8 de septiembre de 2015

¿Evaluación para qué?


A Pita, la maestra. Con cariño del bueno.

Observo con preocupación, pero sobre todo con tristeza cómo el tema de la evaluación a los docentes ha logrado que aflore lo peor del ser humano. He visto en los noticieros - aunque ya antes me lo había comentado una maestra -, la intimidación que ejercen los detractores de la evaluación fotografiando a los maestros que acuden a realizar su registro para presentarla y luego son exhibidos en redes sociales. O como a una aspirante a una plaza en la docencia le cortaron el cabello por el mismo motivo. Ahora ya no es suficiente la toma de edificios públicos y la destrucción de mobiliario e instalaciones, ahora se agrede física y moralmente a otros seres humanos.

Desde que inició el proceso de la denominada “Reforma Educativa” he escuchado en los noticieros de la televisión a los empresarios de México Primero, exigir su aplicación exponiendo las bondades de una evaluación a los docentes en funciones para elevar la productividad y alcanzar el desarrollo; a los conductores de esos noticieros, vomitar calificativos para desacreditar a quienes se oponen a ella; a servidores públicos dar discursos amenazantes acerca de la verdad que les asiste para aplicarla “en nombre de la ley”.

Lo que no he observado, es un debate serio con sustento teórico acerca del objetivo pedagógico de la aplicación de una evaluación o la pertinencia de la evaluación como único mecanismo para alcanzar dicho objetivo y si fuera el caso, los diferentes tipos de modelo de evaluación que existen y cuál sería el adecuado, para el caso específico de México, con base en un diagnóstico del estado que guarda la educación en nuestro país.

En esta batalla campal la gran ausente es la Educación, no sólo porque no se argumenta en torno a ella en su lenguaje que es el de la pedagogía, (entendiendo que la Educación tiene una dimensión social, política, económica y filosófica), sino porque la Educación está ausente hasta en su acepción más simple que alude al respeto por el otro. Es decir: no se puede hablar de Educación si no es sobre la base del respeto por las ideas de los demás.    

Antes de tomar partido por evaluación sí o evaluación no, sería importante echar un vistazo al documento “Análisis y perspectiva de la Reforma Educativa” que constituye la memoria de los foros regionales y nacional (celebrados entre mayo y junio de 2013 en los estados de Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Sonora, Baja California Sur, Distrito Federal, San Luis Potosí, Veracruz, Puebla y Estado de México), resultado del acuerdo entre la CNTE y la Secretaria de Gobernación, que no obstante ser un mecanismo más acertado que la mutua descalificación y la agresión física y verbal, no tuvo la difusión necesaria para abrir un debate sobre la educación que queremos y merecemos los mexicanos.              

Si realmente nos importa la Educación Pública que se imparte en el país, es importante tener presente que esta no se agota en la aplicación de una evaluación, que sólo sirve como filtro para decantar a los “malos  maestros” y abrir la puerta a excelentes profesionistas en otras áreas del conocimiento, pero que quizá no tienen el perfil para la docencia.


Sería bueno orientar los esfuerzos a la reestructuración del sistema de normales, para ampliar y actualizar sus planes de estudio y garantizar que los maestros tengan una formación acorde a la educación que se pretende impartir y no abonar a las expresiones de violencia y descalificación entre promotores y detractores de la evaluación a los docentes. Cedamos el paso a la razón.                    

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