12 de noviembre de 2013

Colgar los guantes

Después de 10 años ininterrumpidos de correr Pumathon (trotar, en honor a la verdad), este es el primer año en que no estaré ahí.  Todo empezó como mera precaución anímica (quería evitar la depre post carrera), después fue una cita familiar por confirmar, luego una invitación a  una carrera ruda y finalmente se me atraviesa otro asunto de agenda. Estaba escrito que  esta vez no rugiría un  goya en el puesto de salida.

   
Dicen que el hombre es un animal de costumbres y en eso pensaba cuando me pasó por la cabeza participar en la carrera ruda. No era traición a la patria chica, sino  romper con la nostalgia y cambiar con los tiempos, dejar de aferrarme a la mentira de la inmovilidad de las cosas. Hay cosas que cambian y otras que deben, necesariamente, cambiar. 

...no me he querido ir para ver si algún día
que tú quieras volver me encuentres todavía
Por eso aún estoy en el lugar de siempre
en la misma ciudad y con la misma gente
para que tú al volver no encuentres nada extraño
y sea como ayer y nunca más dejarnos...
Es curioso, pero cada que nos reencontramos la vieja camada del AFG, nos contamos las noticias que apuntan a los avances académicos o laborales  (en el mejor de los casos) o simplemente que las cosas siguen igual. Y luego viene el reanudar los votos para vernos el siguiente  año. Pero atrás dejamos las salidas extra clase, los vecinos (de casilleros), las fiestas, los convivios y los retos. Mis amigos siguen en contacto, pero en el transcurso de estos diez años, dejé el corazón y un poco de mí con personas que ya no están en mi vida. Pumathon va de la mano con una de las etapas más importantes de mi vida personal. 

Aunque acepto el cambio, no niego ni oculto la marca que le queda  a mi corazoncito romántico que pensó que siempre estaríamos ahí.  Cierro un ciclo y no pierdo la esperanza de regresar en otro contexto y con otro talante  a trotar en los  circuitos de CU. Colgar hoy los guantes implica que me voy por mi propio pie, no porque me sienta con falta de energía para suplir la falta de condición física, sino porque entiendo que hasta en eso hay que variar: falto con la conciencia de la elección.  Este año decido no ir.

Guardo el buen ánimo, porque colgar los guantes, nunca será igual a colgar los tennis. Hoy reposa en mi librero una medalla en que se lee: Victoria, rodeada de laureles. La gané en una competencia por parejas en el trampolín de piso. Quién sabe y  a lo mejor...

    



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