5 de diciembre de 2014

Las magistrales: La tragedia cómica


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"El clown habla de aquello que le duele y de lo cual, no se puede deshacer... Al clown, nada le sale según lo esperado, se cae, tartamudea... Es el que se equivoca, el que pierde, al que le va mal en lugar de nosotros. Por eso provoca la risa, para librarnos del dolor." Gardi Hutter.

El clown que me gusta a partir de Ícaro de Daniele Finzi, es ese clown que se sustenta en este ir y venir entre lo inocente, lo tierno, lo ingenioso, lo cómico, pero finalmente, terriblemente desolador. "Mis temas los busco en el drama, nunca en lo cómico", compartió Gardi Hutter en el marco del Segundo Encuentro Internacional de Clown de la Cd. de México, cuando dio su propia versión de la historia del clown, pues desde su punto de vista, cada clown tiene algo distinto que decir al respecto.

Cuando comenté Le Journal, mencioné como un tema no central, "la explotación del hombre por el hombre y las diferencias sociales" sin ahondar más en el asunto, porque no era el objetivo del escrito. Sin embargo, es una idea que no pensaba descartar entonces y que ahora retomo. Algunos días después de haber visto Le Journal, me encontré con una situación que me causó sospechosísmo:

Al entrar al vagón del metro, noté que se desocupó un asiento. Mientras caminaba hacia allá, me di cuenta de que junto al asiento vacío estaba una indigente que hacía muecas de enojo. Valoré rápidamente la situación y decidí que sería gacho no sentarme (un acto absolutamente moral) y además la mujer no parecía violenta. Cuando me senté, agradecí la fuerte ventilación de la línea 2, porque realmente olía muy mal esta señora. El problema sobrevino cuando al frenar el tren, no había calefacción que valiera: todo el tufo llegaba de golpe. Pensé que si me mentalizaba podía soportarlo... ¿Cuánto? Decidí prudentemente que no: no podía soportarlo. Me paré y me senté en la otra hilera de asientos. Desde ahí vi que mi historia le pasó a otras dos personas, hasta una tercera que sí permaneció en el asiento.

Lo que me pareció significativo, es que  la indigente refunfuñaba y volteaba a ver insistentemente a cada nuevo despistado que se sentó a su lado. Era como si ella nos censurara por adelantado  antes de que nosotros desertáramos. ¿Qué sentiría cada vez que nos levantamos? Había un rechazo implícito de nuestra parte, a pesar de todo.

Eso es lo que se plantea en Le Journal: quizá en un momento crítico, los personajes pueden olvidar sus diferencias, pero una vez que la vida toma su cauce, cada quién vuelve a su estatus. Y eso puede ser cruel: hacerle creer a una persona un afecto que no es real.  Por más blanco que sea el clown y que en su esencia no sea malo  (véase la entrada Malos y Malditos), lo cierto es que si miras con detenimiento el contexto del clown, resulta que la risa se aleja.

Pienso específicamente en dos personajes del cine que sirven para ejemplificar esto que digo: es comiquísimo ver a Chaplin comerse la suela de un zapato; pero si pienso en la imagen que cuenta mi madre, sobre la abuela repartiendo dos huevos machacados en agua, entre cuatro chamacos, la cosa ya no es tan chistosa. La miseria es más bien terrible.  Lo mismo pasa con Gelsomina en La Strada: es tremendo que haya sido vendida a Zampanó y toda la violencia que padece a su lado, a pesar de la risa que provoca con sus ocurrencias.

Aquí nos alcanzan las palabras de Gardi Hutter: la tragedia, la catástrofe ligada a la comedia. "La risa  para librarnos del dolor". Una charla que nos devuelve la imagen de ese clown físico y emocional que se niega a desaparecer ante el bien portado teatro de sala.

                                          



4 de diciembre de 2014

Gardi Hutter: la consen

Gardi Hutter
Tomado de clownelinguagem.blogspot
No sé si fue la luna, mi espectativa demasiado alta o un público fácilote lo que me impidió conectar con el trabajo de Gardi Hutter. Y es que en la clase magistral, La tragedia cómica, que presentó  hace unos días, dejó muchas buenas ideas rumiando en más de una cabeza ese día. Pero lo que fue hoy, yo no pude  hacer clic.

Desde que aparece Juana, en el escenario, las risas se dejaron escuchar y al menor movimiento,  se multiplicaron sin que hubiera -todavía, en ese momento- evolución en la acción o en el carácter del personaje. El público se mostró más que generoso en risas y aplausos. Y el acabose para mí, fue cuando alguien del público tomó sus cinco minutos de fama al carcajearse de forma incontenible con lo que prolongó el espectáculo justo antes del final. 

Lo que siguió, fue una lección por parte de Gardi Hutter sobre lo que se debe hacer en un  caso de éstos: primero lo identificó, después le cedió el foco y por último, retomó la acción  que la llevaría al cierre de su espectáculo. 

Un final que no supo a final: muy al estilo griego, la muerte del personaje no ocurre en escena. Pero luego de esta situación con la persona que contagió a los demás con su carcajada, el público estaba en un nivel de risa muy alta, así que cuando el personaje cae por enésima vez dentro del tanque de agua-lavadora (según los referentes de cada quién), tú esperas que de nuevo y de forma ingeniosa, se levante. Y no ocurre. En su lugar aparece un letrero que nos avisa el fin. Para los aplausos, Gardi  Hutter sale con unas simpáticas alas, el público se levanta de su asiento y el teatro se inunda de aplausos. Tres o cuatro veces, la actriz suiza da las gracias al apreciable y apapachador público. Esta noche pasó de Juana la valiente, a Juana, la consentida.

                                                          



El personaje de Gardi Hutter, desde luego que se hermana con cualquier persona cuando se desprende de su rutina cotidiana y en lugar de lavar mecánicamente la montaña de ropa sucia, se escapa por la vía de la imaginación para volverse una heroína con armadura. Pero a diferencia del Quijote, que muere cuando lo arrancan de su mundo de caballerías, aquí no hay algo verosímil que justifique la muerte de Juana. ¿Qué hace diferente ese último resbalón, a los otros que se da en la obra?   

Al final de la función suben al escenario dos profes normalistas de Ayotzinapa, residentes en el D.F. (Aplausos.) Habla el primero y pide el apoyo para los padres de los 23 estudiantes desaparecidos; pide que estemos al pendiente para evitar el carpetazo gubernamental. (Aplausos) El segundo orador pide al público extranjero que den fe en sus países de lo que ocurre en México y a los connacionales, que desconfiemos de las televisoras encargadas de dar la versión oficial de los hechos. Ambos agradecen el espacio, esta noche, para su mensaje. 

Un tibio conteo del 1 al 43 se deja oír en la sala, un justicia sin signos de admiración y un vivoselosllevaronvivoslosqueremos dieron paso a la salida al respetable.

Noche de luna en la Ciudad de México.






3 de diciembre de 2014

Julieta y Romeo

La compañía Barracao Teatro engalanaron el Helénico ayer por la noche en el 2° Encuentro Internacional de Clown de la Ciudad de México. Una noche llena de risas, carcajadas y, ¿por qué no? Amor. Un espectáculo que nos dejó al descubierto, cuando las luces de la sala jamás se apagaron: la interacción con el público estaba más que a la orden del día.

La mancuerna de actores, conformada por Andrea Macera y Esio Magalhaes, fueron y vinieron por el escenario provocando la risa con sus gestos, sus movimientos, sus ideas, el carácter de los personajes. Locura, contraste del clown blanco y el rojo, una pizca de música y mucha complicidad. 

Estampas de Hamlet, Mácbeth, Otelo y por supuesto: Romeo y Julieta (Ah, Julieta y Oh,Romeo) en la versión de Mafalda Mafalda, actriz experimentadísima en la obra de Shakespeare que comparte sus técnicas de actuación con todo el público. 

En el programa de mano viene un texto de Darío Fo: "Los clowns, como los juglares y los 'cómicos', tratan siempre el mismo problema, el hambre: de comida, de sexo, pero también de dignidad, de identidad y de poder".  En este caso, nos encontramos con una historia sobre el hambre sexual de este compañero de Mafalda Mafalda, con un tratamiento -incluso tierno- lejano de lo chabacano. Es conmovedor presenciar el largo saborearse el cuerpo de esta frondosa mujer durante la función y luego los celos cuando ella coquetea con otros hombres del público. 

Por su parte, Mafalda Mafalda, hace uso de su posición de poder sobre su ayudante, al saberse admirada y pretendida por este hombre, mostrándose cruel y explosiva con él hasta llegar a lo que parece el momento del adiós. ¡Ah,naturaleza, oh, humana! Un espectáculo, verdaderamente gozoso.


Tomado de www.bacante.com
Compañía Barracao Teatro. Con Andrea Macera y Esio Magalhaes. Dirección Naomi Silman y Barracao Teatro.




23 de noviembre de 2014

Tres por uno

En estos días, ¿Preferimos el teatro que ayuda a evadirnos o que nos pone en la línea del análisis? Ricardo Zárraga, decía en una clase, que el creativo del teatro, hoy en día, difícilmente  va a decir algo nuevo, luego entonces, lo importante es cómo se aborda el tema, la técnica o la historia que vas a  recrear con tus propios recursos en el escenario.

Tres montajes que optan por un teatro con temática social pero con estilos diferentes: Madre Coraje y sus hijos dirigida por Iona Weissberg y Aline De la CruzExcentriller dirección de Valerio Vázquez y  Malcom Méndez  y Los papeles del infierno, con la dirección de Tomihuatzi Xelhuantzi. 

Madre Coraje y sus hijos está planteada en el contexto de la Revolución Mexicana, desde una estética del teatro de Revista: música en vivo, coreografías y una -forzada- interacción con el público. Un espectáculo vistoso y aséptico. Lejos queda la madre que llora a sus hijos, arrebatados por la guerra; lejos está el dilema ético de lucrar o no en tiempos de guerra; muy lejos queda la crítica ante los malos gobernantes, los líderes políticos, los tiempos violentos o cualquier inconformidad que -por pura coincidencia- les venga a la mente hoy en día. Un montaje de oropel, para mi gusto.

Madre Coraje y sus hijos se presenta el el teatro Juan Ruíz de Alarcón. Insurgentes Sur 3000, CU. hasta el 7 de diciembre


                            

Excenthriller dirigida por Valerio Vázquez y Malcom Méndez, es un montaje que retoma algo de malabares, equilibristas, pantomima, humor negro y un recurrente juego a contraluz para contarnos los turbios nexos del Vaticano con los políticos mexicanos, que para no variar,  nos ofrecen pan y circo a través de una televisora; un payaso de pacotilla remasterizado y lanzado como candidato presidencial, son parte de una terrorífica parodia de nuestra realidad. 

Me parece que habría que darle un apretón de tuercas al final, si lo que se busca es generar adversión ante los hechos o los personajes, por parte del espectador. Al público le gana la inercia  del formato de programa televisivo complaciente que nos proponen al principio de la función y sale con ese airecillo festivo del palero acarreado con gorra y torta de jamón de cierre de campaña política, perdiéndose así el tono cáustico que se consigue durante el armado de la intriga política (de no ser ése el objetivo, no he dicho nada). Un montaje que vale la pena por la propuesta estética del espectáculo.

Por último, Los papeles del infierno: tres piezas cortas, bajo la dirección de Tomihuatzi Xelhuantzi es un montaje que logra una estética que se equilibra bien con la crudeza de los textos de Enrique Buenaventura: La tortura, se aborda desde la perspectiva del victimario (Tomihuatzi-Nallely Matus); La autopsia, desde quien(es) incubre(n) una serie de atropellos (Gerardo Lizalde- Josefina Anaya) y La maestra, desde la víctima (Mariana Morales). En ninguna de las tres, los protagonistas se encuentran cómodos con su realidad, sin embargo, dadas las circunstancias, asumen el rol que les toca jugar. De forma mesurada, cada historia le cede el paso a la siguiente, para terminar en una atmósfera  que sabe a Rulfo.

Me llamó la atención  que durante la función, varias personas del público bajaban la mirada. Eso me regresa a la pregunta inicial: ¿A qué vamos al teatro?, ¿Qué esperamos encontrar?  Me parece que lo expuesto en las tres historias de Enrique Buenaventura, tristemente y de nueva cuenta, forma parte de una realidad actual a pesar de ser un texto de 1968. ¿Es suficiente con lo que vemos en las noticias o hace falta la mano del teatro para expulgar los temas que hoy están presentes en nuestro país?

Los papeles del infierno tiene tres fechas más en el mes de diciembre en el Foro Contigo América: viernes 5 (20:00 hrs.),  sábado 6 (19:00 hrs.) y domingo 7 (18:00 hrs.)









21 de noviembre de 2014

Efectos secundarios del Cambio Climático

No quería dejar pasar lo que observé este 31 de octubre durante mi recorrido del Cenart a CU: ¿Cuándo se volvió un carnaval el día de muertos? Me refiero al festejo bullicioso con licencia para los excesos previo al recogimiento de la Cuaresma y mucho más atrás, a las grandes Bacanales dedicadas al dios del Vino y sus símiles en América con el mismo fin.

Atravesé el centro de Coyoacán hasta llegar a Ciudad Universitaria y lo que vi en la calle fue una constante de chicas vestidas de Mujer maravilla, Mimí, Hada, Harley Quinn en sus versiones sexis. Es decir, lo que era evidente era lo ajustado, lo transparente, lo corto. Las brujas, las gatas, las vampiras, las diablas, se explica por el Halloween, ¿Y las otras, qué relación tienen con los Fieles Difuntos? Me perdí. 

Mi vínculo con la mixteca oaxaqueña me regala un día de muertos lleno de color, olor y sabor  que desde niña me  llevó a relacionar el Día de Muertos con una fiesta donde se disfruta con los sentidos. Desde la muerte de los abuelos, generalmente, voy a Sta. Rosa  en esos días en que las casas  abren sus puertas para recibir el espíritu de los antigüos, guiados por los pétalos de las flores de cempasúchil. Con música y hasta baile, pero incluso eso también es parte del ritual: la banda de viento en la iglesia y el panteón; el baile durante la noche, una vez que los nuestros han partido.

Quizá el único referente que tengo del día de muertos en la ciudad, es la elaboración de la Mega Ofrenda en las Islas,  que siempre vi apresuradamente y con un pie en la terminal de autobuses. Y este año, mi asombro fue mayor al  no encontrarla ahí. ¿Dónde estaban las flores, las velas, el papel picado? Tal vez por eso, me resultaban todavía más fuera de lugar estas mujeres disfrazadas para el antro. Era evidente la efervescencia de la gente que iba y venía por el campus: había fiesta, no cabía duda. Los estéreos de los coches en los estacionamientos lo constataban. Pero, ¿a razón de qué? Podría ser cualquier fecha del calendario. A mí me pareció un carnaval.

Si debido al cambio climático tenemos estas desdibujadas estaciones durante el año, quizá también (ahora que la onda católica apostólica y romana anda a la baja), los periodos de desfogue social saltan en el tiempo y se insertan en espacios donde antes no estaban. ¿Quién sabe?


Epílogo:

Para rematar, iba a la altura de la facultad de Derecho, cuando alguien a mis espaldas sesudamente dijo: "...y seguramente esa gente que dice que no le gusta disfrazarse y esas mamadas del halloween, cree que la navidad se inventó en Oaxaca..." 

¿?

¡Toing!




Tomado de lavoztx.com





17 de noviembre de 2014

Malos y Malditos

Pues no: no se trata de  un inspirado reclamo feminista, sino del título de un libro de Fernando Savater donde se habla de algunos  malosos  en la literatura.  Desde el cuento hasta el teatro se van mencionando diferentes personajes,  ya sean: malos, malditos o simplemente adversarios de los buenos de la historia. 

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Tomado de leereluniverso.blogspot.com


Define como malo a aquél personaje que hace el mal por placer; maldito, al que las circunstancias lo hacen resentido y actúa en consecuencia. Savater, señala en este caso,  una co-rresponsabilidad de la sociedad que rechaza, señala o no comprende al personaje maldito; por último, los adversarios sólo se contraponen a los intereses del personaje principal 

Aunque el título me hizo pensar que ahondaría más sobre esta clasificación, en realidad, el libro es un agradable promotor de la lectura: Fernando Savater nos cuenta parte de las anécdotas a partir del malo en cuestión y nos dice porqué son interesantes las obras de las que habla: El cíclope de la Odisea, el fantasma de Canterville, Lady Macbeth de Macbeth, Chaka de La maldición de Chaka, la criatura de Frankenstein; Gollum de El señor de los anillos, los velocirraptores de Parque Jurásico, el capitán Nemo de 20,000 leguas de viaje submarino... por mencionar a los más conocidos.

Una lectura ligera, fresca, con buen manejo del suspenso que por supuesto invita a la lectura de la fuente original que cita Savater en cada uno de sus capítulos. Personalmente se me antojó la lectura de El hombre que fue jueves, de Gilbert Keith Chesterton y El juez Di de Robert van Gulik, títulos y autores que no conozco.

Por un momento pensé en los You tubers: no se pelea el comentario de calidad con el tono ligero y juguetón que puede ser atractivo para un adolescente. De hecho, mientras leía, podía imaginar este material en un formato para podcast, utilizando otro canal que no sea el visual (texto impreso) para promover la lectura.

Doble palomita para Alfaguara: promocionar la lectura con un escritor de pluma amigable.


                                                    Malos Y Malditos – Fernando Savater


Malos y Malditos. Savater, Fernando. Ilustraciones de Juan Ramón Alonso. Col. n° Impar. Ed. Alfaguara.






30 de octubre de 2014

Como ser un hijo de la cloaca y no morir en el intento

Una amiga pedagoga, tiene la hipótesis de que un hijo no deseado muestra mayores problemas de aprendizaje que uno que sí fue planeado y querido. No sé si esto es cierto o no, pero sí creo que puede ser angustiante, cuando no doloroso, el ser un hijo de la cloaca.

Hay dos películas en especial que me gustan por la forma en la que plantean el tema de ser un hijo de la cloaca y sobrellevarlo: Mi villano favorito y El juez.

                                            


En Mi villano favorito, la madre de Gru -a pesar tener pocas escenas-, intimida con su presencia y podemos  percatarnos de que es dura y cortante con su hijo. Y aunque al final,  la opinión sobre su hijo es mucho más benévola de lo que podíamos imaginar, por su parte Gru, estaba angustiado por conseguir el robo más grande en la historia del crimen para trascender y ser reconocido por ella. Sin ese motor, la película no existiría:  la motivación de Gru es ser el mejor para ganar votos con su madre. Y va complicando su vida sin pensar que logrará complacerla cuando deja de buscar su aprobación. Claro que esa no es la historia central, pero es lo que va a conformar el carácter de Gru y lo que nos causa tanta gracia cuando convive con las niñas: su torpeza ante la ternura. Su vínculo afectivo con las tres niñas, (que además son huérfanas), es lo que lo salva  de la amargura.

                   

Y con El Juez, bueno... Hay que verle los ojos a Robert Downey Jr. cada que discute con su padre. Durante toda la película recibe un sartenazo tras otro como si fuera el primero: siempre se regresa al punto de la historia donde todo se torció entre ellos dos. No es algo menor lo que provoca la fractura, sin embargo, para un hijo de la cloaca siempre queda la pregunta ¿Y si las cosas hubieran sido al revés, el rencor sería para el otro hermano? 

En mi caso (y salvando la distancia) por alguna razón, mi madre siempre presupone que si algo desapareció o no se hizo, la responsable soy yo. Por el contrario, cuando algo se hizo bien, seguramente alguien más tuvo la iniciativa... Se esfuerza para no hacerlo, pero el inconsciente la traiciona.

De esta forma, si el Juez Palmer basa su rencor hacia Hank, en el hecho de que cambió la fortuna de su hermano, ese destino era un volado, algo incierto y no comprobable. Por eso se convierte en la historia de un hijo de la cloaca, porque la distancia entre ellos tiene que ver con esas cosas muy íntimas que se da entre padres e hijos de manera natural, biológica o química (no tengo nombre científico para esas desavenencias), no por un sólo hecho específico. 

En ambas películas, los protagonistas logran reconciliarse con su condición de hijos de la cloaca cuando encaran la situación y dejan de arrastrar el pasado. Cuando dejan de ver al otro como  un contrincante a quien deben ganar en el juego absurdo de "A que me quieres" v.s. "A que no". Absurdo por que el cariño se siente o no. La cantidad, cualidad y calidad del mismo no siempre depende del objeto o persona que recibe el afecto, sino de quien lo siente. Por supuesto, ninguna de las dos películas pretenden ser recetas o moralejas de cómo dejar de ser un hijo de la cloaca. Se trata  del proceso específico de cada personaje que consigue ponerse en paz con la vida.


                                            ... que uf en serio tienen que verla y hablo de Mi Villano Favorito

13 de octubre de 2014

De la ausencia y la impunidad

La marcha  desembocó en la secretaría de Gobernación y antes de que el mitín terminara, se dio la desbandada. A mi lado caminaba una mujer mayor a toda prisa y en algún momento nuestros pasos se  emparejaron y empezamos a hablar. Su historia abreviada me impactó un poco menos que su propia persona: mujer enjuta, pero de vientre abultado; chongo cano, suéter de estambre, falda amplia por abajo de las rodillas, una playera, un suéter de estambre y unos polvorientos zapatos cuadrados. Había perdido una hija en el año 71. Desaparecida veinte años atrás: no muerta para ella, su madre, que no tuvo un cuerpo que enterrar. No era estudiante, más bien pertenecía a una organización social.

Era mi época de CCH, en una de esas marchas a las que iba sola y la sensación que me dejó ese encuentro es algo que guardé en mi archivo de miradas sin compartirlo. Estoy hablando de una mujer de naturaleza recia que no se autocompadecía y no buscaba compasión. Sus ojos eran más bien fríos y filosos. Sus palabras, entrecortadas por el apretado paso de la caminata hacia el metro, secas y rápidas.

Cuando llegamos al metro, nos separamos pero yo seguí pensando en esa mujer. No recuerdo por qué marchamos ese día, pero en mi cabeza, este acto cobró sentido después de ese encuentro. Estábamos ahí no sólo los estudiantes adolescentes y las organizaciones sociales, en esa columna de gente, también estaban los que no tenían sosiego en su corazón. 

Por salud, dicen que es recomendable olvidar. ¿Pero qué haces con la incertidumbre que deja la ausencia de un desaparecido?, ¿ De qué forma te pones en paz con la vida?, ¿Cómo te despides de tus muertos si no existe un cuerpo que te ayude a afrontar el duelo?

En la marcha del miércoles pasado por la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, me llamó la atención la gente que marchó sin tener un contingente específico  o que estuvo en las banquetas con sus pancartas acompañados de niños. Creo que independientemente de los motivos políticos de estas desapariciones, está presente el hecho de la impunidad en la que se mueven los gobernantes en este país. 

Y aunque este modo de operar no es  nuevo y menos en provincia, el descaro y la magnitud del hecho es lo que hace que por un momento, en estos tiempos, quepa un gesto de solidaridad hacia quienes hoy en día, la única certeza que tienen es que alguien les hace falta. 


                                           





6 de octubre de 2014

Para verte mejor: Los ojos del perro siberiano y Melany


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Para terminar mis notas sobre la colección  Zona Libre de editorial Norma,  voy a retomar Melany, historia de una anoréxica de  Dorothy Joan Harris y Los ojos del perro siberiano de Antonio Santa Ana.

Lo primero que tengo que compartir, es que aunque me resistía a leer Melany, historia de una anoréxica porque ni el título ni la portada se me antojaban, Los ojos del perro siberiano me convenció de  empezar esa otra lectura. Y aprendí cosas.

Los ojos del perro siberiano trata sobre la relación de dos hermanos en un contexto de VIH. Entre ambos hay una considerable diferencia de edades, no viven juntos y de hecho, la familia se opone a que haya trato entre ellos. La curiosidad de uno y la madurez del otro, les lleva a conocerse y compartir los últimos momentos en los que han de coincidir en vida.
                                                                            
Me agradó el tratamiento que se le da al tema, poniendo el énfasis en la doble moral familiar y en los lazos de fraternidad que se tejen entre los dos jóvenes.  Me recordó en varios momentos mi trato con mi hermana mayor y lo torpe que te hace sentir el no saber cómo acercarte a los tuyos en los momentos difíciles.

Antonio Santa Ana
Tomado de www.festivalazabache.com
                                                         

Y así llegué a la novela de Dorothy Joan Harris y su historia sobre la anorexia. Aquí el tema sí es el eje y la narración abarca desde que Melany, la protagonista empieza con su trastorno alimenticio, su paso por el hospital y su posterior recuperación.

Lo que rescato de la historia, es que se parte de la familia como detonante del problema: entre una madre obsesionada con las dietas y un comentario del padre sobre el aspecto de su hija,crean el ambiente adecuado para que Melany reaccione a una serie de estímulos que la llevan a querer cambiar su apariencia. 
Dorothy Joan Harris
Tomada de desafíoliterario18.blogspot.com

La novela es ante todo una historia didáctica y en ese sentido,  me impactó  la explicación de los daños colaterales que provoca la anorexia: la anemia y los consecutivos paros cardiacos. Es curioso porque aunque esto último ya me lo había dicho el médico en la vida real, en la novela resulta  muy gráfico cuando otro personaje que también padece anorexia, muere por realizar ejercicio cuando su corazón aún no está en condiciones de soportar actividad física pesada.

También me hizo pensar en la negación del problema por parte de quien la padece. Si me parece terrible la ceguera en la podemos caer con la certeza de que las cosas no nos están pasando en casos cotidianos, el problema es peor cuando se trata de una enfermedad. Me  pegó el argumento de un alcohólico que le decía a su hermana que su alcoholismo no perjudicaba más a su familia que el  mal de ella viviendo con un marido celoso o el problema de sobrepeso de la otra hermana. ¿Por qué a él no lo podían dejar vivir así?

Supongo que el argumento es válido en tanto que las tres situaciones implican una mala calidad de vida y dolor para para quienes son testigos de algo  que no les parece sano,  sin tener la posibilidad de cambiar las circunstancias del otro ser querido porque para el otro no significan un verdadero problema.

Tal es el caso de Melany: ella se considera como un ejemplo viviente de lo que es la fuerza de voluntad y cree alcanzar la perfección si consigue la meta de ser delgada sin darse cuenta de que atenta contra su salud física y mental.  Ignoro si a una adolescente que presenta un cuadro de anorexia pudiera interesarle esta lectura, pero sin duda, aporta información  de manera muy accesible.

Dos novelas que posan la mirada sobre problemas actuales desde la joven mirada de sus personajes.
           
                                                   titulo los ojos del perro siberiano autor antonio santa ana sinopsis ...

5 de octubre de 2014

Le journal, una forma de sobrevivir al to-to.

Le Journal cuenta la historia de tres mujeres que en medio de una situación desesperada, muestran la esencia de su personalidad provocando la risa y la empatía del público. La actuación y el manejo de la técnica clown por parte de las actrices, es el plato fuerte de este montaje dirigido por Artus Chávez.

Con una estética que se apoya en la textura del papel impreso, Le Journal, es una historia sencilla -en apariencia- que deja al descubierto nuestro lado  más oscuro cuando de sobrevivir se trata, y sutilmente (apenas esbozado), la explotación del hombre por el hombre  y las diferencias sociales tan vigentes aún. Así, cuando vemos en escena a Madame Marsha Mellow (Nohemí Espinosa) poner en aprietos a su sirvienta Matilda (Cecilia Noreña) y luego  ésta, tomar de  "asistente " a la ingenua  Mildred (Jimena Saltiel), podemos reconocer la indolencia humana hacia el otro. El humor blanco despoja de realismo una situación  cruel y la transforma en un divertido juego escénico. 

                                      Le Journal.

La técnica de Nohemí Espinosa y el carisma de Cecilia Noreña  en el personaje de Matilda hacen de este montaje, un espectáculo divertido que te deja un buen sabor de boca y como espectador, te hace partícipe de un teatro que es como un juego de niños visto desde el ojo de una cerradura o a través de una ventana.

Le Journal  se presenta sábados 13:00 hrs. y domingos 11:00 y 13:00 hrs. hasta diciembre, en el Foro Shakespeare, a unas cuadras del metro Chapultepec.


                                                                       



25 de septiembre de 2014

Teoría y práctica de la estupidez

Como el razonamiento lógico no es mi fuerte, me agradan los filósofos que hacen accesible a los efímeros mortales como yo, su saber. La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez parte de la premisa de que el ser humano no viene a un valle de lágrimas, sino a ser feliz en este mundo; sin embargo, el fracaso de la inteligencia operativa, puede llevarle a malograr esta empresa.

Por principio, si uno tiene esencia refunfuñona y no creemos que necesariamente estamos aquí buscando la felicidad del otro lado del arcoiris, ya podemos cerrar el libro.  Sin embargo, lo que a mí me gustó del libro, es que tiene muchas referencias literarias, psicológicas y pedagógicas que me llevaron de la mano capítulo tras capítulo.


                                                     


Más aún, cuando en el epílogo te especifica su concepto de felicidad donde nada tiene que ver con el tan cacareado éxito ni con satisfacer  las necesidades básicas de nuestro cuerpo sino con la búsqueda del bienestar y la creación. Esta parte me parece especialmente interesante porque argumenta tomando en cuenta la otra postura, la del ser oscuro, lánguido y melancólico, el mismísimo espíritu propio del romanticismo. ¿Qué hubiera pasado con los grandes artistas y pensadores que pagaron la grandeza de su obra con la desdicha de su vida? ¿Hubiéramos preferido personas más satisfechas con sus destinos a costa de no contar con dichas obras? 

Argumenta también sobre las creencias y conceptos que  han evolucionado o cambiado radicalmente de sentido y por lo cual son desdeñados, como el ser "buena persona", provocar ternura, "ser inocente", bondadoso, o incluso, ser feliz. De ahí que se prefiera estar del lado de  la desdicha y la perversidad antes de pasar por bobo, cobarde o ñoño.

José Antonio Marina  dice es que el ser humano tiene la capacidad para desarrollarse en ambos lados de la moneda gracias a su naturaleza dual: el reto es poder equilibrar nuestros impulsos aún cuando éstos sean contradictorios. Y para lograrlo, apela a la sabiduría, que para él,  "es la poética del vivir". Y aquí recupera lo que al inicio nombra como el triunfo de la inteligencia. 

En los primeros capítulos habla de la inteligencia, concepto, fines y tipos. Fernando Marínez Monroy, decía en clase que la diferencia entre un erudito y un  sabio, es que el primero acumula conocimiento  y el segundo conoce cuál es su lugar en el mundo. De igual forma, José Antonio Marina distingue la inteligencia estructural,  la que es posible  medir por medio de tests y la inteligencia ejecutiva, es decir la que pone en uso la capacidad de la inteligencia estructural.


                                                       

De ahí parte para desglosar en cada capítulo lo que él considera la inteligencia malograda, los fracasos cognitivos, los fracasos afectivos, los lenguajes fracasados, el fracaso de la voluntad y aquí es donde el puerco torció el rabo para mí como lectora. Encontré un concepto que no conocía en la teoría, pero que en la práctica es el pan mío de cada día: la procastinación. 

Y aunque suena feo, el significado es más que horrible: es la convicción de que mañana se hará mejor X tarea. Y al día siguiente se sigue manteniendo la misma convicción. Como el letrero aquél que reza: HOY NO SE FÍA, MAÑANA SÍ. 

Otra cosa que encontré en este libro, fue esclarecer por qué no me convencía el rollo de la Inteligencia Emocional de  Daniel Goleman. Marina hace un breve repaso del estudio de las emociones desde el punto de vista de la psicología, pero lo redondea desde la filosofía. Y resume en dos consejos el libro de Goleman: "conócete a ti mismo y no dejes que la pasión se adueñe de tu alma" (pág.55). Coincido en que no basta con ser un erudito de ti mismo para cambiar. Es necesario cambiar tu forma de concebir la vida y actuar en consecuencia, lo cual no es ni fácil ni inmediato.

José Antonio Marina, se declara un optimista que cree en la inteligencia aplicada a la creación de una vida buena frente a la estupidez humana de la crueldad, la obcecación, la matanza, etc.,  no desde la omisión de la sombra, sino reconociendo nuestro potencial destructivo y autodestructivo que nos impide ver el otro lado de las cosas. 

Tomado de La vaca Multicolor
                                                              


Me di una vuelta por su página y me quedaron ganas de leer otros escritos suyos. Dejo el link por si fuera de su interés. http://www.joseantoniomarina.net/



La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez. Marina, José Antonio. Ed. Anagrama. Col. Argumentos.

22 de septiembre de 2014

Letras sonoras

Personalmente, disfruto que me hablen al oído: desde esas cosas de enamorados, un chisme  o el teléfono descompuesto. Las sensaciones son distintas, pero en todas los casos entra en juego la cercanía de la otra persona y tu propia sensibilidad.

Me gusta oír la radio porque me permite hacer otras cosas sin que me tenga sujeta a un sólo lugar. Pero tratándose de libros, sí me parece necesario dedicarle atención exclusiva a la lectura; así se trate de un libro palomero.

Recientemente, volví a escuchar el podcast de la UNAM con regularidad. Anteriormente había escuchado Ensayo sobre la ceguera de Saramago y me quedé con la sensación de haberme saltado párrafos o incluso páginas. Entendí la anécdota e identifiqué las emociones de algunos sucesos, sin embargo,  con este formato, pasa como en el cine, vemos (o escuchamos) lo que el director quiere que veamos. Al final me pareció que seguramente, me perdí de muchas cosas que se pescan entre líneas, ya que al ser una adaptación, el material no viene completo y está supeditado a los intereses y parámetros de quien hizo la adaptación. 

 No obstante, para textos más cortos o no literarios, este medio electrónico podía funcionarme.  Y así escuché algunas obras de teatro, cuentos, un texto científico y obras sinfónicas mientras preparaba o tomaba mis sagrados alimentos y el resultado fue provechoso.

También incursioné en los audiolibros. Probé con uno palomero que me había comentado una amiga de Letras hispánicas, pero no me gustó la experiencia. Entre el fondo musical y el ritmo del narrador, me aburrí. Quizá más adelante lo intente con otro tipo de libro para saber si es el medio lo que no me gusta.

Y lo último que revisé en este intento de acercarme a la tecnología y empatarlo con mi gusto por las historias de otros, sin tener un libro en las manos,  fue el canal de You tube Las palabras de Fa y un video sobre Book tubers. Revisé rápidamente Viviendo entre libros, Polloalfabético y The coffe and 
Books y básicamente encontré la línea general de este medio de difusión de lecturas.

Para quienes como yo (hasta hace unas semanas) no sabían nada sobre los Booktubers, son chavos que comentan sus lecturas desde lo que les gustó o desagradó de un libro. Dicen (no me consta porque no los encontré en mi mini búsqueda), que hay gente con una formación académica en letras que también tiene su canal en el que  hacen  reseñas de libros (se supone que Fa estudia letras, pero no hace análisis formales). 

Husmeando en uno de estos canales, me enteré del agarrón entre Ana Garralón, quien escribe para la revista Letras Libres y la comunidad de Book tubers a partir de su artículo Retrato del reseñista adolescente, escrito en este mes patrio. Es un artículo que a grandes rasgos habla del oficio del reseñista  y la falta de rigor literario de lo que se presenta en estos videos. La respuesta no se hizo esperar por parte de los Book tubers y contraargumentaron lo escrito por esta crítica (no hablemos de los términos ni de la consistencia de sus argumentos. Por lo menos el video de Polloalfabético, me pareció de mal gusto).

Al respecto sólo voy a decir que los Book tubers tienen un público muy específico al que dirigen su trabajo. No dan gato por liebre: lo que dice  Ana Garralón es cierto, pero tampoco prometen a sus seguidores una cosa diferente: sólo un rato agradable para hablar de libros. Quienes quieren un comentario profesional, busca un crítico literario, no un video en You tube donde  un tercio del video ni siquiera trata sobre el libro (apechugo si me leen y me catalogan como otra "veterana del siglo pasado", pero generalizo desde la contante que yo encontré). 

La cantidad de visitas a estos canales, es bastante respetable, lo cual nos habla de que hay una demanda de este tipo de material. (Lo que responde en buena medida a mi pregunta sobre  ¿Qué leen los jóvenes que si leen?) Si además le sumamos que los comentarios van en torno a que ya se leyó el libro en cuestión o se pretende leerlo o que no comparten el punto de vista, estamos de gane porque se está leyendo y escribiendo.

Definitivamente, la brecha generacional me lleva a no ser una seguidora de los Book tubers, pero agradezco al fenómeno Book tuber el estar aquí sentada -ahora mismo- redactando estas líneas. 



Foto: Hola, ¿Cuales son sus libros favoritos? :3
Abril 'Stewαrt∞
Tomado de facebook.com/ViviendoEntreLibrosOficial


                                               
   



27 de agosto de 2014

Una breve sobre una grande

Con toda certeza no diré nada que no se haya dicho antes, pero no puedo dejar de expresar mi asombro ante Cien años de soledad. Esta primavera, tan sólo un par de días antes de la muerte física de Gabriel García Márquez,  empecé la  lectura de esta novela, así que la noticia del deceso me cayó de sorpresa. ¿Cómo podía morirse, si apenas nos estábamos conociendo?  

                       

Cien años de soledad es, como dicen los que saben: la onda. Me sorprendió lo ágil que resulta su lectura, lo envolvente de la trama y el vertiginoso ritmo del final. A pesar de haber leído otras novelas y cuentos de García Márquez, sólo con Cien años de soledad  entiendes la trascendencia de Gabriel García Márquez en la historia de las letras. ¡Qué clarividencia para ver dentro del alma de sus personajes! La sensación después de leer esta novela fue de entender lo que es la magnificencia: como conocer la historia de la humanidad en 400 páginas.

Me gustó mucho el manejo que hace de sus personajes femeninos: Úrsula, Amaranta y Pilar Ternera mis favoritas.  Me causó admiración la fortaleza de Úrsula y el empuje de José Arcadio Buendia; lo etéreo de Remedios la bella; la crueldad de Amaranta sobre todo para sí misma; la rigidez de Fernanda; la generosidad de Petra Cotes y la empatía de  Pilar Ternera.

Y el final es sorprendente: tanto esplendor, derroche, penuria, sobresaltos, maldiciones y llanto borrados por un ventarrón. Tan inútiles los esfuerzos  de  la que hizo todo por perpetuar su apellido como  las que se dejaron  guiar por el orgullo; las apariencias; la soberbia; el que buscó la sabiduría inalcanzable; el que apostó por el derroche y la indecisión. El sinsentido de las guerras; la porquería que viene ligada a la política; el capitalismo disfrazado de progreso. Al final, lo único que se conserva es el momento vivido: ni el recuerdo perdura ante el remolino que ha de borrar de la faz de la Tierra a Macondo.


                   


Un acertado y merecido encuentro con  Cien años de soledad. Gracias,  Gabriel García Márquez.










13 de agosto de 2014

Celda 211

Seven me impactó mucho la primera vez que la vi, a mediados de los noventa. Hace como una semana la volví a ver y aunque el efecto sorpresivo del final ya se perdió, lo cierto es que el planteamiento no deja de ser escabroso: la delgada línea que separa al asesino y al justiciero.  

                                            

De hecho, una de las historias que más me gustan de Batman, es la de la novela gráfica Arkham Asilum: A serius house a serious earth, donde él mismo desconfía de su cordura y teme llegar a sentirse como en casa al entrar a Arkham

En Celda 211, vemos no sólo el cambio de rol de Juan Oliver, sino también - y sobre todo- de percepción de lo que significa el sistema carcelario español. Así pasa de funcionario de prisiones a líder del motín de reos.
                                              

De entrada, lejos del esquema hollywoodense, el policía no acaba matando a todos los presos para salir bien librado. A través de la mirada de Juan Oliver, podemos ver la contraparte de  lo que es un reclusorio: paredes arañadas con mensajes anónimos de presos que intentan dejar vestigios de su existencia; amistad, lealtad, policías sádicos..

Mientras veía Celda 211, en un flashazo me vino a la memoria The dark night, cuando el Joker les plantea a los rehenes que están en diferentes buques, eliminar al otro grupo para poder sobrevivir. ¿Quién merece vivir: la mejor sociedad de Gótica o los reos de alta peligrosidad?, ¿Qué grupo resulta más humano en su decisión?, ¿Quién puede decidir qué vidas son más valiosas que otras?

                                                     

El personaje de Malamadre me resultó conmovedor. Es un hombre que a pesar de la apariencia ruda, al entrar en contacto con Juan Oliver, podemos ver su otra faceta: la de un hombre mucho más sensible de lo que admite públicamente. Desde el principio vemos que muestra simpatía por Calzones y de ahí en adelante, lo veremos confiar -prácticamente- en  un desconocido. A Juan Oliver,  por su parte, le va cambiando la vida con cada acción que va tomando dentro de la prisión, hasta ser parte del registro mudo de la pared de su celda.

                                            
                                                                   

Al final resulta descorazonador ver lo que desde el principio sabes que pasará: un Estado que asesina; que manipula la información; que traiciona  a propios y extraños. Una fuerza abstracta que oprime hombres que antes llevó al extremo de la violencia y la desesperación.

Nada se sabe sobre los antecedentes penales de ninguno de los presos: no importan. El guión se centra en los vínculos que se estrechan o se rompen en la prisión con la llegada de Juan Oliver (Calzones) y su camino hacia el horror.  

                               


Lo gacho y lo chido

Después de cuatro meses de reposo (¡Jo! Me imaginé como una mantecada) y una vez superada la etapa del dolor físico y las desveladas por los horarios de medicamentos; seguida o acompañada de una ansiedad por no perder el tiempo,  finalmente, julio representó para mí el primer mes en el que me cayó el veinte de que estoy en pausa. Esto significa que no tengo que justificar con números -de ninguna índole- lo que estoy o no haciendo.

Desde la primera semana en que salí del hospital, procuré sentarme sobre la cama o estar de pie. Acostarme de tiempo completo hubiera significado asumir que estaba ENFERMA y una sutil nube anímica me decía que no podía darme el lujo de achicopalarme. No cuando había jurado solemnemente que por lo que a mí tocaba, iba a hacer todo lo posible para recuperarme rápidamente. Tuve miedo de caer en un estado depresivo si le habría la puerta al llanto. Mi prioridad fue restablecerme en lo físico.

Ahora no sé si ocupar mi cabeza con lectura fue lo mejor o si por el contrario, debí llorar todo lo que se me antojara aunque no supiera ni a razón de qué, tanto sentimiento. Pero no me lo permití entonces y ahora es una posibilidad abierta. A llorar se ha dicho, si lo necesito. Y es que los cambios hormonales me tienen frita. Pero eso es motivo de otra entrada. Hoy quiero engalanar el blog haciendo mi propio listado de Lo gacho y lo chido de... Como en el Tentero, publicación para niños que me divierte mucho.

                                                                                                  

LO GACHO Y LO CHIDO DE LA OPERACIÓN

Lo gacho                                                                                                      

  • Es que me sacaron el aserrín.                                                      
  • Tengo cambios físicos.                                 
  • Tengo una gran cicatriz.                                                                
  • No puedo cargar cosas pesadas.                                               
  • Los exámenes de rutina para detectar anomalías.    

Lo chido

  • Es que ya no tengo un problema de salud
  • Mi complexión es parecida a la que tenía antes de enfermarme.
  • No está tan feo el zurcido.
  • Mi familia me apoya cuando lo requiero.               
  • Los análisis son anuales.


                                                                     

LO GACHO Y LO CHIDO DE  PERDER EL TRABAJO FIJO

Lo gacho                                                                                  

  • Que  no tengo un salario seguro.                                              
  • Extraño el trato humano con alumnos y compañeros.           
  • Ya no chacoteo con mis amigas en los ratos libres.                       
  • El ocio es mal consejero.                                                            
  • Perdí el hábito de despertar temprano.                 
Lo chido
  • Como no salgo, no gasto.
  • Hay gente y prácticas que no extraño.
  • Tengo tiempo para leer sólo lo que me gusta.
  • Reencontré la encuadernación.
  • Disfruto la intimidad y la lucidez que me brinda la noche.


Puedes acceder a la versión electrónica de El Tentero  en  www.eltentero.com.mx. "Para que sepas lo que no debes". 


                             
                                   






8 de agosto de 2014

Atalanta y El fugitivo


Grupo Editorial Norma tiene una colección llamada Zona Libre, con novelas juveniles cortas. De ahí mis últimas lecturas: Atalanta de Stephanie Spinner y El fugitivo de Terence Blacker.

La primera, Atalanta, es una versión sobre el mito griego del mismo nombre. Con una estética de este nuevo cine de Disney, se queda en una narrativa que esboza emociones sin llegar a profundizar en la mente o en el alma de los personajes, termina con un final apresurado que remata con una nota didáctica en la que menciona que hay por lo menos otras dos versiones sobre la muerte de Atalanta. Sólo  le falta agregar que si no te gusta su final, le pongas el que mejor te parezca. 





Lanza un buscapiés con  el personaje de Jasón, insinuando un lazo fuerte entre Atalanta y él sin que pase nada trascendente entre los dos. Y no necesariamente me refiero a un romance, si no a que más allá de que él es un personaje famoso y ella una humilde cazadora a la que Jasón le palmotea la espalda como reconocimiento a su talento con el arco, no pasa nada sin él en la historia. Es una carta que pone sobre la mesa y después no juega con ella.

Definitivamente no es de fiar una novela cuya autora abandona a sus personajes a un final incierto por tener una trama endeble,en lugar de tomar una postura frente al mito. Si no, ¿para qué hablar de Atalanta?, ¿Qué la hace especial para la autora?, ¿Cuál es el objetivo de presentárnosla?

Atalanta es la historia de una adolescente que quería ser cazadora, pero debe darle gusto a su recién conocido padre tirano y casarse sin agraviar a Diana ( a quien había ofrecido permanecer casta) y por un pequeño descuido lascivo, otro dios la castiga convirtiéndola a ella y a su amado esposo, en osos cariñosos. ¿Moraleja? Come frutas y verduras. En realidad no lo sé.


Por el contrario, El fugitivo,  al principio me pareció un lugar común. Sin embargo, conforme la trama avanza, se vuelve más atractiva, graciosa y muy humana. Todo forma parte de los recursos del autor. De hecho, él mismo se burla de los clichés en los que cae Nicky, el personaje principal, pero en el último momento barniza la situación y la libra de lo ordinario.

 En ciertos aspectos, El fugitivo me recordó vagamente Paseo en tiempos de guerra. No es tan oscura, pero si toca puntos sensibles de la vida adolescente en intersección con la vida adulta. La parte más dulce por conmovedora, es la del capítulo con Mi sol. No paraba de reír con la forma de reaccionar de Nicky, pero sin olvidar lo desolada que resulta la realidad de esta mujer. Me gustó.
                                                                      


Curiosamente, mientras buscaba imágenes para esta entrada, leí algunos comentarios de gente que ha leído el libro y me llamó la atención encontrar referencias sobre la densidad de la novela sobre todo en algunos capítulos. El Fugitivo tiene 168 páginas, con una fuente como 12 y cada inicio de capítulo el texto empieza a media cuartilla... sólo por hablar del formato. Del contenido, ya comenté que es bastante accesible la traducción.


En la entrada anterior, mencionaba mi corte de venas en el CCH, con Demian. Incluso, algunos  contemporáneos, leyeron a Sartre hasta con menos de quince años. ¿Qué  leen ahora los adolescentes? 

No desconozco que Volar sobre el pantano y Quióbole forman parte de la bibliografía recomendada por algunos profesores de secundaria. Bueno, ni yo con mis treinta y cinco años  me chutaría Arráncame la vida, que sí les hicieron (por lo menos), comprar a los alumnos de tercer grado de secundaria en mi ex plantel laboral. ¿Qué leemos los adultos que tenemos contacto con esos adolescentes?

También encontré breves reseñas de El fugitivo, escritas por gente que evidentemente, no leyó la novela, pero que religiosamente se registraron en el blog que se les indicó para que les tomaran la lección. 
Terence Blacker
                                                                    

En estos tiempos vertiginosos,  ¿Cómo nos reconciliamos los humanos con los libros? 













22 de julio de 2014

Memorias de una chica formal

Salí de la Biblioteca Central rumbo a los pastos de Rectoría. Era un soleado día que estaba dispuesta a disfrutar cuando alguien me detuvo. Bastó mirarla para recordarla: Mireya. Cuando la conocí, ella estudiaba filosofía en CU, pero iba con frecuencia al CCH a la danza mexica, cuando este taller todavía era parte del TACO. Solíamos platicar mucho e incluso me llegó a prestar grabaciones de programas de radio sobre el movimiento estudiantil del 68 y del 71, sin yo pedirlas y ella sin desconfianza de perder sus cintas.

Recuerdo también que en alguna ocasión me acompañó a salonear  por aquella iniciativa de ley "187", en contra de los inmigrantes indocumentados. Eso me brindó más seguridad. Previamente, me  cuestionó sobre el contenido de dicha iniciativa y al final se decidió:

- Bueno, esto no se hace (salonear sin estar informado)... Pero vamos, te acompaño.

De regreso a  ese día en CU, ella me saludó con un efusivo abrazo. Yo le correspondí doblemente emocionada: por reencontrarla y por haberse acordado ella de mí. Poco me duró el gusto después del breve intercambio de frases. En su lugar, el encuentro me dejó cierto sospechosísmo sobre mí:

- ... Discúlpame, no me acuerdo de tu nombre, pero me acuerdo mucho de que ti, por lo que decías de Demian...
- ¿?
- ... de Herman Hesse...

 
Dijo algunas cosas más respecto a mi apasionamiento en aquellas viejas charlas y luego, tras comentar su paso de Filosofía a Ingeniería (civil), nos dimos un último beso de despedida. Según su versión oficial, ella estuvo equivocada: no era desde la filosofía que se puede cambiar al mundo, sino desde el hacer cosas que verdaderamente ayuden a la gente en la vida real. ¡Toing!

Sin embargo, si yo recordaba a  esa mujer, era porque me sentía comprendida por ella: se interesaba en lo que le decía. Prueba de ello, es que sin recordar quién demonios era yo, retenía en esencia que Hesse había sido importante en mi vida. Es decir, ella hizo algo verdaderamente importante por mí en aquellos días: me escuchó.
La edad ingrata, como la llama Simone de Beauvoir, para mí no sólo fue ingrata sino descarnada.

Más en el CCH que en la secundaria. Quizá porque en ésta última, los malos momentos los vas campechaneando con la complicidad de tus cuates y la vertiginosidad de los cambios hormonales apenas te dejan tiempo para sufrirlos demasiado a fondo.

En cambio durante el CCH, por lo menos yo, siempre tuve la sensación de soledad a pesar de los pactos ensalivados con mis amigas. No sé si era asunto de mi generación o de mi  carácter, pero en cuanto empezaba a sentirme a gusto, las piezas se movían y otra vez me sentía desolada. Reviví ese malestar que me escocía en aquellos años de adolescencia mientras leía Memorias de una chica formal de Simone de Beauvoir.

 
Eran tiempos en los que -al igual que ella- sólo entre libros me sentía bien. Y todavía entonces, había días en que me parecía vano vaciar páginas: nada podía hacer con esa soledad encaramada a mi espalda. El teatro era apenas un espacio-tiempo en el que la adrenalina de estar en escena -aún en ensayos- me hacía sentir que estar vivo tenía algún sentido. Pero una vez agotada la efervescencia de los aplausos y los abrazos, mientras el resto celebraba, había algo en mí que no terminaba de integrarse al regocijo general. De ese tamaño era el azote.

En esos días el alcohol no era una opción: ni me atraía y más aún, entre menos elementos pudiera darle a mi madre para recortar mi campo de acción, era mejor evitarlo. Tengo la impresión de que ella no tenía ni una idea de quién era yo. Y mientras ella se imaginaba quién sabe que historias pecaminosas, yo me empecinaba en una moral que lo más ilícito que se le ocurría, era ahogarme con un cigarro mentolado. Pero como aquello no eran Chocoretas, lo dejé bien pronto. Jamás le hallé ni el modo ni el gusto.

Ahí también encontré similitudes con Simone de Beauvoir, aunque por razones distintas. Yo no tenía argumentada mi postura: mi actitud nada tenía que ver con subordinar a la pureza del espíritu lo carnal. Todo se resumía en una terca moral seguida tal como me fue inculcada para poder restregársela a la cara a mi madre en cuanto se requiriera. Nunca lo hice, aunque ensayé mis diálogos mentalmente muchas veces.

Nunca me he considerado rebelde, pero desde esa primera etapa de adolescencia, eran tiempos ríspidos en casa. Así que no había que hacer mucho para que ardiera Troya. Mi madre -supongo- encaraba la vida desde lo que le tocaba vivir y yo, empezaba a forjar mi carácter.

Beauvoir va más allá cuando narra lo que le costó no sólo encontrarse, sino despojarse de la educación y la fe recibida en su familia; además de  enfrentar el rechazo que sus padres le demostraban a partir de sus nuevas ideas. El choque de dos formas de concebir el mundo. Resultó un alivio para mí tener hermanos mayores que en buena medida me sirvieron de referencia intelectual y cultural por lo que si hacía falta apapacho o un espacio para dar mi punto de vista sobre lo leído, lo tuve ahí, entre mi sangre.

No sé exactamente cuando rompí con la religión. Tengo muy presente a la maestra de Historia (en la secundaria), cuando nos decía que las religiones eran motivo de unión, pero también de guerra entre las naciones. Eso derivó en una marcada reserva hacia la Iglesia como institución. Lo que me hizo gracia, en medio de la lectura, fue encontrar las discusiones monologadas de Simone con Dios. Yo también recuerdo haberle avisado sobre mis dudas y que necesitábamos restablecer los  términos de nuestra relación, como un gesto de miedo-respeto por las posibles represalias o simplemente, evitar el agravio. Pero a diferencia de Simone de Beauvoir, no me generó mayor conflicto ni personal ni familiar.

En ese punto mi familia se ha colocado dentro del bloque de creyentes, lo cual les permite no seguir todos los ritos y fiestas católicas al pie de la letra, así como creer en la injerencia que tienen en nuestras vidas Jesús, vírgenes, santos o dioses  prehispánicos. En el altar de la casa conviven armoniosamente un dios del maíz (que compró mi papá en Monte Albán); imágenes de la virgen de Guadalupe; la virgen de Sta. Rosa; un crucifijo; la virgen de Juquila y el Santo niño de Atocha compartiendo flores y veladoras.
También encontré puntos de relación en lo expuesto por Simone de Beauvoir y el libro de La metagenealogía de Jodorowsky,  específicamente en la relación con sus padres y su hermana. Sin embargo, lo expuesto por ella en este primer libro, sólo son las memorias de esos días. Hay cosas que analiza, pero muchas otras que describe sólo  para dejarlas asentadas.

Memorias de una chica formal me hizo reír por las identificaciones más cínicas de la niñez, pero sobre todo, me hizo pensar en una etapa muy oscura de  mi vida. Alguna vez, ya terminada la universidad, releí algunos diarios de esa época y noté lo azotada que era en esos días.  Con la lectura de Beauvoir, reconocí el coraje, un gran vacío y la falta de sentido que tenía la existencia entonces.
                                                                 
Me reconocí en la soledad y en esa necesidad de no perderme entre el montón de gente; de ser aceptada sin ceder  en mi individualidad; de aferrarme a las letras como tabla de salvación. Me reconocí en la soberbia y en el despecho de no encajar socialmente: nunca del todo con mis amigas, ni con mis compañeros de teatro, ni en la grilla, ni con mis contados pretendientes, ni con mis amores platónicos. Había perdido la dimensión que cobran las cosas en la adolescencia. Beauvoir me la devolvió. Ahora,  al reencontrarme con algunos trabajos de los chicos de secundaria, los leí sin ojos de quien evalúa una tarea, sino como quien encuentra a la persona atrapada en un cuerpo en desarrollo.

¿Qué es lo que encendió Demian dentro de mí? Hoy con trabajos recuerdo la anécdota. Pero pasé a la inmortalidad en la memoria de una persona como la más ferviente seguidora de las ideas de Herman Hesse.  Por su parte, para Simone de Beauvoir,  descubrir la filosofía fue un parteaguas en su vida. Mireya se equivoca: puedes morir aplastado sin que se te caiga el techo de tu vivienda. Escuchar a un alma atormentada también puede salvar una vida, literal o metafóricamente.