Los mejores festejos, considero que se dan cuando éste nace de la buena voluntad de los implicados. En cambio, los cumpleaños en los lugares de trabajo siempre tienen algo de incómodo porque si optas por no participar con toda la honestidad porque el festejado no te simpatiza, todos te malmiran por cortado.
Y cuando participas por compromiso, sabes qué estás de más porque se cuentan puros chistes locales entre los cuates y el festejado. Además de la pena ajena de ver que hay gente que una vez que toma su pastel, elude pasar a felicitar al cumpleañero o que más de uno no canta las mañanitas y se ve que está haciendo acto de presencia para no quemarse.
Y si el festejado eres tú, con mayor razón conoces quién es quien te pone las piedras en el camino y no le crees las "muchas felicidades" y el seudoabrazo donde sólo te medio palmotean los hombros. Doble pena ajena que les cobren en tu presencia lo de "la cooperación" para el pastel.
Todavía se puede ver algo más gachito (¿o triste?) y es que un pastel sea el motivo para el protagonismo malsano de una persona. Tuve el infortunio de ver el berrinche de la organizadora de un cumpleaños doble porque uno de los festejados no llegó.
"¡Cómo! Tanto esfuerzo, el tiempo, la sorpresa, la gasolina y el desgaste de ir por el pastel en mi carro; y no fue cualquier pastel sino uno grande, para los dos... y todo para que no viniera".
Cabe aclarar que el ausente cumplió años un día antes del día del festejo, que fue el aniversario de la otra festejada que además era la jefa y donde el pastel muy especial, grande y para los dos, tenía tulipanes amarillos de plástico en el decorado (no un adorno unisex).
Luego de las mañanitas, desplazó a la festejada y se puso cortar el pastel. E incluso le hizo la observación a alguien, cuchillo en mano, de que "aunque no pagó, se le iba a convidar pastel pero con la invitación a integrarse a los festejos".
Lo que me indignó fue escuchar cómo vertía cizaña con la jefa sobre el supuesto contratiempo del ausente, descalificar el contratiempo, decir que aquello era una crónica de una inasistencia anunciada, que era la quinta defunción en el año de la abuela materna del susodicho, que no había ido porque no se le había dado la gana.
Todavía peor, fue escuchar las justificaciones por la balconeada a "su amigo". Porque: "¡Cómo! Tanto esfuerzo, el tiempo, la sorpresa, la gasolina ..." Lo verdaderamente canalla del asunto, es que la dejó plantada con el detalle del pastel uno de los festejados. Si el ausente quería quedarse en casa, en Garibaldi, en un prostíbulo, a ella le tenía sin cuidado, lo que le molestaba, es que "¡Cómo! Tanto esfuerzo, el tiempo, la sorpresa..."
Pero lo que remató con el colmo de la falsedad, fue que nos pidiera que escucháramos lo que le escribió al ausente por el Facebook: "... haces que el resto de los que te rodeamos seamos mejores personas al contar con tu amistad..." ¡Un pepto, por amor de Dios!
No me ciego y sé que todos buscamos algo de protagonismo en un sentido u otro. Es parte de nuestra sombra. Pero hay personas que me generan la sensación de que el alma humana es algo imposible de entender. Me asusta un poco que no seamos capaces de ver cuando mutamos con actitudes de esta especie, porque no dudo que yo haya aparecido ante los ojos de otras personas como esta mujer apareció ahora ante los míos.
No está de más echarle un ojito a nuestra sombra para cerciorarnos de que no nos ha salido un rabo o las orejas se nos han puesto un poco puntiagudas.
No está de más echarle un ojito a nuestra sombra para cerciorarnos de que no nos ha salido un rabo o las orejas se nos han puesto un poco puntiagudas.
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