Jaime Alfonso Sandoval me regresa la mirada desde la contraportada de su novela El club de la salamandra mientras escribo estas líneas.
Escrita con gran sentido del humor, resultó una lectura muy gratificante; es una novela que te invita a no soltarla por su narrativa ligera (Premio Gran Angular, 1997). Como toda buena historia de ciencia ficción, deja al aire la incógnita de hasta dónde la ciencia debe respetar los secretos y leyes de la naturaleza.
Pensada inicialmente como un guión cinematográfico, a veces la narrativa se vuelve algo obvia; aunque por el dibujo de los personajes, la empatía hacia éstos no se hace esperar. De hecho, en el momento crucial de la historia y a pesar de los argumentos por demás lógicos, uno no pierde la simpatía por el grupo de anticientíficos.
He de reconocer que la ciencia, es uno de los conocimientos que reconozco interesantes, pero que no me resultan particularmente atractivos como para buscarlo por cuenta propia. Siempre me he acercado a través de otros al conocimiento científico, llámese astrología, física o geografía.
El club de la salamandra es un buen pretexto para hablar del primer (des) amor, de la relatividad de la verdad, el fanatismo, el crecer y ¿por qué no? de ciencia. Es en definitiva una buena opción para una lectura de fin de semana.
El club de la salamandra. Sandoval, Jaime Alfonso. Ediciones SM.
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