18 de noviembre de 2013

Y por eso rompimos

Cuando un adolescente de quince años dice: "todos nos equivocamos", refiriéndose a que es perfectamente comprensible y aceptable una infidelidad por parte de su pareja, me pregunto ¿En qué siglo me quedé?
¿Por qué algunos adultos no podemos darle la vuelta a la hoja?, ¿Por qué nuestro orgullo herido tarda tanto en (re)sanarse?, ¿por qué seguimos guardando la caja que dice FRÁGIL con los recuerdos de lo que fue un tórrido romance? La respuesta es obvia, por supuesto y la razón nos pone cara de ¿Cómo te lo explico?

Y por eso rompimos, tal como lo sugiere el título, es una historia de amor que termina en desamor. Pero lo más cómico es que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Daniel Handler
Empecé a leerla el sábado por la noche. Gruesos lagrimones escurrieron por mis mejillas; mis ojos hinchados al otro día, certificaban la congoja de mi corazoncito.


Identificación o SPM (Síndrome Pre Menstrual), lo cierto es que reconocí mi estupidez en la estupidez de la adolescente preparatoriana. Afortunadamente, la novela tiene un final feliz y a la luz del sol de las 3 de la tarde, mi cerebro sale a mi rescate y me dice que ya todo está bajo control.

Eso es lo que me agrada de la novela, en 353 páginas esta mujer logra la catarsis luego de explotar una y otra vez a lo largo de su narración. Hay ira salpicada por todos lados. (Aquí vemos a Beatrix Kiddo con su espada  ensangrentada).  La ira.  (¿Notan qué mal vista está la ira en una mujer? Por eso me cae bien Medea, por iracunda).

Y no falta el típico:
 - "¿Estás enojada?"
 - "Noo, me pongo verde porque combina con mi bolsa....".
No sé a los demás, pero a mí la tristeza me alborota el enojo. Es una postura que te hace sentir menos vulnerable, aunque llegada la factura, el arranque te cuesta el doble.

Yo guardé hasta hace una semana, los boletos de un año de transporte en camión público, con una pequeña nota en clave que resumía ese día en mi vida amorosa: las cosas maravillosas, las tormentas, los oasis, todo. Una línea escrita seguida del dibujo de una boca que según el gesto, ilustraba la sensación general de nuestro día.  

No faltará quien piense que es una cursilería, pero en una persona incapaz de soltar un te amo a tiempo; para quien no voltea para decir adiós; para quien nunca llama gordito, mi amor, o cosita a su pareja; para quien evita conocer a la suegra; para quien no celebra los mini aniversarios porque no cuenta ni las horas, ni  los días ni los meses (sólo los años),  es evidencia no presentada ante la parte acusadora de que se amó.
  
Acabo de terminar la novela y una risa en parte histérica y en parte triste, brotó de mis labios. ¡Qué ordinarios somos los humanos! Tanto lugar común le resta credibilidad al dolor provocado por  una historia de amor que parecía única.


Resulta que todas las chicas somos diferentes mientras somos vistas bajo el efecto de las flechas de cupido. Después, por algún extraño giro en la historia nos convertimos en el infierno personal del susodicho (aquí suenan Los Daniels) o peor aún, en las extraordinarias mujeres con las que no quieren estar porque, claro, se merecen una mujer algo más.... común.

En un poema leí que las promesas de amor  tienen  fecha de caducidad; que valen únicamente en el momento en que son hechas. Que es injusto reclamar la desaparición, por acto de magia, del amor si cuando aparece intempestivamente nadie arma alboroto. El argumento me parece válido.

En mi caja de cartas guardo una constancia de mi talento como peluquera expedida por  un ex al que le cortaba el cabello; y en algún diario tengo una tarjeta con un corazón dibujado y un mensaje secreto inscrito sin tinta dentro del mismo. No me he  podido deshacer de esas dos cosas. Aún no. Quizá porque es evidente la dedicación y la inocencia con que fueron hechas. Quizá por que guardan un mensaje genuino. Quizá porque no hieren. O sólo porque ayudan a cuidar el equilibrio del universo. 

Lo demás, es el recuento de por qué rompimos.



Gatito de cobija



 Y por eso rompimos. Handler, Daniel. Ilustrado por Maira Kalman. Ed. Alfaguara.

17 de noviembre de 2013

El club de la salamandra

 



Jaime Alfonso Sandoval me regresa la mirada desde la contraportada de su novela El club de la salamandra mientras escribo estas líneas.

Escrita con gran sentido del humor,  resultó una lectura muy gratificante; es una novela que te invita a no soltarla por su narrativa ligera (Premio Gran Angular, 1997). Como toda buena historia de ciencia ficción, deja al aire la incógnita de hasta dónde la ciencia debe respetar los secretos y leyes de la naturaleza.         
     
Pensada inicialmente como un guión cinematográfico, a veces la narrativa se vuelve algo obvia; aunque por el dibujo de los personajes, la empatía hacia éstos no se hace esperar.  De hecho, en el momento crucial de la historia y a pesar de los argumentos por demás lógicos, uno no pierde la simpatía por el grupo de anticientíficos.
He de reconocer que la ciencia,  es uno de los conocimientos que reconozco interesantes, pero que no me resultan particularmente atractivos como para buscarlo por cuenta propia. Siempre me he acercado a través de otros al conocimiento científico, llámese astrología, física o geografía. 
El club de la salamandra  es un buen pretexto para hablar del primer (des) amor, de la relatividad de la verdad, el fanatismo,  el crecer y ¿por qué no? de ciencia. Es en definitiva una buena opción para una lectura de fin de semana.
                                             
El club de la salamandra. Sandoval, Jaime Alfonso. Ediciones SM.


14 de noviembre de 2013

Mi casa es tu casa

Recuerdo que en la clase de teoría dramática, Anfitrión era una de las obras que había que leer de rigor. La huelga del 99 truncó la lista completa y no sobrevivió a la selección abreviada que tuvimos que revisar a marchas forzadas.
Recientemente la leí y me dejó una sensación extraña, quizá porque lo hice después de leer la adaptación del montaje. De entrada, me pareció mucho más púdico Plauto que Aristófanes quien es más escatológico y mucho más directo cuando se trata de  hacer referencia al cuerpo y sus curvitas.
   
En la obra de Plauto además, la historia gira en torno a las apetencias y la voluntad de Júpiter: Alcemena es un objeto sexual a la que, para colmo, le lavan el coco y ni siquiera se entera de que ha sido víctima de un engaño. La única parte que suena a comedia, es el monólogo de Sosia al inicio de la obra; incluso, Mercurio dice que la historia es una tragicomedia porque los  hechos que serán expuestos no caben en un sólo género y menos estando involucrado un dios.

Desde luego, por estructura, no se corresponde con la tragicomedia, porque ésta no se limita a manejar un tono serio y cómico de forma alternativa. Hay más elementos que caracterizan este género. ¿Pero, entonces de qué va Anfitrión?
Si seguimos la línea del personaje principal, Anfitrión es un dios con vicios humanos que decide gozar del cuerpo de una mortal virtuosa  y procrear un hijo con ella. Pero como es un ser omnipotente, arregla todo al final para que no haya consecuencias por sus actos. Por su puesto, eso no es gracioso, habla de impunidad, tema por demás actual en estos días.

En Anfitrión Mx (montaje de Odur Teatro),  la historia se torna más cargada hacia la comedia griega en las acciones; los personajes, desde Júpiter hasta Belfaris (Belfonte en el original), son  presas de sus más bajos instintos. De hecho, Alcmena no es un personaje victimizado, es una mujer que reconoce su falta en la culpa que le genera el placer disfrutado; Bromia es una escolta personal (criada, en el original) que hace alarde de su fuerza bruta para someter a sus deseos al tímido Mercurio; y Belfaris a parte de ser testigo y juez en el caso de clonación de Anfitrión, ya entrados en confianza, reclama su parte del botín a Sosia.

Anfitrión Mx le hace justicia a los personajes femeninos; juega con el tema del apetito sexual y el abuso de poder de unos hacia otros. La risa viene de los vicios de los  personajes dentro de una sociedad que le da cabida a los mismos. Anfitrión termina reconciliándose con su mujer y su rival.  ¿O no dice la regla de la hospitalidad que mi casa es tu casa?
   

12 de noviembre de 2013

Colgar los guantes

Después de 10 años ininterrumpidos de correr Pumathon (trotar, en honor a la verdad), este es el primer año en que no estaré ahí.  Todo empezó como mera precaución anímica (quería evitar la depre post carrera), después fue una cita familiar por confirmar, luego una invitación a  una carrera ruda y finalmente se me atraviesa otro asunto de agenda. Estaba escrito que  esta vez no rugiría un  goya en el puesto de salida.

   
Dicen que el hombre es un animal de costumbres y en eso pensaba cuando me pasó por la cabeza participar en la carrera ruda. No era traición a la patria chica, sino  romper con la nostalgia y cambiar con los tiempos, dejar de aferrarme a la mentira de la inmovilidad de las cosas. Hay cosas que cambian y otras que deben, necesariamente, cambiar. 

...no me he querido ir para ver si algún día
que tú quieras volver me encuentres todavía
Por eso aún estoy en el lugar de siempre
en la misma ciudad y con la misma gente
para que tú al volver no encuentres nada extraño
y sea como ayer y nunca más dejarnos...
Es curioso, pero cada que nos reencontramos la vieja camada del AFG, nos contamos las noticias que apuntan a los avances académicos o laborales  (en el mejor de los casos) o simplemente que las cosas siguen igual. Y luego viene el reanudar los votos para vernos el siguiente  año. Pero atrás dejamos las salidas extra clase, los vecinos (de casilleros), las fiestas, los convivios y los retos. Mis amigos siguen en contacto, pero en el transcurso de estos diez años, dejé el corazón y un poco de mí con personas que ya no están en mi vida. Pumathon va de la mano con una de las etapas más importantes de mi vida personal. 

Aunque acepto el cambio, no niego ni oculto la marca que le queda  a mi corazoncito romántico que pensó que siempre estaríamos ahí.  Cierro un ciclo y no pierdo la esperanza de regresar en otro contexto y con otro talante  a trotar en los  circuitos de CU. Colgar hoy los guantes implica que me voy por mi propio pie, no porque me sienta con falta de energía para suplir la falta de condición física, sino porque entiendo que hasta en eso hay que variar: falto con la conciencia de la elección.  Este año decido no ir.

Guardo el buen ánimo, porque colgar los guantes, nunca será igual a colgar los tennis. Hoy reposa en mi librero una medalla en que se lee: Victoria, rodeada de laureles. La gané en una competencia por parejas en el trampolín de piso. Quién sabe y  a lo mejor...

    



10 de noviembre de 2013

El pánico escénico

Noviembre del 2005, Ozumba de Alzate.
A punto de empezar la función  y uno de los actor principales de mi montaje estaba  alcoholizado; otro de los actores  se puso diva cuando supo la situación y se negaba a dar función. A los dramaturgos del evento nos llamaron  para decirnos que no había comida para los actores y que el hospedaje tampoco estaba reservado, que lo resolviéramos cada quién como pudiera; el sonido de la feria era demasiado alto; en el auditorio municipal había una fiesta particular con sonido  y aunque teníamos micrófonos ambientales, los puestos de discos pirata nos ganaban en volumen. La directora general del evento salía para algún lugar de la república esa misma noche y con el ánimo enchilado preparaba la salsa para el chicharrón  que iba a convidar a parte de sus invitados al festival...
Yo había invitado amigos y familia y ya no sabía dónde poner la cabeza. Nerviosa, preocupada, enojada, presionada di función como pude. Fue un evento traumatizante que me rebasó. Ni el apoyo de la gente más cercana a mí, bastó para detener mi seguridad que ese día se perdió en algún sendero hacia los volcanes.
2006, Estrategias  de enseñanza-aprendizaje
Me tocó exponer un tema para mis compañeras de trabajo. El boicot inconsciente se había echado a andar desde que no preparé mi tema y una noche antes hice mi material de apoyo. Dormí poco y mal. No busco justificarme, en muchas otras ocasiones lo hice así durante mi vida escolar y casi siempre salí avante y condecorada. Pero en este caso, fue un rotundo fiasco mi participación: me trabé; volví a empezar  y en mi interior yo mantenía un diálogo conmigo misma: ¿Qué demonios estaba diciendo?, ¿Por qué mantenía ese doble diálogo, conmigo y con mis compañeras simultáneamente? Ellas tenían cara de pena ajena y misericordiosas no dijeron nada en la sesión de preguntas.
Estos dos eventos me sepultaron y evité a toda costa exponerme públicamente. La Yucuíñali aguerrida y pícara me abandonó. Ninguno de mis compañeros de CCH, hubiera pensado que se trataba de la misma persona pedante de aquellos días de escuela.
Aunque parecieran hechos aislados, detrás hay todo un historial de frases, comentarios y acciones que se van instalando dentro de ti hasta que encuentran el momento oportuno para germinar. Mi profe Monroy, decía que los elogios podían ser un arma de dos filos porque generan altas expectativas en los demás  (y uno mismo) y cuando  vienen los fracasos, no siempre se está preparado para superarlo.  

Me ha llevado hacer labor hormiga para restablecer la seguridad perdida. Así que cuando me propusieron integrarme al elenco de Anfitrión,  no lo dudé: era la ventana abierta después del último portazo que se cerró ante mi nariz. Todavía el día del estreno no sabía lo que podía pasar en el escenario, lo supe esa noche: se sembró la semilla de querer más. Porque como dice Kundera:
puede más el placer que el miedo.   




 

Anfitrión mx se presenta los miércoles 13, 20 y 27 de noviembre, 20:00 hrs. Foro Quinto Piso. Sn Jerónimo #74. Col. Centro.  Reservaciones: 57 09 10 93. Adolescentes y adultos.