El cabello corto y despeinado dejaban ver sólo parte de su rostro. Con la mitad del estómago fuera de lo que parecía un traje de baño, la vi acercarse bamboleante. Tendría quizá 25 años o menos, pero el cuerpo fofo y con enormes estrías arañando su piel, me hablaron de mucho más kilometraje.
-¿Estás bien, chica?
- Sí.
-Me da gusto que estés bien. ¿Puedo nadar?
-Sí, claro.
-¿Estás bien?
-¿Perdón?
-¿Estás bien?
-Sí.
-Qué bueno, chica. Me da gusto que estés bien. Tu hermana me había dicho que estabas muerta.
-¿Qué?
- Sí: me dijo que te habías muerto.
Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Pude sentir como se levantaron cada uno de mis bellos de los brazos. Medí la distancia de la mujer con respecto a mí y la que había hasta mis cosas. Medi sus intenciones. Medi mis posibilidades de salir corriendo del agua sin ser interceptada. Me topé con una mirada vacía como la del tiburón del acuario. Mirada fría, pero sobre todo vacía. No transmitía nada. Me incorporé y ella también lo hizo. De hecho, lo hizo con más agilidad de lo que yo hubiera esperado.
- No te vayas. Vamos a platicar. No te asustes. No tengas miedo...
En cuanto oí esa palabra, reaccioné. Había estado caminando en círculo para poner distancia entre la mujer y yo mientras me acercaba a la orilla. Sin dejar de mirarla a los ojos le respondí sin pensar.
-Sí me das miedo y sí me voy. Me envolví en la toalla, me calcé las sandalias; tomé el resto de mis cosas y empecé a caminar hacia las lanchas del club de buceo.
-Tú ya estás muerta. No me vas a olvidar nunca... Y me insultó hasta en inglés.
Me volteé un par de veces para cerciorarme de que no me seguía. Se quedó de pie hablando sola un rato más. Luego caminó hacia la salida del malecón y se perdió de vista.
Pensé en irme al hotel, en ese momento. Pero mi ánima se había quedado en el agua y no me podía ir sin ella. Asi que regresé mis pasos y me volví a meter al agua en el mismo lugar del que había salido.
Después de un rato, la mujer regresó al malecón, pero ni siquiera volteó al mar. Se acercó a una pareja que estaba sentada acompañando a su niña que brincaba divertida. Jugó de lejos con la niña a esconderse y salir detrás de una escultura. La niña la buscó un par de veces y luego regresó saltando con su mamá. Ella también saltó imitando a la niña, pero cuando no recibió más su atención, se fue caminando con paso desganado hasta perderse.
Mientras, en el agua yo me llamé un par de veces por mi nombre; pero no fuerte. Supuse que en el malecón sólo puede haber lugar para una loca. Y no había vacantes.
Varias cosas me rondaron en la cabeza. Si las personas están fuera de nuestra realidad no significa que no tengan otra realidad alterna. ¿Y quién dice que la de ellos es menos válida que la nuestra? Si pierden el interés por cosas materiales y vanales de la vida, ¿En qué ponen su atención?
Lo que más me asustó del diálogo que sostuvimos, no fue el hecho de darme por muerta sino que quién supuestamente se lo dijo fue "mi hermana". Si hubiera mencionado a cualquier otra persona, quizá no me hubiera pegado tanto. Por eso la busqué con la mirada en el malecón. Yo la sabía dormida en el hotel y sentí pánico al pensar que por alguna razón hubiera ido a buscarme y esta mujer se la hubiera topado antes de acercarse a mí y le hubiera hecho algo.
Cuando no vi ninguna señal de mi hermana y que todo trancurría su curso normal en la playa, entonces sí sentí miedo de lo que ella me pudiera hacer. Y no por maldad ni por alguna cuenta pendiente, porque en sus ojos no había ira, odio, rencor, ni nada parecido; sino para poder contar la historia de la hermana de alguien que flotaba muerta en el mar.
¿Qué es lo que la hizo perder el paso en esta realidad? ¿Sería su propia hermana la difunta de la que hablaba? Yéndonos a un extremo, ¿Me hablaba en sentido figurado? ¿Qué parte de mi no encontró latiendo? Por mi parte, nada para sentirme viva de sopetón, como la sensación de un miedo cabrón.
En la última película de Batman, un preso le dice que lo que le impide salir de ahí, es que no tiene miedo. Y cuando Bruce ubica su miedo en morir fuera de Gótica sin hacer nada por salvarla, escala sin la cuerda de seguridad y el instinto lo hace llegar hasta la salida.
Hasta hace medio año, mis miedos siempre fueron provocados por algo abstracto, por una pérdida, por las consecuencias de mis actos o por alguna situación de riesgo más o menos bajo control. Apartir de los tres asaltos y medio que me sucedieron este año, supe lo que es el miedo por algo concreto.
A pesar de estar conforme con la manera en que he llevado mi vida hasta ahora, es distinto irte de aquí por una enfermedad o un accidente a que alguien disponga de tu vida sin una razón. En estos tiempos, ésa parece ser la constante . El no tener enemigos, ya no es garantía de tener un fin apacible. La muerte vuelve a ser una cosa sangrienta, pero a diferencia de los sacrificios humanos de antaño (a colación por mi visita a Cempoala), ahora no tienen nada de honorables.
Aún me sorprende mi respuesta a la mujer. Supongo que no fue ni muy poética ni muy inteligente, pero me dio seguridad porque le devolví una pelota que ella no esperaba. Lo sé porque tardó un par de segundos antes de contestarme y yo gané un suspiro de tiempo para salir del agua . El reconocer mi miedo me llevó a la acción. De haberme puesto al tiro o salir corriendo despavorida quizá sólo hubiera provocado peores consecuencias.
Ignoro si bastaron los débiles llamados que me hice para devolver mi ánima a este cuerpecito; tampoco sé por cuanto tiempo recordaré a la mujer del mar o si su conjuro-maldición me seguirá por la eternidad. Sólo sé de cierto que si el miedo no anda en burro, menos en caballo de mar.
¡Changos, qué historia! En fin, para comenzar mi comentario, por favor la próxima vez pon un anuncio enorme de SPOILER a tus comentarios de películas, (te pasas de veras), afortunadamente apenas vi la pelí, (sí, apenas gracias al bendito trabajo), pero piensa en las personas que no la han visto (que deben de existir, en algún lugar). Pasando ahora sí a tu historia, hasta a mí me pusiste los vellos de punta, fue como un pasaje Pedro Paramo ¿o no?, o como la película de “los otros”. ¿Qué cosas, no?, lo que te puede mover en la mente y alma una dialogo tan breve (hasta más que una buena patada en la panza), eso es un ejemplo del poder de la palabra. No sé porque, pero me acorde de esos ayeres cuando los padres te amenazaban con tan sólo echarte las altas, cosa que a los niños de hoy no les causa la menor congoja. Mi recomendación: de hoy en adelante no olvides salir con un pedazo de pan, o de perdis un paquete de galletas marías, o de animalitos, hay te lo dejo al gusto.
ResponderEliminarSalu2, RGT