19 de julio de 2011

Vamos al sol, Uli

La entrega anterior, hablaba  sobre la dirección del blog  y el origen de su nombre en un tono amargosito de hija ardilla. Pero la historia no acaba ahí. Si la dirección es la parte oscura del blog, el título recupera el lado hakuna matata que también habita en mí.

"Vamos al sol, Uli", es todo lo que quedó de una anécdota mal contada y peor escuchada. Una historia turbia donde yo terminé como una sonsacadora de adultos mayores y el inocente en turno (se supone), me respondió en tono sumiso: "Sí, vamos al sol..."

Es una frase que me hace reír y que viene bien a próposito del blog. ¿O no es sabroso tomar el sol a cierta hora de la mañana, cuando aún no quema? Dicen los que saben, que el sol tiene poder sobre plantas y animales, incluídos nosotros porque nos hace bien física y anímicamente.
Y aunque en realidad no gusto mucho del sol, a pesar de haber nacido en el mes más caluroso del año y ya bien entrada la primavera, me consta que el sol es reconfortante en ciertas circunstancias.

Hace dos años, justo el día de mi cumpleaños, me ayudaron a abrir una cuenta para un blog que no fructificó: "Teatro hecho a mano". No era ni el momento ni la temática adecuada.

Pero hace un tiempo, me dio por dialogar en la madrugada y en estado medio inconsciente conmigo misma, de cosas que una parte de mí insistía en tratar ahí mismo y mi lado obrero, decía que "pus' no son horas". Entonces supe que  había llegado la hora de buscar este espacio.

Vamos al sol, puede sonar esperanzador y hasta poético si no se le liga a la historia de la manipuladora  de hombres maduros. Vamos al sol, Uli  es un llamado a esa parte de mí,  que le da por platicar a deshoras, para sentarse a echar chisme a gusto, con todas las otras que soy en estado de vigilia. 



18 de julio de 2011

Vamos al sol, Uli / Los hijos de la cloaca

Aunque el nombre de este blog (Vamos al sol, Uli) parece alentador y hasta optimista (excepto para los temerosos a los rayos UV), nada tiene que ver con la dirección para acceder al mismo.

"Los hijos de la cloaca" es una expresión que utilizaba un primo cuando éramos adolescentes y doblemente sensibles ;) para referirse a los hijos que no éramos los "ojitos derechos" de nuestros padres.

Es decir, los hijos a quienes nunca nos llaman por nuestro nombre a la primera, sino después de uno o dos intentos fallidos; a los que después de preguntar doble vuelta a todos  si gustan más del  guisado en turno, notan que no te ofrecieron a ti; a los que siempre mandan a hacer los trabajitos sucios que nadie quiere hacer... Bueno, ya me expliqué, ¿no?

Y es que pese a lo que digan las madres recitando  directo de su manual:

- ¡Ay, cómo eres! Una madre siempre quiere igual a todos sus hijos...

Pues como que algo no cuadra a la hora de la hora. Los padres son más discretos en ese aspecto, creo. O quizá sólo se debe a que  su campo de acción es más pequeño y es menos perceptible su favoritismo, pero de que lo practican, lo practican. Ni duda cabe.

De hecho, me ha tocado escuchar en dos ocasiones decir a mi madre y  algunos tíos no sin cierto embarazo y algo de regocijo quiénes y por qué son sus respectivos ojitos derechos. Sin embargo, no arrojaron nada nuevo a lo que todos suponemos, se trata de un asunto de afinidad y de qué tan cerca estás de su ideal. Supongo que eso les sirve como constancia de que hicieron bien su labor de padres.

Resulta curioso todo el preámbulo que se da antes de que  los padres suelten la sopa de algo que en realidad es del conocimiento de todos: risas nerviosas, el "tú primero", las disculpas. Porque "no es que no los quieras, porque a todos se les quiere, pero a uno, se le quiere otro poquito".

Me reconozco como una auténtica hija de la cloaca. Y aunque no niego que a veces lo he utilizado para (mediante un chantajito) conseguir algunas cosas,  a veces también, no deja de sentirse gacho no tener pa' donde hacerse. Pero cuando pienso que algún costo ha de tener el hacer válido tu libre albedrío, apechugo y me asumo como otra hija de la cloaca.