Dicen los veracruzanos que dijo el Papa Juan Pablo II. Pero seguramente, éste no se bajó del papamóvil; ya estaba muy cansado cuando pasó por ahí o de plano no conoció otros estados de la república. Y es que en mi primer encuentro con la Villa Rica de la Vera Cruz, no quedamos enamoradas de mutuo acuerdo.
Sobra decir que aunque oaxaqueña, soy bien jarrito de Guadalajara. Lo admito: me gusta que me hablen bonito y si se puede, que me den trato de reinita... Y cuando no se puede, con que me traten como persona, me doy por bien servida. Pero, ¡oh, desilución! En Veracruz me fulanearon (me ningunearon) de a feo.
Es el primer lugar de provincia en que los habitantes no saben ni quieren ayudar a un foráneo extraviado. Los veracruzanos que te topas en la calle no saben dónde queda el museo de la ciudad, el mercado, los hoteles, las calles (a pesar de tener placa en casi todas las esquinas); unos a otros se echan tierra descalificando playas o paseos de la competencia; nadie da los buenos días-tardes- noches, ni las gracias y menos los de nada. Los taxis te echan el carro encima; no te ceden el paso; te presionan con el cláxon... hasta me recordaron al D.F. en un mal día de tráfico, sin el agravante del calor bochornoso.
Afortunadamente saliendo de la ciudad, hacia la playa, los otros veracruzanos sí fueron amables. Pero aún así, tienen en general, una forma muy particular de pedir las cosas y de organizarte la vida, que ¡bueno! De esta forma tuve que posar para unas fotos que yo no pedí y que al principio concedí por no ser "amargosita". Pero después de la tercera, empecé a hartarme y mi sangre sureña dijo que ya estaba bueno de fotitos; que estaba bueno de que dieran por concluida mi visita a Cempoala por asumir que estaba cansada, sin antes preguntarme; que estaba bueno de las órdenes de la vigilante del museo de la ciudad donde el colmo fue que me quisiera dictar hasta mi comentario en el libro de las sugerencias: "Ponle que debería haber clima y servicio de cafetería aquí adentro".
Por supuesto, la madre naturaleza no sabe de usos y costumbres del hombre y ella sí nos compensó en parte, lo que a punta de empujones, malascaras, claxonazos y órdenes los veracruzanos dejaron en mi sentido corazón defeño-mixteco.
Ojalá que me sea dada la oportunidad de conocer otras regiones del estado y que corra con mejor suerte la próxima vez, para quitarme esta primera impresión. Me quedaron a deber la calidez y el trato amable que tanto promueven las páginas de turismo. Veracruz es bello, sólo en las postales. En el trato humano es una ciudad difícil.
Mira que si sé de que hablas, 9 meses de vivir en Veracruz y la de cosas que pasé. Que te puedo decir de los taxis, era el pan de cada día, y encima nos toco chocar con uno (y de verdad, lo juro, fue culpa de suya). Hasta salí en el periódico local, en una nota titulada algo así como “Intelectuales cafres chocan con taxi” (yo creo por los logos de la UNAM que traía la camioneta). El taxi en realidad solo se embarro contra la llanta de la camioneta, pero con eso les basto para decir que los daños ascendían a “más de 10,000 pesos” (chale, si estaba bien viejo el taxi). Curiosamente en el MP la mayoría de los que estábamos ahí era por chocar con un taxi, o entre ellos. Otra cosa es que en el cine TODOS, PERO ABSOLUTAMENTE TODOS DEJAN SU BASURA, no sé que incapacidad motriz tiene que le impide llevar su charolita con restos de refresco, palomitas y nachos hasta el contenedor de basura, por lo que uno tarda en entrar a la función por lo que se tardan en limpiar todo ese cochinero. Ya ni mejor hablo de la playa T_T, triste, triste, de verdad. Y como broche final, nuestra taquería favorita tenía una linda calcomanía que decía “ladrón que roba a ladrón, vive en el DF”, creo que dice mucho de los sentimientos que tienen hacia los chilangos. En fin, como bien dices si hay veracruzanos amables, pero estos detalles son bastante difíciles, o al menos lo fueron para mí.
ResponderEliminarSaludines RGT