8 de agosto de 2014

Atalanta y El fugitivo


Grupo Editorial Norma tiene una colección llamada Zona Libre, con novelas juveniles cortas. De ahí mis últimas lecturas: Atalanta de Stephanie Spinner y El fugitivo de Terence Blacker.

La primera, Atalanta, es una versión sobre el mito griego del mismo nombre. Con una estética de este nuevo cine de Disney, se queda en una narrativa que esboza emociones sin llegar a profundizar en la mente o en el alma de los personajes, termina con un final apresurado que remata con una nota didáctica en la que menciona que hay por lo menos otras dos versiones sobre la muerte de Atalanta. Sólo  le falta agregar que si no te gusta su final, le pongas el que mejor te parezca. 





Lanza un buscapiés con  el personaje de Jasón, insinuando un lazo fuerte entre Atalanta y él sin que pase nada trascendente entre los dos. Y no necesariamente me refiero a un romance, si no a que más allá de que él es un personaje famoso y ella una humilde cazadora a la que Jasón le palmotea la espalda como reconocimiento a su talento con el arco, no pasa nada sin él en la historia. Es una carta que pone sobre la mesa y después no juega con ella.

Definitivamente no es de fiar una novela cuya autora abandona a sus personajes a un final incierto por tener una trama endeble,en lugar de tomar una postura frente al mito. Si no, ¿para qué hablar de Atalanta?, ¿Qué la hace especial para la autora?, ¿Cuál es el objetivo de presentárnosla?

Atalanta es la historia de una adolescente que quería ser cazadora, pero debe darle gusto a su recién conocido padre tirano y casarse sin agraviar a Diana ( a quien había ofrecido permanecer casta) y por un pequeño descuido lascivo, otro dios la castiga convirtiéndola a ella y a su amado esposo, en osos cariñosos. ¿Moraleja? Come frutas y verduras. En realidad no lo sé.


Por el contrario, El fugitivo,  al principio me pareció un lugar común. Sin embargo, conforme la trama avanza, se vuelve más atractiva, graciosa y muy humana. Todo forma parte de los recursos del autor. De hecho, él mismo se burla de los clichés en los que cae Nicky, el personaje principal, pero en el último momento barniza la situación y la libra de lo ordinario.

 En ciertos aspectos, El fugitivo me recordó vagamente Paseo en tiempos de guerra. No es tan oscura, pero si toca puntos sensibles de la vida adolescente en intersección con la vida adulta. La parte más dulce por conmovedora, es la del capítulo con Mi sol. No paraba de reír con la forma de reaccionar de Nicky, pero sin olvidar lo desolada que resulta la realidad de esta mujer. Me gustó.
                                                                      


Curiosamente, mientras buscaba imágenes para esta entrada, leí algunos comentarios de gente que ha leído el libro y me llamó la atención encontrar referencias sobre la densidad de la novela sobre todo en algunos capítulos. El Fugitivo tiene 168 páginas, con una fuente como 12 y cada inicio de capítulo el texto empieza a media cuartilla... sólo por hablar del formato. Del contenido, ya comenté que es bastante accesible la traducción.


En la entrada anterior, mencionaba mi corte de venas en el CCH, con Demian. Incluso, algunos  contemporáneos, leyeron a Sartre hasta con menos de quince años. ¿Qué  leen ahora los adolescentes? 

No desconozco que Volar sobre el pantano y Quióbole forman parte de la bibliografía recomendada por algunos profesores de secundaria. Bueno, ni yo con mis treinta y cinco años  me chutaría Arráncame la vida, que sí les hicieron (por lo menos), comprar a los alumnos de tercer grado de secundaria en mi ex plantel laboral. ¿Qué leemos los adultos que tenemos contacto con esos adolescentes?

También encontré breves reseñas de El fugitivo, escritas por gente que evidentemente, no leyó la novela, pero que religiosamente se registraron en el blog que se les indicó para que les tomaran la lección. 
Terence Blacker
                                                                    

En estos tiempos vertiginosos,  ¿Cómo nos reconciliamos los humanos con los libros? 













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