29 de octubre de 2012

Holbox

Algo que hace especial a la isla de Holbox, es lo apasible y sencillo del lugar.  Holbox significa "hoyo negro" en maya. Dicen que se llama así porque en el centro de la isla había un lugar donde la "tierra" se separaba, formando un hoyo. Pero a ese lugar, ya sólo va la gente que vive por ahí. En la zona destinada al turismo conviven los hoteles con las casas habitación y con los comercios. Casi todas las construcciones son de una sola planta en calles sin pavimentar que te permiten ver la arena blanca  bajo tus pies. El transporte local es por medio de mototaxis, motonetas que puedes rentar o a patín.

Por lo que se refiere a  la vida nocturna en la isla, hay antros pero ni son muchos ni son tan ruidosos. Una vez que sales de las calles céntricas, a unos cuantos metros está la playa con su golpeteo de mar opacando cualquier otro sonido.

Entre la fauna que es posible ver en esta parte de la isla, hay  artesanos "nais" con dreadlocks, perforaciones y tatuajes que le cayeron en algún momento a Holbox y ahí se quedaron... O eso supongo porque no se parecen a los artesanos que venden en los puestos ambulantes que hay en la calle principal.
 
El centro es realmente pequeño y lo recorres en tres chanclazos. El turismo es muy específico también: parejas,  familias pequeñas o de plano personas de a solapa. Así que cuando nos encontramos en el restaurante de la cooperativa pesquera cerca de quince comensales, la cocinera estuvo apunto de saltar por la ventana porque no la veía llegar. Esperamos poco más de una hora por un filete, unos tacos de camarón (¡muy buenos!), unas brochetas y algo más.

El viernes escuché en la radio, que una A.C. estaba muy apurada tratando de amarrar compromisos con la SEMARNAT para que se respete los acuerdos de la reserva ecológica de Yum-balam antes de que termine la presente administración, ya que desde hace tiempo hay empresarios interesados en la construcción de una zona hotelera "que le dé impulso al desarrollo sustentable de la región". Y no es por nada, pero todos sabemos como acaban ese tipo de proyectos.  Como dice Sabina, hacen de un edén sencillo, "un bodrio de urbanización". 

Nos platicaban en el paseo en busca del tiburón  ballena, que en Holbox tenían reglamentado esta actividad, mientras que en Cancún, las salidas se hacían de manera  indiscriminada. Y efectivamente, cuando encontramos algunos ejemplares de tiburón ballena, ya estaban ahí un par de lanchas más y al poco rato, llego una embarcación particular. A nosotros nos recalcaron que no podíamos tocarlos y bajamos al agua en parejas; sólo una a la vez y dos veces por pareja. Del resto de las lanchas, bajó toda la gente que quiso y permanecieron en el agua después de que nosotros emprendiéramos el camino de regreso.
 
El argumento del guía, es que si el animal está comiendo, es molesto que haya gente observándolo y peor aún, tocándolo. En mi primera inmersión al agua, a pesar de saber lo que tenía que hacer, la fuerza del oleaje me aturdió. Suenan tan simples las instrucciones desde la superficie, que al grito de ¡Ahora! -la señal para lanzarnos al agua-, yo dije como el Chapulin Colorado: "Si me aviento... Sí me aviento..."  Pero el instinto quería cerciorarse de que "¡Ahora!" se refería a mí, porque yo no veía al tiburón ballena por ningún lado.


tiburon ballena"Ahora", me volvieron a gritar y esta vez si vi la sombra justo donde señalaba el dedo del guía. Y ni modo. Claro, que cabía la posibilidad de no tirarme al agua, pero después de tantas horas de viaje por carretera y algunas otras por mar, era sencillamente descabellado echarse para atrás. Además, ¿Qué era lo peor que podía pasar? Y  me lancé.  De pronto, gracias a que el guía me jaló del brazo quedé frente al enorme pez y pude verlo desde la cara hasta la cola. Metros y metros de animal pasando ante mis ojos, con las branquias abriéndose y cerrándose como persianas.  Y después, sólo burbujas. Impresionante. No puedes imaginar lo que son 14 metros de animal hasta que lo ves pasar ante tus ojos. ¡Y yo con mi metro y cachito!

En la noche que pasamos en Holbox, los sapos saltaban a nuestro encuentro en las calles arenosas. Los cangrejos transparentes salían de sus agujeros en la playa y el cielo cargadito de estrellas nos quitaba las palabras y nos dejaba libre el pensamiento.

Si hay algo que pudiera pedir a todos los dioses mayas, sería que alejaran de Holbox al hombre blanco, rojo o de cualquier color  que sólo ve en  la isla un negocio prometedor.


 
 
 
 
 
 


















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