Quiero plantear un par de
reflexiones que surgen a partir de anuncios comerciales que he visto en la
televisión:
La primera, acerca de productos
que se ofertan para atender cuestiones de arreglo y aseo personal femenina y me
refiero a una crema que hidrata y aclara
la piel del rostro, un antitranspirante que además de inhibir la
sudoración, aclara la piel de la zona de
las axilas y un jabón para la limpieza de la “zona íntima” que también aclara esa parte del cuerpo. ¿Cuál es la
razón para combatir los segmentos de piel morena u obscura en nuestro cuerpo?,
¿El oscurecimiento de la piel en zonas específicas no es parte de la naturaleza
del cuerpo humano?, ¿Habrá que esperar que lancen al mercado los productos que
aclaren la piel de los codos, las rodillas y otros recovecos de nuestra
anatomía?, ¿Es así como inicia el proceso de desdén por el color en la
piel que pueden conducir a la búsqueda de procesos artificiales para pigmentar
lo que nos es dado por origen racial y
genética?
La segunda reflexión es sobre un
producto farmacéutico que ataca la infección vaginal de “las niñas bien”. En dicho anuncio se especifica que una infección
vaginal se puede adquirir por el polvo, el uso de baños públicos y no sólo por
contacto sexual. También hace énfasis en el tamaño pequeño del producto, por
lo que el espectador deberá tener claro que éste está diseñado especialmente para
las mujeres adolescentes que padecen una infección vaginal por las dos primeras
razones, lo cual las engloba en la categoría de “niñas bien”. Entonces, ¿quiénes
son las “niñas mal”?, ¿Acaso en esa
categoría se incluyen a las jóvenes que padecen una infección vaginal como
resultado de una vida sexual activa?
Dudo que los temas de higiene y salud pasen necesariamente por la obsesión de aclarar el tono de piel y de calificar la conducta sexual de las mujeres y las adolescentes.