En defensa de
la intolerancia, el libro de Slavoj Zizek, resulta desde el título, toda
una provocación. En este texto el autor plantea que se hace necesaria una posición
de intolerancia hacia las reivindicaciones sociales de las minorías de
cualquier tipo: nacionales, étnicas, raciales, de género, ambientalistas, sexuales,
etc. en aras de cuestionar la actitud hegemónica en el mundo globalizado,
expresado como liberalismo tolerante y multicultural, que encubre la
despolitización de la economía. Los Estados hacen concesiones a las demandas
específicas de las minorías y con ello evita que la atención se centre en la
enorme desigualdad económica que aún existe en todo el mundo y que lo divide en
dos: unos pocos muy ricos y otros muchos, muchísimos muy pobres.
Pensando en esta tesis, me alcanzó el 8 de marzo que
se celebra como una extensión del 10
de mayo, como si las mujeres sólo lo fuéramos en función de nuestra capacidad
de procreación. El Gobierno Federal anuncia la cobertura del Seguro Popular
para la atención del cáncer de ovario; se menciona que las mujeres son mayoría
en el gremio magisterial y también son ellas quienes alcanzaron las notas más
altas en el pasado proceso de evaluación. A través de las redes sociales circulan
frases para congratularnos – lamentarnos lo abnegadas y luchonas que somos, que
somos mejores que los hombres en muchos planos aunque ganemos menos que ellos,
etc.
Recordemos que el origen de la conmemoración del 8 de marzo refiere la lucha de trabajadoras rusas por la reivindicación de sus derechos laborales.
Recordemos que el origen de la conmemoración del 8 de marzo refiere la lucha de trabajadoras rusas por la reivindicación de sus derechos laborales.
Actualmente el 8 de marzo se promueve como una fecha
para reivindicar nuestra condición de género, pasando por alto que la crisis,
la explotación, el desempleo y la pobreza nos iguala a hombres y mujeres. Justo
aquello que las mujeres rusas de principios de siglo XX demandaban.
No desconozco la tesis de la feminización de la pobreza, ni la doble y triple jornada (yo misma la he vivido), pero tengo claro que lo que está en el fondo de nuestra desigualdad de género es una desigualdad económica.
No desconozco la tesis de la feminización de la pobreza, ni la doble y triple jornada (yo misma la he vivido), pero tengo claro que lo que está en el fondo de nuestra desigualdad de género es una desigualdad económica.
Por eso me resulta atractiva lo propuesto por Slavoj
Zizek, porque con independencia de nuestras particularidades de género, raza,
cultura, preferencias sexuales, etc., a millones de mujeres y hombres nos
iguala la condición de desigualdad económica. Considero que la suma de
voluntades para defender nuestro derecho a la vida como seres humanos, abonará
bastante para continuar con nuestras reivindicaciones más particulares.
Aquí la
referencia por si fuera de su interés: En
Defensa de la intolerancia. Zizek Slajov. Ediciones Sequitur. Madrid, España
2007.