11 de marzo de 2016

8 de marzo

En defensa de la intolerancia, el libro de Slavoj Zizek, resulta desde el título, toda una provocación. En este texto el autor plantea que se hace necesaria una posición de intolerancia hacia las reivindicaciones sociales de las minorías de cualquier tipo: nacionales, étnicas, raciales, de género, ambientalistas, sexuales, etc. en aras de cuestionar la actitud hegemónica en el mundo globalizado, expresado como liberalismo tolerante y multicultural, que encubre la despolitización de la economía. Los Estados hacen concesiones a las demandas específicas de las minorías y con ello evita que la atención se centre en la enorme desigualdad económica que aún existe en todo el mundo y que lo divide en dos: unos pocos muy ricos y otros muchos, muchísimos muy pobres. 


Pensando en esta tesis, me alcanzó el 8 de marzo que se celebra como una extensión del 10 de mayo, como si las mujeres sólo lo fuéramos en función de nuestra capacidad de procreación. El Gobierno Federal anuncia la cobertura del Seguro Popular para la atención del cáncer de ovario; se menciona que las mujeres son mayoría en el gremio magisterial y también son ellas quienes alcanzaron las notas más altas en el pasado proceso de evaluación. A través de las redes sociales circulan frases para congratularnos – lamentarnos lo abnegadas y luchonas que somos, que somos mejores que los hombres en muchos planos aunque ganemos menos que ellos, etc. 

Recordemos que el origen de la conmemoración del 8 de marzo refiere la lucha de trabajadoras rusas por la reivindicación de sus derechos laborales


Actualmente el 8 de marzo se promueve como una fecha para reivindicar nuestra condición de género, pasando por alto que la crisis, la explotación, el desempleo y la pobreza nos iguala a hombres y mujeres. Justo aquello que las mujeres rusas de principios de siglo XX demandaban. 

No desconozco la tesis de la feminización de la pobreza, ni la doble y triple jornada (yo misma la he vivido), pero tengo claro que lo que está en el fondo de nuestra desigualdad de género es una desigualdad económica. 


Por eso me resulta atractiva lo propuesto por Slavoj Zizek, porque con independencia de nuestras particularidades de género, raza, cultura, preferencias sexuales, etc., a millones de mujeres y hombres nos iguala la condición de desigualdad económica. Considero que la suma de voluntades para defender nuestro derecho a la vida como seres humanos, abonará bastante para continuar con nuestras reivindicaciones más particulares.


Aquí la referencia por si fuera de su interés: En Defensa de la intolerancia. Zizek Slajov. Ediciones Sequitur. Madrid, España 2007.