5 de diciembre de 2014

Las magistrales: La tragedia cómica


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"El clown habla de aquello que le duele y de lo cual, no se puede deshacer... Al clown, nada le sale según lo esperado, se cae, tartamudea... Es el que se equivoca, el que pierde, al que le va mal en lugar de nosotros. Por eso provoca la risa, para librarnos del dolor." Gardi Hutter.

El clown que me gusta a partir de Ícaro de Daniele Finzi, es ese clown que se sustenta en este ir y venir entre lo inocente, lo tierno, lo ingenioso, lo cómico, pero finalmente, terriblemente desolador. "Mis temas los busco en el drama, nunca en lo cómico", compartió Gardi Hutter en el marco del Segundo Encuentro Internacional de Clown de la Cd. de México, cuando dio su propia versión de la historia del clown, pues desde su punto de vista, cada clown tiene algo distinto que decir al respecto.

Cuando comenté Le Journal, mencioné como un tema no central, "la explotación del hombre por el hombre y las diferencias sociales" sin ahondar más en el asunto, porque no era el objetivo del escrito. Sin embargo, es una idea que no pensaba descartar entonces y que ahora retomo. Algunos días después de haber visto Le Journal, me encontré con una situación que me causó sospechosísmo:

Al entrar al vagón del metro, noté que se desocupó un asiento. Mientras caminaba hacia allá, me di cuenta de que junto al asiento vacío estaba una indigente que hacía muecas de enojo. Valoré rápidamente la situación y decidí que sería gacho no sentarme (un acto absolutamente moral) y además la mujer no parecía violenta. Cuando me senté, agradecí la fuerte ventilación de la línea 2, porque realmente olía muy mal esta señora. El problema sobrevino cuando al frenar el tren, no había calefacción que valiera: todo el tufo llegaba de golpe. Pensé que si me mentalizaba podía soportarlo... ¿Cuánto? Decidí prudentemente que no: no podía soportarlo. Me paré y me senté en la otra hilera de asientos. Desde ahí vi que mi historia le pasó a otras dos personas, hasta una tercera que sí permaneció en el asiento.

Lo que me pareció significativo, es que  la indigente refunfuñaba y volteaba a ver insistentemente a cada nuevo despistado que se sentó a su lado. Era como si ella nos censurara por adelantado  antes de que nosotros desertáramos. ¿Qué sentiría cada vez que nos levantamos? Había un rechazo implícito de nuestra parte, a pesar de todo.

Eso es lo que se plantea en Le Journal: quizá en un momento crítico, los personajes pueden olvidar sus diferencias, pero una vez que la vida toma su cauce, cada quién vuelve a su estatus. Y eso puede ser cruel: hacerle creer a una persona un afecto que no es real.  Por más blanco que sea el clown y que en su esencia no sea malo  (véase la entrada Malos y Malditos), lo cierto es que si miras con detenimiento el contexto del clown, resulta que la risa se aleja.

Pienso específicamente en dos personajes del cine que sirven para ejemplificar esto que digo: es comiquísimo ver a Chaplin comerse la suela de un zapato; pero si pienso en la imagen que cuenta mi madre, sobre la abuela repartiendo dos huevos machacados en agua, entre cuatro chamacos, la cosa ya no es tan chistosa. La miseria es más bien terrible.  Lo mismo pasa con Gelsomina en La Strada: es tremendo que haya sido vendida a Zampanó y toda la violencia que padece a su lado, a pesar de la risa que provoca con sus ocurrencias.

Aquí nos alcanzan las palabras de Gardi Hutter: la tragedia, la catástrofe ligada a la comedia. "La risa  para librarnos del dolor". Una charla que nos devuelve la imagen de ese clown físico y emocional que se niega a desaparecer ante el bien portado teatro de sala.

                                          



4 de diciembre de 2014

Gardi Hutter: la consen

Gardi Hutter
Tomado de clownelinguagem.blogspot
No sé si fue la luna, mi espectativa demasiado alta o un público fácilote lo que me impidió conectar con el trabajo de Gardi Hutter. Y es que en la clase magistral, La tragedia cómica, que presentó  hace unos días, dejó muchas buenas ideas rumiando en más de una cabeza ese día. Pero lo que fue hoy, yo no pude  hacer clic.

Desde que aparece Juana, en el escenario, las risas se dejaron escuchar y al menor movimiento,  se multiplicaron sin que hubiera -todavía, en ese momento- evolución en la acción o en el carácter del personaje. El público se mostró más que generoso en risas y aplausos. Y el acabose para mí, fue cuando alguien del público tomó sus cinco minutos de fama al carcajearse de forma incontenible con lo que prolongó el espectáculo justo antes del final. 

Lo que siguió, fue una lección por parte de Gardi Hutter sobre lo que se debe hacer en un  caso de éstos: primero lo identificó, después le cedió el foco y por último, retomó la acción  que la llevaría al cierre de su espectáculo. 

Un final que no supo a final: muy al estilo griego, la muerte del personaje no ocurre en escena. Pero luego de esta situación con la persona que contagió a los demás con su carcajada, el público estaba en un nivel de risa muy alta, así que cuando el personaje cae por enésima vez dentro del tanque de agua-lavadora (según los referentes de cada quién), tú esperas que de nuevo y de forma ingeniosa, se levante. Y no ocurre. En su lugar aparece un letrero que nos avisa el fin. Para los aplausos, Gardi  Hutter sale con unas simpáticas alas, el público se levanta de su asiento y el teatro se inunda de aplausos. Tres o cuatro veces, la actriz suiza da las gracias al apreciable y apapachador público. Esta noche pasó de Juana la valiente, a Juana, la consentida.

                                                          



El personaje de Gardi Hutter, desde luego que se hermana con cualquier persona cuando se desprende de su rutina cotidiana y en lugar de lavar mecánicamente la montaña de ropa sucia, se escapa por la vía de la imaginación para volverse una heroína con armadura. Pero a diferencia del Quijote, que muere cuando lo arrancan de su mundo de caballerías, aquí no hay algo verosímil que justifique la muerte de Juana. ¿Qué hace diferente ese último resbalón, a los otros que se da en la obra?   

Al final de la función suben al escenario dos profes normalistas de Ayotzinapa, residentes en el D.F. (Aplausos.) Habla el primero y pide el apoyo para los padres de los 23 estudiantes desaparecidos; pide que estemos al pendiente para evitar el carpetazo gubernamental. (Aplausos) El segundo orador pide al público extranjero que den fe en sus países de lo que ocurre en México y a los connacionales, que desconfiemos de las televisoras encargadas de dar la versión oficial de los hechos. Ambos agradecen el espacio, esta noche, para su mensaje. 

Un tibio conteo del 1 al 43 se deja oír en la sala, un justicia sin signos de admiración y un vivoselosllevaronvivoslosqueremos dieron paso a la salida al respetable.

Noche de luna en la Ciudad de México.






3 de diciembre de 2014

Julieta y Romeo

La compañía Barracao Teatro engalanaron el Helénico ayer por la noche en el 2° Encuentro Internacional de Clown de la Ciudad de México. Una noche llena de risas, carcajadas y, ¿por qué no? Amor. Un espectáculo que nos dejó al descubierto, cuando las luces de la sala jamás se apagaron: la interacción con el público estaba más que a la orden del día.

La mancuerna de actores, conformada por Andrea Macera y Esio Magalhaes, fueron y vinieron por el escenario provocando la risa con sus gestos, sus movimientos, sus ideas, el carácter de los personajes. Locura, contraste del clown blanco y el rojo, una pizca de música y mucha complicidad. 

Estampas de Hamlet, Mácbeth, Otelo y por supuesto: Romeo y Julieta (Ah, Julieta y Oh,Romeo) en la versión de Mafalda Mafalda, actriz experimentadísima en la obra de Shakespeare que comparte sus técnicas de actuación con todo el público. 

En el programa de mano viene un texto de Darío Fo: "Los clowns, como los juglares y los 'cómicos', tratan siempre el mismo problema, el hambre: de comida, de sexo, pero también de dignidad, de identidad y de poder".  En este caso, nos encontramos con una historia sobre el hambre sexual de este compañero de Mafalda Mafalda, con un tratamiento -incluso tierno- lejano de lo chabacano. Es conmovedor presenciar el largo saborearse el cuerpo de esta frondosa mujer durante la función y luego los celos cuando ella coquetea con otros hombres del público. 

Por su parte, Mafalda Mafalda, hace uso de su posición de poder sobre su ayudante, al saberse admirada y pretendida por este hombre, mostrándose cruel y explosiva con él hasta llegar a lo que parece el momento del adiós. ¡Ah,naturaleza, oh, humana! Un espectáculo, verdaderamente gozoso.


Tomado de www.bacante.com
Compañía Barracao Teatro. Con Andrea Macera y Esio Magalhaes. Dirección Naomi Silman y Barracao Teatro.