7 de septiembre de 2015

Entre enanos, tigres y otros bichos

El texto Barritar es de elefantes de Camila Villegas, sirve de base al montaje Entre enanos, tigres y otros bichos de ODUR Teatro. El resultado es una propuesta de dirección interesante. 

Casi podría ser un espectáculo tradicional para niños por la inocencia con que se plantea el universo de los personajes en un inicio, pero hay un segundo plano de marcada violencia que permanece constante durante todo el montaje, que sin ser explícita, deja entrever una historia muy turbia dentro de ese pequeño circo. Al ser sutilmente dosificada y sólo de manera verbal, esta violencia intramuros creo que puede pasar desapercibida, con toda su crudeza, para los más pequeños, pero no así para los más grandes ni para los adultos. Por supuesto, no pienso que se deba dar historias rosas a los niños. De hecho, el montaje no tiene moraleja incluida, sino que deja abierto el desenlace para una libre interpretación de los sucesos.

Para el adulto, hay varias sacudidas. La primera, es reconocer que el lenguaje corporal para demostrar afecto a otra persona, al parecer, ha quedado circunscrita a ciertos lazos como el noviazgo y el amor filial. Para los niños de la obra, es todo un acontecimiento el abrazarse y pronto será mal vista esta sencilla acción. La mirada del adulto encuentra cosas censurables que los ojos de un niño no percibe y así se lo transmite a los más jóvenes. Los lazos fraternos sólo se conciben si existe la misma sangre, pero parece que es imposible si no los hay y más aún si se trata de amigos de sexos opuestos, como en la obra.  

Me llamó la atención, el otro día en el metro, una madre muy joven lidiar con una niña como de año y medio, muy enojada porque no entendía por qué la madre se empeñaba en cerrarle las piernas y bajarle el vestido. No había una explicación por parte de la madre, así que para la niña, la indicación era sólo una imposición y la molestia se le notaba en la cara. En mi fiesta de cumpleaños número quince, mi tía puso el grito en el cielo porque dormí en la misma colchoneta con mis tres primos hermanos, compañeros de infancia. Esa noche, mientras los adultos bailaban y bebían, nosotros estuvimos en una camioneta rememorando nuestras andanzas de los primeros años: lodo, lluvias, las lianas en el río, las corretizas, los ayunos y las Barritas de piña compartidas durante las vacaciones en el pueblo. Fue la última noche que convivimos los cuatro. Al entrar al bachillerato, la vida nos llevó por distintos caminos. Sin embargo, yo guardé el comentario de mi tía con un sabor agrio en mi memoria: estaba hablando de dos de sus hijos y por supuesto, también de mí. ¿En qué momento de la vida de adultos, se nos retuercen los pensamientos?

La segunda, es la lectura que se le puede dar al hecho de que los personajes infantiles no crecen, permanecen como niños dentro del circo.  Al parecer, sólo el dueño del circo envejece, aunque no se dice a qué velocidad. La vejez del personaje supondría la futura liberación de los personajes niños, a la muerte del tirano, pero entonces no habría obra o sería otra distinta. Lo cierto es que aquí, el miedo tiene atados a los personajes y el ambiente violento que se vive en el circo, no les permite desarrollarse como personas. Y eso mismo aplica dentro y fuera del escenario para cualquier persona o sociedad

Y lo tercero, es un recurso del teatro griego: uno no ve en escena lo más terrible del drama, lo que permite que cada espectador pueda recrearlo a partir de los elementos que se dan en la puesta en escena y su imaginación. Hubo una vez, alguien que dio la cara por sus compañeros y lo que pasó con él... es un espacio en blanco para ser llenado por el público.  Y de nuevo aparece la metáfora: la fuerza y la solidaridad viene de quien, aparentemente,  más desventajas tiene, el menos poderoso.

Hay un cierre fuerte y emotivo que puede ser tan claro o tan oscuro como el corazón que lo mire se lo pueda imaginar. 

Última función este domingo 13 de septiembre. Foro Contigo América. 18:00 hrs.



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