13 de octubre de 2014

De la ausencia y la impunidad

La marcha  desembocó en la secretaría de Gobernación y antes de que el mitín terminara, se dio la desbandada. A mi lado caminaba una mujer mayor a toda prisa y en algún momento nuestros pasos se  emparejaron y empezamos a hablar. Su historia abreviada me impactó un poco menos que su propia persona: mujer enjuta, pero de vientre abultado; chongo cano, suéter de estambre, falda amplia por abajo de las rodillas, una playera, un suéter de estambre y unos polvorientos zapatos cuadrados. Había perdido una hija en el año 71. Desaparecida veinte años atrás: no muerta para ella, su madre, que no tuvo un cuerpo que enterrar. No era estudiante, más bien pertenecía a una organización social.

Era mi época de CCH, en una de esas marchas a las que iba sola y la sensación que me dejó ese encuentro es algo que guardé en mi archivo de miradas sin compartirlo. Estoy hablando de una mujer de naturaleza recia que no se autocompadecía y no buscaba compasión. Sus ojos eran más bien fríos y filosos. Sus palabras, entrecortadas por el apretado paso de la caminata hacia el metro, secas y rápidas.

Cuando llegamos al metro, nos separamos pero yo seguí pensando en esa mujer. No recuerdo por qué marchamos ese día, pero en mi cabeza, este acto cobró sentido después de ese encuentro. Estábamos ahí no sólo los estudiantes adolescentes y las organizaciones sociales, en esa columna de gente, también estaban los que no tenían sosiego en su corazón. 

Por salud, dicen que es recomendable olvidar. ¿Pero qué haces con la incertidumbre que deja la ausencia de un desaparecido?, ¿ De qué forma te pones en paz con la vida?, ¿Cómo te despides de tus muertos si no existe un cuerpo que te ayude a afrontar el duelo?

En la marcha del miércoles pasado por la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, me llamó la atención la gente que marchó sin tener un contingente específico  o que estuvo en las banquetas con sus pancartas acompañados de niños. Creo que independientemente de los motivos políticos de estas desapariciones, está presente el hecho de la impunidad en la que se mueven los gobernantes en este país. 

Y aunque este modo de operar no es  nuevo y menos en provincia, el descaro y la magnitud del hecho es lo que hace que por un momento, en estos tiempos, quepa un gesto de solidaridad hacia quienes hoy en día, la única certeza que tienen es que alguien les hace falta. 


                                           





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