21 de mayo de 2014

Los gallos salvajes u otra de los vetados


 
¡Zas! Hace unas semanas leí una tesis de licenciatura sobre la violencia como mecanismo de defensa en la obra Los gallos salvajes de  Hugo Argüelles (siguiendo en la línea de los dramaturgos vetados). Al término, quedé con la impresión de que el tema se quedó entre azul y buenas noches por falta de sustento teórico de lo que son y cómo operan los mecanismos de defensa. De hecho, la sustentante argumentó más sobre el supuesto género de la obra, explicándola desde el melodrama que de la violencia desde alguna teoría psicológica que es lo que me sugería el título.
 
                                                               
Pero lo que  más-más levantó mi sospechosísmo, fue el método (Si no es Juana, es  Chana y si no, su hermana) que siguió  para llegar a esa conclusión: explicó las características de la tragedia, la pieza y el melodrama y luego de un análisis bastante superficial, como la obra no cumplía con las características ni de la tragedia ni de la pieza, luego entonces -según ella-  Los gallos salvajes es a todas luces un melodrama. ¡Toing! 
Y con superficial me refiero a tomar literalmente todo: desde la poética de Aristóteles (un ejemplo: como la obra sólo dura del medio día al anochecer, no cumple con las 24 horas que supuestamente dicen, que dijo Aristóteles, duraban las jornadas destinadas a las tragedias), así como que el autor haya escrito en la portada "Pieza en dos actos", cuando el primer tip que te dan en la facultad, para leer teatro es: no te saltes las acotaciones; dos: lee toda la obra de principio a fin y tercero: Ignora lo que el propio autor dice de su obra.

El cuestionamiento va hacia el nuevo plan de estudios de la carrera, donde se supone que es más amplio, para abarcar todo el hecho teatral. Sin embargo, si a las asignaturas base como Teoría Dramática, les reduces las horas de clase, pasa esto: te haces de menos elementos para saber qué estás leyendo, actuando o dirigiendo. Mi agradecimiento eterno a Fernando Martínez Monroy que me despabiló y después de sus clases, nada volvió a ser igual: ni para bien, ni para mal. Con él perdí la inocencia.
Leí las más de ochenta cuartillas porque me pareció interesante el tema de la tesis y sobre todo, el de la obra: no se parecía a lo que conocía hasta entonces de la obra de Hugo Argüelles. Y resultó que de chiripa, tenía la obra en casa.
                                      
La acabo de leer y confirmo mi sospecha: no se trata de un melodrama, sino de una tragedia: es la historia de dos hombres que van directo a su destrucción en un mecanismo de causa y efecto. Existe además la consciencia de que se ha atentado contra un orden superior y la única forma de restaurarlo es por medio de la muerte. Agreguemos el personaje de Otoniel, el brujo que  funciona la veces como oráculo, haciendo evidente lo que es invisible para los personajes; así como quien da testimonio de la verdad  justo hacia el desenlace para ayudar a restaurar el orden. Cuando uno llega al final de la obra, el lector no puede más que sentir piedad por ese hombre que mata a su hijo para negar la situación de incesto en la que han vivido.

El padre se sirve un trago y bebe. Se limpia las lágrimas y de pronto comienza a reír a carcajadas, abiertas, francas, casi gozosas. Y con la misma y rápida actitud impulsiva, rompe de pronto la  botella contra la mesa y dice con voz sorda:

PADRE: A éste lo mato. Tanto por lo cabrón como por puto.

Nada más terrorífico y motivo de compasión cuando en la última línea, el Padre reconoce el amor carnal que siente por su hijo y que con su muerte le está negado.
                                                         
Esto, siguiendo la línea dramática del padre, la del hijo, queda de tarea. Tragedia, melodrama o pieza, júzguenla por sí mismos, si les apetece. Que es la mejor manera, digo yo,  de disfrutar el teatro.
                                                                                                                                  
Los gallos salvajes en Teatro Mexicano Contemporáneo. Arguelles, Hugo. Ed. FCE. 1991.  
  

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