9 de julio de 2012

Taladro

Tratándose de teatro alternativo -si asisto-, voy con el prejuicio de que quizá no sea de los elegidos para desentrañar el sesudo discurso escénico del director y sus cuates. Me preparo para ver el embadurnamiento de cualquier tipo de alimento, un desnudo, textos inconexos.

Taladro nos ofrece un poco del menú recién mencionado, pero además nos regala momentos de  honesta intimidad. La eterna y universal historia del adiós. No importa si él le vacía  salsa de tomate y luego baña el cuerpo desnudo de ella  sobre un plástico; no importa cuántas veces se apuñale una mujer antes de  volver a incorporarse y sonría maliciosamente al público hinoptizado por sus pezones que se transparentan a través de su playera blanca: la aterradora historia del final, la conocemos todos.

Cerca de 50 personas rodeando dos  mesas, la de trasmisión (zona él) y la de los alimentos  (espacio  ella). Como en un ring, cada uno cuenta con su esquina para cerrar provisionalmente sus heridas; para esperar a que suene de nuevo la campana y recibir otra tanda de golpes bajos otorgada por los recuerdos.

Sin importar cuánto se hable de un gato inexistente, de los productos que se consiguen por catálogo, de las auroras boreales, del pingüino emperador o del sabor de un humeante spaghetti convidado al público, los rostros serios, las risas nerviosas, los ceños fruncidos, las parejas tomadas de la mano, pensando quizá  que eso nunca les pasará a ellos , la historia no deja de ser líneal y transparente.

Cada amor que termina sigue una ruta parecida a las demás. Las señales inminentes de que ya no hay nada más que negociar, son un código universal y Dance me to the end of love en la voz de Leonard Cohen despelleja cualquier corazón. Cuánto se ha escrito y cuánto más se ha de escribir sobre el adiós que no te da el amor cuando sale  por la ventana, a una hora de la madrugada en la que te encuentra dormido.

Si no fuera por el grado de perplejidad, por las muchas preguntas y algunas certezas que  provoca el  fin del amor, seguramente sería un tema agotado. 

"En Taladro el espacio es un camper, un búnker, un vagón abandonado, desde el que un solitario transmite para la web... Tú posteas en facebook, en un blog...  "¿Has considerado que lo más probable es que nadie lo lea?"  dice el programa de mano. Sin embargo, los que coincidimos en la función (me arriesgaré a afirmar) leímos, oímos, fuimos testigos de lo que el autor construyó con pedazos de memoria. 

Y como precisamente bajo esa premisa comenzó este blog (la página sin lector) y el  amor, el buenamor, el desamor, malamor y todas sus variantes  me generan  un gran sospechosísmo, tiraré de nuevo  esta botella al mar. 


Texto y dirección de José Alberto Gallardo, en Colección de Teatro alternativo. Teatro Jiménez Rueda. Del 28 de junio al 22 de julio de 2012. 

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