Para terminar mis notas sobre la colección Zona Libre de editorial Norma, voy a retomar Melany, historia de una anoréxica de Dorothy Joan Harris y Los ojos del perro siberiano de Antonio Santa Ana.
Lo primero que tengo que compartir, es que aunque me resistía a leer Melany, historia de una anoréxica porque ni el título ni la portada se me antojaban, Los ojos del perro siberiano me convenció de empezar esa otra lectura. Y aprendí cosas.
Los ojos del perro siberiano trata sobre la relación de dos hermanos en un contexto de VIH. Entre ambos hay una considerable diferencia de edades, no viven juntos y de hecho, la familia se opone a que haya trato entre ellos. La curiosidad de uno y la madurez del otro, les lleva a conocerse y compartir los últimos momentos en los que han de coincidir en vida.
Me agradó el tratamiento que se le da al tema, poniendo el énfasis en la doble moral familiar y en los lazos de fraternidad que se tejen entre los dos jóvenes. Me recordó en varios momentos mi trato con mi hermana mayor y lo torpe que te hace sentir el no saber cómo acercarte a los tuyos en los momentos difíciles.
| Tomado de www.festivalazabache.com |
Y así llegué a la novela de Dorothy Joan Harris y su historia sobre la anorexia. Aquí el tema sí es el eje y la narración abarca desde que Melany, la protagonista empieza con su trastorno alimenticio, su paso por el hospital y su posterior recuperación.
Lo que rescato de la historia, es que se parte de la familia como detonante del problema: entre una madre obsesionada con las dietas y un comentario del padre sobre el aspecto de su hija,crean el ambiente adecuado para que Melany reaccione a una serie de estímulos que la llevan a querer cambiar su apariencia.
| Tomada de desafíoliterario18.blogspot.com |
La novela es ante todo una historia didáctica y en ese sentido, me impactó la explicación de los daños colaterales que provoca la anorexia: la anemia y los consecutivos paros cardiacos. Es curioso porque aunque esto último ya me lo había dicho el médico en la vida real, en la novela resulta muy gráfico cuando otro personaje que también padece anorexia, muere por realizar ejercicio cuando su corazón aún no está en condiciones de soportar actividad física pesada.
También me hizo pensar en la negación del problema por parte de quien la padece. Si me parece terrible la ceguera en la podemos caer con la certeza de que las cosas no nos están pasando en casos cotidianos, el problema es peor cuando se trata de una enfermedad. Me pegó el argumento de un alcohólico que le decía a su hermana que su alcoholismo no perjudicaba más a su familia que el mal de ella viviendo con un marido celoso o el problema de sobrepeso de la otra hermana. ¿Por qué a él no lo podían dejar vivir así?
Supongo que el argumento es válido en tanto que las tres situaciones implican una mala calidad de vida y dolor para para quienes son testigos de algo que no les parece sano, sin tener la posibilidad de cambiar las circunstancias del otro ser querido porque para el otro no significan un verdadero problema.
Tal es el caso de Melany: ella se considera como un ejemplo viviente de lo que es la fuerza de voluntad y cree alcanzar la perfección si consigue la meta de ser delgada sin darse cuenta de que atenta contra su salud física y mental. Ignoro si a una adolescente que presenta un cuadro de anorexia pudiera interesarle esta lectura, pero sin duda, aporta información de manera muy accesible.
Dos novelas que posan la mirada sobre problemas actuales desde la joven mirada de sus personajes.
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