6 de mayo de 2015

Afónica

Despertar en medio de un sueño recurrente de otro tiempo no es precisamente el estado ideal para empezar un nuevo día. 

En mi sueño, de nuevo la angustia de no saber cómo, cuándo ni por qué dejé de asistir a la clase de biología. Sé que pronto tendré que presentar el examen final, pero no tengo ni idea de lo que me van a preguntar. Un pasillo, compañeros. La angustia.

Se combinan las imágenes de una presentación de ballet o algo así. Despierto.

Cuando recién salí de la facultad, tenía ese sueño con cierta regularidad y constancia: yo reprobando biología y la preocupación de tener que pasar en algún momento la asignatura para continuar mis estudios. 

Mi llave para abrir la puerta del mundo onírico, se presenta cuando pienso que no llevo Biología en la carrera de teatro (¡!) y que para estar en la universidad, debí cursar todas las materias del bachillerato. 

Hoy pensé además, que no soy mala en Biología. Incluso, me gustaba en el CCH. Si se tratara de física o química, con toda seguridad, el sueño podría tornarse una verdadera pesadilla.

En esta última semana, he soñado y al despertar, recuerdo mis sueños. Es un alivio salir de este silencio digital, aunque sea por la mortificación de un mensaje cifrado.

Pienso que es momento de cerrar el ciclo de este blog, pero aún tengo algunos pendientes. Hasta entonces, estaré rondando por aquí.

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