la madre cambió la risa espontánea por una risa nerviosa ante el empecinamiento de su crío, pues éste pasó de la tristeza a la ira y de ahí al llanto, convencido de que nunca volvería a enamorarse.

Lo cómico, era lo absurdo de la situación; lo patético, era reconocerse en la pataleta del niño. Desde tiempos inmemoriales, ante una decepción amorosa, ¿quién no ha dicho (con mayor o menor convicción) que nunca se volverá a enamorar? Y para muestra basta darle un clic a you tube para encontrar una lista de diez mil y cacho videos relacionados con el tema. Desde Juan Gabriel hasta un reggaeton romántico se puede hallar en la larga lista.
Me enamoré de Chelo, es un espectáculo de clown que te lleva de la meláncolía por el abandono, a la alegría de un nuevo amor con todo lo que eso implica: el sonrojo, las palpitaciones, las coincidencias y la fe en que -esta vez- puede funcionar.
 
¿Qué es lo maravilloso de Me enamoré de Chelo? Que nos hace cómplices y por lo tanto, parte de lo que pasa en el escenario.
¿Qué es lo  gratificante de Me enamoré de Chelo? Reconocer en el otro, el estado  de enamoramiento.
¿Qué es lo mágico de Me enamoré de Chelo? Que uno también termina enamorado, con todo y lo que eso implica.  
Me enamoré de Chelo es, sin duda, un tiempo bien invertido. Este montaje alternará con Asteroide B612, los sábados restantes del mes de Abril en el Museo Británico.




ME ENAMORÉ DE CHELO
"Los amorosos juegan a coger el agua ,a tatuar el humo, a no irse,juegan el largo y triste juego del amor"
Montaje clown poético amoroso en un acto inspirado en el poema Los Amorosos de Jaime Sabines.

Dirección: Tomihuatzi Xelhuantzi
Con:Evelina Gonzáles yTomihuatzi Xelhuantzi.
6 y 20 de Abril 
19:00 hrs.






ASTEROIDE B 612
 "Lo esencial es invisible para los ojos"

Un niño de la calle emprende un viaje de la mano de un vagabundo al agreste mundo de los adultos, obra tragiclownesca basada en el cuento de Antoine Saint Exúpery El Principito.
Dirección Tomihuatzi Xelhuantzi
Con: Selene Islas,Enrique Cueva, Mario Rendón, Gála Gutierrez, Cesar Carranza, Rebeca Villacorta Germán Bernal y Tomihuatzi Xelhuantzi.
13 y 27 de Abril
19:00 hrs

Museo Británico
Artículo 123 #134 casi esq. Bucareli Col.Centro
(Metro Hidalgo o Juárez)
Localidad: $120 pesos.
Descuento a niños, estudiantes e INAPAM.