La entrega anterior, hablaba sobre la dirección del blog y el origen de su nombre en un tono amargosito de hija ardilla. Pero la historia no acaba ahí. Si la dirección es la parte oscura del blog, el título recupera el lado hakuna matata que también habita en mí.
"Vamos al sol, Uli", es todo lo que quedó de una anécdota mal contada y peor escuchada. Una historia turbia donde yo terminé como una sonsacadora de adultos mayores y el inocente en turno (se supone), me respondió en tono sumiso: "Sí, vamos al sol..."
Es una frase que me hace reír y que viene bien a próposito del blog. ¿O no es sabroso tomar el sol a cierta hora de la mañana, cuando aún no quema? Dicen los que saben, que el sol tiene poder sobre plantas y animales, incluídos nosotros porque nos hace bien física y anímicamente.
Y aunque en realidad no gusto mucho del sol, a pesar de haber nacido en el mes más caluroso del año y ya bien entrada la primavera, me consta que el sol es reconfortante en ciertas circunstancias.
Hace dos años, justo el día de mi cumpleaños, me ayudaron a abrir una cuenta para un blog que no fructificó: "Teatro hecho a mano". No era ni el momento ni la temática adecuada.
Pero hace un tiempo, me dio por dialogar en la madrugada y en estado medio inconsciente conmigo misma, de cosas que una parte de mí insistía en tratar ahí mismo y mi lado obrero, decía que "pus' no son horas". Entonces supe que había llegado la hora de buscar este espacio.
Vamos al sol, puede sonar esperanzador y hasta poético si no se le liga a la historia de la manipuladora de hombres maduros. Vamos al sol, Uli es un llamado a esa parte de mí, que le da por platicar a deshoras, para sentarse a echar chisme a gusto, con todas las otras que soy en estado de vigilia.