30 de octubre de 2014

Como ser un hijo de la cloaca y no morir en el intento

Una amiga pedagoga, tiene la hipótesis de que un hijo no deseado muestra mayores problemas de aprendizaje que uno que sí fue planeado y querido. No sé si esto es cierto o no, pero sí creo que puede ser angustiante, cuando no doloroso, el ser un hijo de la cloaca.

Hay dos películas en especial que me gustan por la forma en la que plantean el tema de ser un hijo de la cloaca y sobrellevarlo: Mi villano favorito y El juez.

                                            


En Mi villano favorito, la madre de Gru -a pesar tener pocas escenas-, intimida con su presencia y podemos  percatarnos de que es dura y cortante con su hijo. Y aunque al final,  la opinión sobre su hijo es mucho más benévola de lo que podíamos imaginar, por su parte Gru, estaba angustiado por conseguir el robo más grande en la historia del crimen para trascender y ser reconocido por ella. Sin ese motor, la película no existiría:  la motivación de Gru es ser el mejor para ganar votos con su madre. Y va complicando su vida sin pensar que logrará complacerla cuando deja de buscar su aprobación. Claro que esa no es la historia central, pero es lo que va a conformar el carácter de Gru y lo que nos causa tanta gracia cuando convive con las niñas: su torpeza ante la ternura. Su vínculo afectivo con las tres niñas, (que además son huérfanas), es lo que lo salva  de la amargura.

                   

Y con El Juez, bueno... Hay que verle los ojos a Robert Downey Jr. cada que discute con su padre. Durante toda la película recibe un sartenazo tras otro como si fuera el primero: siempre se regresa al punto de la historia donde todo se torció entre ellos dos. No es algo menor lo que provoca la fractura, sin embargo, para un hijo de la cloaca siempre queda la pregunta ¿Y si las cosas hubieran sido al revés, el rencor sería para el otro hermano? 

En mi caso (y salvando la distancia) por alguna razón, mi madre siempre presupone que si algo desapareció o no se hizo, la responsable soy yo. Por el contrario, cuando algo se hizo bien, seguramente alguien más tuvo la iniciativa... Se esfuerza para no hacerlo, pero el inconsciente la traiciona.

De esta forma, si el Juez Palmer basa su rencor hacia Hank, en el hecho de que cambió la fortuna de su hermano, ese destino era un volado, algo incierto y no comprobable. Por eso se convierte en la historia de un hijo de la cloaca, porque la distancia entre ellos tiene que ver con esas cosas muy íntimas que se da entre padres e hijos de manera natural, biológica o química (no tengo nombre científico para esas desavenencias), no por un sólo hecho específico. 

En ambas películas, los protagonistas logran reconciliarse con su condición de hijos de la cloaca cuando encaran la situación y dejan de arrastrar el pasado. Cuando dejan de ver al otro como  un contrincante a quien deben ganar en el juego absurdo de "A que me quieres" v.s. "A que no". Absurdo por que el cariño se siente o no. La cantidad, cualidad y calidad del mismo no siempre depende del objeto o persona que recibe el afecto, sino de quien lo siente. Por supuesto, ninguna de las dos películas pretenden ser recetas o moralejas de cómo dejar de ser un hijo de la cloaca. Se trata  del proceso específico de cada personaje que consigue ponerse en paz con la vida.


                                            ... que uf en serio tienen que verla y hablo de Mi Villano Favorito

13 de octubre de 2014

De la ausencia y la impunidad

La marcha  desembocó en la secretaría de Gobernación y antes de que el mitín terminara, se dio la desbandada. A mi lado caminaba una mujer mayor a toda prisa y en algún momento nuestros pasos se  emparejaron y empezamos a hablar. Su historia abreviada me impactó un poco menos que su propia persona: mujer enjuta, pero de vientre abultado; chongo cano, suéter de estambre, falda amplia por abajo de las rodillas, una playera, un suéter de estambre y unos polvorientos zapatos cuadrados. Había perdido una hija en el año 71. Desaparecida veinte años atrás: no muerta para ella, su madre, que no tuvo un cuerpo que enterrar. No era estudiante, más bien pertenecía a una organización social.

Era mi época de CCH, en una de esas marchas a las que iba sola y la sensación que me dejó ese encuentro es algo que guardé en mi archivo de miradas sin compartirlo. Estoy hablando de una mujer de naturaleza recia que no se autocompadecía y no buscaba compasión. Sus ojos eran más bien fríos y filosos. Sus palabras, entrecortadas por el apretado paso de la caminata hacia el metro, secas y rápidas.

Cuando llegamos al metro, nos separamos pero yo seguí pensando en esa mujer. No recuerdo por qué marchamos ese día, pero en mi cabeza, este acto cobró sentido después de ese encuentro. Estábamos ahí no sólo los estudiantes adolescentes y las organizaciones sociales, en esa columna de gente, también estaban los que no tenían sosiego en su corazón. 

Por salud, dicen que es recomendable olvidar. ¿Pero qué haces con la incertidumbre que deja la ausencia de un desaparecido?, ¿ De qué forma te pones en paz con la vida?, ¿Cómo te despides de tus muertos si no existe un cuerpo que te ayude a afrontar el duelo?

En la marcha del miércoles pasado por la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, me llamó la atención la gente que marchó sin tener un contingente específico  o que estuvo en las banquetas con sus pancartas acompañados de niños. Creo que independientemente de los motivos políticos de estas desapariciones, está presente el hecho de la impunidad en la que se mueven los gobernantes en este país. 

Y aunque este modo de operar no es  nuevo y menos en provincia, el descaro y la magnitud del hecho es lo que hace que por un momento, en estos tiempos, quepa un gesto de solidaridad hacia quienes hoy en día, la única certeza que tienen es que alguien les hace falta. 


                                           





6 de octubre de 2014

Para verte mejor: Los ojos del perro siberiano y Melany


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Para terminar mis notas sobre la colección  Zona Libre de editorial Norma,  voy a retomar Melany, historia de una anoréxica de  Dorothy Joan Harris y Los ojos del perro siberiano de Antonio Santa Ana.

Lo primero que tengo que compartir, es que aunque me resistía a leer Melany, historia de una anoréxica porque ni el título ni la portada se me antojaban, Los ojos del perro siberiano me convenció de  empezar esa otra lectura. Y aprendí cosas.

Los ojos del perro siberiano trata sobre la relación de dos hermanos en un contexto de VIH. Entre ambos hay una considerable diferencia de edades, no viven juntos y de hecho, la familia se opone a que haya trato entre ellos. La curiosidad de uno y la madurez del otro, les lleva a conocerse y compartir los últimos momentos en los que han de coincidir en vida.
                                                                            
Me agradó el tratamiento que se le da al tema, poniendo el énfasis en la doble moral familiar y en los lazos de fraternidad que se tejen entre los dos jóvenes.  Me recordó en varios momentos mi trato con mi hermana mayor y lo torpe que te hace sentir el no saber cómo acercarte a los tuyos en los momentos difíciles.

Antonio Santa Ana
Tomado de www.festivalazabache.com
                                                         

Y así llegué a la novela de Dorothy Joan Harris y su historia sobre la anorexia. Aquí el tema sí es el eje y la narración abarca desde que Melany, la protagonista empieza con su trastorno alimenticio, su paso por el hospital y su posterior recuperación.

Lo que rescato de la historia, es que se parte de la familia como detonante del problema: entre una madre obsesionada con las dietas y un comentario del padre sobre el aspecto de su hija,crean el ambiente adecuado para que Melany reaccione a una serie de estímulos que la llevan a querer cambiar su apariencia. 
Dorothy Joan Harris
Tomada de desafíoliterario18.blogspot.com

La novela es ante todo una historia didáctica y en ese sentido,  me impactó  la explicación de los daños colaterales que provoca la anorexia: la anemia y los consecutivos paros cardiacos. Es curioso porque aunque esto último ya me lo había dicho el médico en la vida real, en la novela resulta  muy gráfico cuando otro personaje que también padece anorexia, muere por realizar ejercicio cuando su corazón aún no está en condiciones de soportar actividad física pesada.

También me hizo pensar en la negación del problema por parte de quien la padece. Si me parece terrible la ceguera en la podemos caer con la certeza de que las cosas no nos están pasando en casos cotidianos, el problema es peor cuando se trata de una enfermedad. Me  pegó el argumento de un alcohólico que le decía a su hermana que su alcoholismo no perjudicaba más a su familia que el  mal de ella viviendo con un marido celoso o el problema de sobrepeso de la otra hermana. ¿Por qué a él no lo podían dejar vivir así?

Supongo que el argumento es válido en tanto que las tres situaciones implican una mala calidad de vida y dolor para para quienes son testigos de algo  que no les parece sano,  sin tener la posibilidad de cambiar las circunstancias del otro ser querido porque para el otro no significan un verdadero problema.

Tal es el caso de Melany: ella se considera como un ejemplo viviente de lo que es la fuerza de voluntad y cree alcanzar la perfección si consigue la meta de ser delgada sin darse cuenta de que atenta contra su salud física y mental.  Ignoro si a una adolescente que presenta un cuadro de anorexia pudiera interesarle esta lectura, pero sin duda, aporta información  de manera muy accesible.

Dos novelas que posan la mirada sobre problemas actuales desde la joven mirada de sus personajes.
           
                                                   titulo los ojos del perro siberiano autor antonio santa ana sinopsis ...

5 de octubre de 2014

Le journal, una forma de sobrevivir al to-to.

Le Journal cuenta la historia de tres mujeres que en medio de una situación desesperada, muestran la esencia de su personalidad provocando la risa y la empatía del público. La actuación y el manejo de la técnica clown por parte de las actrices, es el plato fuerte de este montaje dirigido por Artus Chávez.

Con una estética que se apoya en la textura del papel impreso, Le Journal, es una historia sencilla -en apariencia- que deja al descubierto nuestro lado  más oscuro cuando de sobrevivir se trata, y sutilmente (apenas esbozado), la explotación del hombre por el hombre  y las diferencias sociales tan vigentes aún. Así, cuando vemos en escena a Madame Marsha Mellow (Nohemí Espinosa) poner en aprietos a su sirvienta Matilda (Cecilia Noreña) y luego  ésta, tomar de  "asistente " a la ingenua  Mildred (Jimena Saltiel), podemos reconocer la indolencia humana hacia el otro. El humor blanco despoja de realismo una situación  cruel y la transforma en un divertido juego escénico. 

                                      Le Journal.

La técnica de Nohemí Espinosa y el carisma de Cecilia Noreña  en el personaje de Matilda hacen de este montaje, un espectáculo divertido que te deja un buen sabor de boca y como espectador, te hace partícipe de un teatro que es como un juego de niños visto desde el ojo de una cerradura o a través de una ventana.

Le Journal  se presenta sábados 13:00 hrs. y domingos 11:00 y 13:00 hrs. hasta diciembre, en el Foro Shakespeare, a unas cuadras del metro Chapultepec.