La novela trata sobre un joven escritor al que se presenta un conflicto ético: asumir que no es un buen escritor y abandonar su incipiente carrera o plagiar un escrito que no es suyo. Lo que lo llevaría a tener que simular ante todos y para siempre, lo que en esencia, no es.
Y la tercera trama, es una historia que empieza en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de un soldado estadounidense que se enamora de una mesera francesa y deciden hacer su vida juntos. Sin embargo, tiempo después se separan, motivo de inspiración para escribir una gran novela. Gracias a ésta, ocurren dos cosas: se reconcilian sólo para volver a separarse. Esta vez, de manera definitiva.
Lo que más me gustó fue el ritmo con que el director Lee Sternthald enlaza las tres historias y aunque puedes predecir lo que se viene, las acciones se suceden una tras otra sin tregua, manteniendo la tensión durante -prácticamente- toda la película. De hecho, los momentos de paz para los personajes, sólo son la antesala de un nuevo problema.
Al principio me saltó el asunto del género, porque me quedé con el asunto ético del plagio, como tema central. Sin embargo, en las tres historias, los protagonistas deciden quedarse con las letras y no con sus mujeres, (a diferencia de la rolita de Manu Chao, que uso de título). Pareciera que el guionista trabaja bajo la premisa "más amor a la novela que a la mujer que la inspiró"; mientras el director anuncia con bombos y platillos "todo el tiempo tomas decisiones, el problema es aprender a vivir con ellas". En realidad, ambas aplican: dejar de lado el amor, es una decisión. Y se tiene que asumir lo que eso implica.
Hay otros dos momentos en la película que me gustaron: el momento en que el escritor (personaje de la novela) tiene la claridad suficiente para aceptar que nunca escribirá algo como lo que acaba de leer y que lo conmovió hasta las entrañas. Reconozco la sensación. La última vez que me sucedió, fue hace un año, con Cien años de soledad. Me sacudió por dentro y me dejó la impresión de que la cosa no se termina en ese primer encuentro. Tenemos pendiente otra cita. Muchas otras.
El segundo momento, es un detalle apenas: la esposa del soldado estadounidense, se conmueve tanto con la novela, que regresa con su marido. Y es tal la excitación del reencuentro, que pierde el manuscrito. Olvido que le cuesta la separación. El soldado da por hecho que ella no leyó la novela y ella no alcanza a entender el valor (en cuanto a creación) de lo que perdió; ella no entiende por qué si ya están juntos, no pueden vivir la realidad del momento y se tiene que armar alboroto por una cosa que es ficción, palabras.
Es interesante la postura de los personajes femeninos: la francesa no entiende la esencia del esposo; ambos pierden algo que contiene parte de ellos mismos. Y ninguno de los dos pueden dimensionar el tamaño de la pérdida del otro. Eso los separa. Por otra parte, la mujer del escritor pirata, en un principio lo admira y lo apoya. Incluso, pretende pasar por alto el plagio haciéndolo pasar por "un error humano". ¿Pero cómo convives con la fama de alguien si sabes que no le pertenecen? Hay una división entre el personaje público y el humano, una doble vida que deben llevar. Eso la convierte en una farsante también. Las cosas están dadas para que esas historias de amor no puedan prosperar. Hay un punto de quiebre que no es posible enmendar.
Y viéndola así, tenemos que The words, bien puede ser un drama romántico... cuyo error trágico (valga la comparación), empieza con un problema ético.
Y viéndola así, tenemos que The words, bien puede ser un drama romántico... cuyo error trágico (valga la comparación), empieza con un problema ético.
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