Aunque el nombre de este blog (Vamos al sol, Uli) parece alentador y hasta optimista (excepto para los temerosos a los rayos UV), nada tiene que ver con la dirección para acceder al mismo.
"Los hijos de la cloaca" es una expresión que utilizaba un primo cuando éramos adolescentes y doblemente sensibles ;) para referirse a los hijos que no éramos los "ojitos derechos" de nuestros padres.
Es decir, los hijos a quienes nunca nos llaman por nuestro nombre a la primera, sino después de uno o dos intentos fallidos; a los que después de preguntar doble vuelta a todos si gustan más del guisado en turno, notan que no te ofrecieron a ti; a los que siempre mandan a hacer los trabajitos sucios que nadie quiere hacer... Bueno, ya me expliqué, ¿no?
Y es que pese a lo que digan las madres recitando directo de su manual:
- ¡Ay, cómo eres! Una madre siempre quiere igual a todos sus hijos...
Pues como que algo no cuadra a la hora de la hora. Los padres son más discretos en ese aspecto, creo. O quizá sólo se debe a que su campo de acción es más pequeño y es menos perceptible su favoritismo, pero de que lo practican, lo practican. Ni duda cabe.
De hecho, me ha tocado escuchar en dos ocasiones decir a mi madre y algunos tíos no sin cierto embarazo y algo de regocijo quiénes y por qué son sus respectivos ojitos derechos. Sin embargo, no arrojaron nada nuevo a lo que todos suponemos, se trata de un asunto de afinidad y de qué tan cerca estás de su ideal. Supongo que eso les sirve como constancia de que hicieron bien su labor de padres.
Resulta curioso todo el preámbulo que se da antes de que los padres suelten la sopa de algo que en realidad es del conocimiento de todos: risas nerviosas, el "tú primero", las disculpas. Porque "no es que no los quieras, porque a todos se les quiere, pero a uno, se le quiere otro poquito".
Me reconozco como una auténtica hija de la cloaca. Y aunque no niego que a veces lo he utilizado para (mediante un chantajito) conseguir algunas cosas, a veces también, no deja de sentirse gacho no tener pa' donde hacerse. Pero cuando pienso que algún costo ha de tener el hacer válido tu libre albedrío, apechugo y me asumo como otra hija de la cloaca.
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