Con el inicio del año, en la
colonia se ha instalado una tensión permanente por el incremento de delitos de
diversa índole. Aunque no tengo datos estadísticos que sustenten lo dicho, comparto la misma apreciación, con los vecinos que también la perciben.
Chopin es una calle
predominantemente de uso habitacional, con viejas vecindades, unidades habitacionales
de interés social, pequeños comercios y tránsito vehicular local y en general no
se padece de contaminación auditiva.
En la madrugada
del domingo, cerca de las cinco de
la mañana, los vecinos de la calle Chopin despertamos con los gritos
destemplados de la novia de El Papiloma.
De la nada, de repente se
escuchó: ¡¡¡Pinche jodido, dijiste que te ibas a comprar un colchón, guey !!!
¡¡¡Pinche Papiloma!!! ¡¡¡Todavía es
buena hora para ir a coger con el Miki,
me lo voy a coger sin condón, bien rico, pinche Papiloma!!! (...) ¡¡¡Papiloma!!!
¡¡Papiloma!! ¡Papiloma! ¡Dame mi chamarra, guey! ¡Solo quiero mi chamarrra!...
Como Papiloma no daba señales de interlocución, la novia volvió a la
carga: ¡¡¡Marcos Papiloma!!! ¡¡¡Dame mi
chamarra, pinche Papiloma!!!...
No sé si fue Papiloma o algún vecino enojado por la interrupción de su sagrado
descanso o alguna buena conciencia ofendida por el monólogo y el alias de Marcos, pero en lugar de la voz del Papiloma, lo que se escuchó a
continuación fue la torreta de una patrulla que cruzó la calle y se retiró, en
una clara acción de rondín.
Desconozco cómo hizo la novia de Papiloma para hacerse invisible a los
patrulleros, pero la presencia policiaca terminó por enfurecerla y una vez que
los oficiales se retiraron, cantó la despedida: ¡¡¡Pinche Papiloma, puto decrépito que no puedes ni coger!!! ¡Ya me lo había
dicho Miriam! ¡¡¡ Chinga a la puta que te parió!!! ¡¡¡Pinche Papiloma, ya valiste verga, sé cómo
vives, guey!!! ¡¡¡Te vas a pudrir en la cárcel, pinche Papiloma!!!
A la distancia se volvió a
escuchar la sirena de la patrulla que nuevamente cruzó la calle y se retiró. No
se escuchó que el auto se detuviera, ni se escuchó forcejeo alguno, por lo que
supongo que no levantaron a la novia del Papiloma.
El silencio se volvió a adueñar de la madrugada en la calle Chopin.
Ya no me volví a dormir y me quedé pensando en la
sabiduría de los Tigres del Norte, con la reflexión que hacen en la canción Camelia la texana: "…una hembra si quiere a un hombre, por él puede dar la vida; pero hay
que tener cuidado, si esa hembra se encuentra herida…". Ahora la texana
Camelia y los siete plomazos que le descargó a Emilio Varela me parece una
historia menor frente a la furia de la novia de El Papiloma. Esta anécdota califica para trascender como leyenda urbana.
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