9 de noviembre de 2015

Aclaración y calificación.


Quiero plantear un par de reflexiones que surgen a partir de anuncios comerciales que he visto en la televisión:

La primera, acerca de productos que se ofertan para atender cuestiones de arreglo y aseo personal femenina y me refiero a una crema que hidrata y aclara la piel del rostro, un antitranspirante que además de inhibir la sudoración, aclara la piel de la zona de las axilas y un jabón para la limpieza de la “zona íntima” que también aclara esa parte del cuerpo. ¿Cuál es la razón para combatir los segmentos de piel morena u obscura en nuestro cuerpo?, ¿El oscurecimiento de la piel en zonas específicas no es parte de la naturaleza del cuerpo humano?, ¿Habrá que esperar que lancen al mercado los productos que aclaren la piel de los codos, las rodillas y otros recovecos de nuestra anatomía?, ¿Es así como inicia el proceso de desdén por el  color en la piel que pueden conducir a la búsqueda de procesos artificiales para pigmentar lo que nos es dado por origen racial y genética?

La segunda reflexión es sobre un producto farmacéutico que ataca la infección vaginal de “las niñas bien”. En dicho anuncio se especifica que una infección vaginal se puede adquirir por el polvo, el uso de baños públicos y no sólo por contacto sexual. También hace énfasis en el tamaño pequeño del producto, por lo que el espectador deberá tener claro que éste está diseñado especialmente para las mujeres adolescentes que padecen una infección vaginal por las dos primeras razones, lo cual las engloba en la categoría de “niñas bien”. Entonces, ¿quiénes son las “niñas mal”?, ¿Acaso en esa categoría se incluyen a las jóvenes que padecen una infección vaginal como resultado de una vida sexual activa?

Dudo que los temas  de higiene y salud pasen necesariamente por la obsesión de aclarar el tono de piel y de calificar la conducta sexual de las mujeres y las adolescentes.