23 de junio de 2015

Yo nahual o de cómo llegue al psicoanalista

Como alebrije
mi cuerpo contiene otros cuerpos.
Yo no amanecí escarabajo,
pero siendo humano
gruñí mientras roía un hueso...

Saldando una cuenta pendiente, fui a las migas de la Morelos. Nunca había probado ese peculiar platillo de la gastronomía mexicana. Aunque su origen es más bien español, las migas mexicanas tienen su propio sazón y las de la colonia Morelos tienen además, toda una tradición.

-¿Plato chico o plato grande?, ¿Con hueso?

Dicen que la primera impresión, jamás se olvida: ese plato lleno de caldo rojo con espuma blanca (que no era otra cosa que pan) con un enorme hueso, nunca-nunca lo he de olvidar. No hubo tiempo para la foto del recuerdo, pero yo sé que mi cara (tan delatora) dijo todo lo que nunca podré decir con palabras. Mi encuentro con las migas fue un evento casi traumático.

A lo hecho, pecho. Dos limones y una pizca de orégano después... 

Si la vista era horrible, la sensación bofa del pan remojado fue todavía peor. Cucharada de pan, cucharada de caldo y un sorbo de jugo (delicioso) de toronja. Cuando finalmente terminé con los restos de pan, el caldo solo era llevadero. Y ya pasado el susto, empecé a despellejar mi enorme hueso de res. Conforme le fui quitando los tendones, la cosa iba mejorando. Seguí con el tuétano y sin darme cuenta, al calor de la plática, ya le tenía aprecio a mi hueso. Y mientras lo chupaba y succionaba, le daba vueltas buscando alguna gomita que se me hubiera escondido en algún recoveco. Poco me faltó para gruñirle a los nuevos comensales que se unían a la mesa y ante quienes sentía amenazada la posesión de mi amado hueso. ¿Cuándo me convertí en un celoso can? No podría decirlo. Aunque ya había dado muestras de celos desde mi tierna infancia... Pero de lo otro, nada

Debo agregar a mi favor que el ambiente sirvió para relajarme y entrar en confianza: mujeres de la tercera edad con su bolsa de mandado rumbo al  tianguis que de pasada iban por sus migas. "Sin hueso, porque eso es bien tardado"; pacientes o familiares del Hospitalito; parejas y vecinos de la colonia le roban un ratito al día para echarse su plato de migas. Todos alrededor de un tablón, compartiendo los sagrados alimentos a la par de una charla al aire como si fuéramos de una misma familia.

Y también un cafecito, ¿por qué no? 

En ese momento también yo era de la Morelos aunque viva en las montañas del oriente de la ciudad. El mundo unido por un plato de migas. Cuando me retiraron el plato, no tuve más remedio que sustituir el hueso por un palillo de madera. Mi nahual no me abandonaba todavía.

-¿Otro platito? 
-No, muchas gracias, mejor una tostada...

Por mi parte, ¡Viva Centéotl, dios del maíz! En la esquina de Herreros, a dos cuadras del metro Morelos pueden buscar su plato de migas. Quién quita y no necesitan psicoanalista y hasta descubren el nahual que llevan dentro. 

18 de junio de 2015

Cerezos en flor

Si puedo evitar los dramas, los evito. Al menos en el cine. Llegué a ella por casualidad y una vez iniciada, me atraparon sus imágenes: una provincia en Alemania muy pintoresca, y después, una historia que avanza entre la risa y las lágrimas. Se trata de Cerezos en flor escrita y dirigida por Doris Dorrën (2008). La anécdota de la película trata acerca de un matrimonio maduro, al final de sus días; lo que sembraron en el camino y lo que  dejaron pendiente. Un cierre de ciclo. Un drama con pizcas de humor y una hermosa fotografía.
Lo primero que veo es la vieja y conocida historia de una mujer que deja de lado su esencia por centrarse en el aspecto esposa-madre. Su deseo más grande era practicar  danza Butoh y algún día aprenderla en Japón. Las circunstancias se lo impiden. "...estamos juntos y eso es la felicidad", dice Rudi para consolar a su esposa. 
                                                    Imagen de Cerezos en flor

Eso nos lleva al segundo asunto: la pareja: ¿cuándo y cuánto ceder para conservar una relación? Podríamos quedarnos con la primera impresión de la mujer abnegada cuya vida gira entorno del marido, pero también nos dan datos, en medio de los diálogos, que nos indican que Trudi es quien decide por Rudi.  Aunque sólo sea en las pequeñas cosas cotidianas, ella tiene un espacio en el que ejerce el poder. En su casa, él juega el rol de proveedor, pero es la madre quien tiene el vínculo con los hijos. Y más tarde eso se pondrá de manifiesto.

Lo cual, nos lleva al tercero y escabroso tema de la familia: el ojito derecho y los hijos de la cloaca. Entre el hijo casado, con sus propias particularidades en su nuevo núcleo familiar; la hija lesbiana, rebelde y en guardia todo el tiempo y el hijo consentido que oculta su alcoholismo tras muchos miles de kilómetros de distancia, la relación con los padres cuelga de un hilo cuando se trata de hacerse cargo de ellos por unos días. Lo cual es muy triste y crudo porque es cierto: al final, resulta más empática Emma, la pareja de la hija, con Trudi y Rudi que sus propios hijos.

El único vínculo afectivo de Rudi (además del que tiene con su mujer), es el que desarrolla por Yu, una chica indigente que le enseña de qué va el practicar danza Butoh. El personaje de Yu es también una especie de metáfora: carga con lo necesario en una maleta con llantas a donde va.  Su danza es la forma de mantener el contacto con su madre muerta y la practica con disciplina en un parque público. Eso sí: muy bien ataviada, dentro de un espacio delimitado y con utilería como si fuera a ejecutar para un público cautivo. La danza forma parte de su ser. Es una necesidad creativa natural.

Aunque no gusto de la estética grotesca de la danza Butoh, sí me parece que guarda un valor especial como manifestación  abstracta del cuerpo que exterioriza el sentir humano sin poses, desde lo más oscuro del ser.  Una estética  diferente a lo bello y lo armónico que enarbola el arte occidental y que responde a un contexto específico, pero que, por otra parte, sigue satisfaciendo las necesidades expresivas de sus ejecutantes y cierto público.

Doris Dorrën también dirigió Iluminación garantizada y La peluquera, dos filmes que disfruté mucho y apenas ahora me entero del dato. Me gustan sus historias y el humor que utiliza para contarlas. Otro dato completamente irrelevante, pero que no puedo omitir, es que compartimos fecha de cumpleaños y eso también me late. 


16 de junio de 2015

El gancho de la Bella durmiente

Como parte de los festejos del Día Internacional de la Danza, se ofrecieron varias funciones de la temporada 93 del Taller Coreográfico de la UNAM. El cartel anunciaba el estreno mundial de La Bella Durmiente.  Llegué 10 minutos antes de la hora y casi me infarto porque la taquilla ya estaba cerrada. Me acerqué a hablar con el vigilante para ver si había posibilidad de colarme. Y después de poner ojos de gato de Shrek, me dio un boleto y me señaló la puerta de acceso. A la sala le quedaban algunos lugares en la parte trasera y el segundo piso se fue ocupando en medio de las llamadas. Es decir, en la puerta estaba un guardia pro-cultura, de los pocos que no les importa hacerse de la vista gorda con tal de que se aproveche el espectáculo. Yo me instalé en la cuarta fila y como no me dieron programa de mano, tuve que pedir prestado el de mi vecino de asiento. Así me enteré de la historia detrás de La bella durmiente de Gloria Contreras
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Si algo distingue la línea de trabajo de Gloria Contreras, es que se aleja del repertorio clásico romántico. ¿Cómo se coló La bella durmiente en su repertorio? Esta coreografía nace después de conocer la historia del doctor Ricardo Hann quien atendió el riesgoso parto de su esposa, salvando ambas vidas.  Y al despertar, un beso de amor selló la historia del doctor con su esposa. Cita Gregorio Luke a Gloria Contreras:"... ésa era La bella durmiente que yo quería hacer, una bella durmiente salvada por la ciencia no por la magia, donde el beso es el resultado, no la causa del despertar."  

Me convenció su motivación: en el cuento, Aurora es un personaje pasivo y el príncipe Felipe es quien tiene toda la responsabilidad de reanimar a su amada (si acaso se puede amar a alguien que no conoces). En la historia que inspiró a la coreógrafa, se trata de un amor consolidado que se abre paso entre la muerte para recibir una nueva vida. La coreografía duró 15 minutos con 34 segundos y a grandes rasgos, se apega a la anécdota del cuento tradicional. Lo que me pareció más importante de este asunto, es el mecanismo por medio del cual, el instinto creativo se activa: basta encontrar el punto exacto de realidad que te lleve a la sublimación de la misma. No es cosa fácil, pero en eso estriba la labor del artista.

Dos coreografías más conformaron el programa: Escarabajo (de sólo 8´18'') y el plato fuerte: El abandono con música del músico oaxaqueño Leonardo Velázquez  y la poesía del chiapaneco Roberto López Moreno. Me pareció que en realidad, La bella durmiente, fue el gancho promocional del programa.

Por último, y como chisme al pie, reconocí a un compañero del CCH entre los bailarines: Ricardo Herrera. En esos tiempos, él entraba a la clase de danza contemporánea que se daba en el TACO y helo aquí ahora: bailando con el Taller Coreográfico de la UNAM. No cabe duda que el antiguo sistema del CCH te dejaba abiertas las opciones para ocupar tu tiempo en desarrollar aficiones o incluso, vocaciones.

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9 de junio de 2015

The words o Si me das a elegir

Me encontré esta película con Bradley Cooper y Dennis Quaid y Jeremy Irons: The words (2012). Según la crítica, se trata de un "drama romántico". La anécdota: un escritor conoce a una atractiva joven que lo enfrenta a su realidad de hombre insatisfecho a pesar del éxito público, la noche en que presenta su último libro. La película se enriquece con la historia de los personajes de dicha novela y con una tercera trama que nos regresa a la historia principal. 

La novela trata sobre un joven escritor al que se presenta un conflicto ético: asumir que no es un buen escritor y  abandonar su incipiente carrera o plagiar un escrito que no es suyo. Lo que lo llevaría a tener que  simular ante todos y para siempre, lo que en esencia, no es.

Y la tercera trama, es una historia que empieza en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de un soldado estadounidense que se enamora de una mesera francesa y deciden hacer su vida juntos. Sin embargo, tiempo después se separan, motivo de inspiración para escribir una gran novela. Gracias a ésta, ocurren dos cosas: se reconcilian sólo para volver a separarse. Esta vez, de manera definitiva. 

Lo que más me gustó fue el ritmo con que el director Lee Sternthald enlaza las tres historias y aunque puedes predecir lo que se viene, las acciones se suceden una tras otra sin tregua, manteniendo la tensión durante -prácticamente- toda la película. De hecho, los momentos de paz para los personajes, sólo son la antesala de un nuevo problema.
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Al principio me saltó el asunto del género, porque me quedé con el asunto ético del plagio, como tema central. Sin embargo, en  las tres historias, los protagonistas deciden quedarse con las letras y no con sus mujeres, (a diferencia de la rolita de Manu Chao, que uso de título). Pareciera que el  guionista trabaja bajo la premisa "más amor a la novela que a la mujer que la inspiró"; mientras el director anuncia con bombos y platillos "todo el tiempo tomas decisiones, el problema es aprender a vivir con ellas". En realidad, ambas aplican: dejar de lado el amor, es una decisión. Y se tiene que asumir lo que eso implica.

Hay otros dos momentos en la película que me gustaron: el momento en que el escritor (personaje de la novela)  tiene la claridad suficiente para aceptar que nunca escribirá algo como lo que acaba de leer y que lo conmovió hasta las entrañas. Reconozco la sensación. La última vez que me sucedió, fue hace un año, con Cien años de soledad. Me sacudió por dentro y me dejó la impresión de que la cosa no se termina en ese primer encuentro. Tenemos pendiente otra cita. Muchas otras.

El segundo momento, es un detalle apenas: la esposa del soldado estadounidense, se conmueve tanto con la novela, que regresa con su marido. Y es tal la excitación del reencuentro, que pierde el manuscrito. Olvido que le cuesta la separación. El soldado da por hecho que ella no leyó la novela y ella no alcanza a entender el valor (en cuanto a creación) de lo que perdió; ella no entiende por qué si ya están juntos, no pueden vivir la realidad del momento y se tiene que armar alboroto por una cosa que es ficción, palabras.

Es interesante la postura de los personajes femeninos: la francesa no entiende la esencia del esposo; ambos pierden algo que contiene parte de ellos mismos. Y ninguno de los dos pueden dimensionar el tamaño de la pérdida del otro. Eso los separa. Por otra parte, la mujer del escritor pirata, en un principio lo admira y lo apoya. Incluso, pretende pasar por alto el plagio haciéndolo pasar por "un error humano". ¿Pero cómo convives con la fama de alguien si sabes que no le pertenecen? Hay una división entre el personaje público y el humano, una doble vida que deben llevar. Eso la convierte en una farsante también. Las cosas están dadas para que esas historias de amor no puedan prosperar. Hay un punto de quiebre que no es posible enmendar.

Y viéndola así, tenemos que The words, bien puede ser un drama romántico... cuyo error trágico (valga la comparación), empieza con un problema ético.
   
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6 de junio de 2015

Watchala: Zoot suit

Homicidio calificado fue una de las primeras obras de teatro que vi en mi adolescencia, allá por el año 94. Guardo algunas imágenes e impresiones de esa puesta en escena: el vestuario setentero, un Diego Luna ligeramente rollizo y, a pesar de ser un tema interesante, la sensación general de un montaje muy denso. (Por cierto, también la vi en en el Centro Cultural del Bosque, con la Compañía Nacional de Teatro.) Un montaje en tono beige en todos los aspectos: nunca alcanzó un clímax. En el prólogo a Homicidio calificado de la edición de EMU, se dice que la intención de Rascón Banda era capturar la esencia del teatro documental y efectivamente, se queda en la exposición de un caso de injusticia y discriminación enfocado en el caso Santos Rodríguez, un niño chicano asesinado por un policía tejano.  El prólogo, escrito por Armando Partida Tayzan, hace referencia a Zoot Suit, la obra de Luis Valdez. Yo también las relacioné, pero en polos opuestos.

Aunque en cartelera se promocionaba como un musical, lo cierto es que el texto de Luis Valdez no sacrifica el tema en beneficio del espectáculo, antes bien, es una obra redondita con base en el caso Sleepy Lagoon, donde se implicó a jóvenes chicanos en un asesinato, en medio de un juicio lleno de irregularidades. Un buen texto, una buena dirección  (de Luis Valdez (2010) /con el remontaje de Octavio Michel, 2015) y un espectáculo vistoso lleno de música, baile y luces de neón contenidos en una escenografía en la que nada sobra ni está de más.

La dificultad de hacer teatro combativo, está en que a no toda la gente le gusta ver obras sobre temas sociales.  Y es que el riesgo de caer en un panfleto es muy grande. Lo único que lo puede salvar es la estética con la que se aborde el texto en equilibrio con el tratamiento del tema.  Y en este caso, Zoot Suit es un trabajo escénico muy  atractivo visual y musicalmente. El aspecto musical de la obra se vuelve la llave secreta para introducir al espectador en la esencia del ser pachuco. Con arreglos a los temas originales de Lalo Guerrero -otro chicano-, los actores sacan chispas en el escenario.

Me llamó la atención que buena parte del caló utilizado en la obra lo había escuchado desde niña en un contexto distinto, en el pueblo, con mi familia que regresaba de Estados Unidos. Con ligeras variaciones, los significados se mantienen vigentes y eso lo convirtió para mí, en una realidad mucho más cercana.

Zoot Suit plantea un caso específico de discriminación que sirve para explicar un fenómeno cultural, pero también un problema social y político, más amplio y aún vigente. Me agrada el tratamiento que se le da al personaje del Pachuco, que funciona las veces de narrador; otras como la voz interior del personaje principal o como analogía de Tezcatlipoca, "el espejo que humea", dios voluble que lo mismo regala bienes que dificultades.

Luis Valdez termina su historia con un final abierto, lo que permite al espectador elegir el que considere más a su gusto,  en un ejercicio de reflexión que se le deja de tarea  al espectador. Zoot Suit no puede pasar desapercibido por sus espectadores, es el claro ejemplo de lo que una obra didáctica bien montada puede lograr.


 La película lleva el mismo título y si no tuvieron la oportunidad de ver el montaje, es una buena opción  para ver la propuesta de Luis Valdez. Me quedo con la versión teatral y el gran trabajo de todo el equipo de Zoot Suit.

                    


Por si fuera de su interés, entrevista a Luis Valdez en la revista Proceso, 2010. http://www.proceso.com.mx/?p=105750