10 de marzo de 2017

LA NOVIA DEL PAPILOMA

Peralvillo es una vieja colonia de la Delegación Cuauhtémoc que conforma, junto con la colonia Guerrero y la Morelos, parte del cinturón de inseguridad que rodea al Centro Histórico de la Ciudad de México. Con cierta regularidad se escucha al señor que recorre las calles con su megáfono anunciando la nota roja que tuvo como escenario alguna calle con el nombre de un maestro de la música clásica: Beethoven, Mozart, Berlioz, Caruso, Wagner, Schubert, etc. 
 
Con el inicio del año, en la colonia se ha instalado una tensión permanente por el incremento de delitos de diversa índole. Aunque no tengo datos estadísticos que sustenten lo dicho, comparto la misma apreciación,  con los vecinos que también la perciben.
     
Chopin es una calle predominantemente de uso habitacional, con viejas vecindades, unidades habitacionales de interés social, pequeños comercios y tránsito vehicular local y en general no se padece de contaminación auditiva. 
             
En la madrugada del domingo, cerca de las cinco de la mañana, los vecinos de la calle Chopin despertamos con los gritos destemplados de la novia de El Papiloma.

De la nada, de repente se escuchó: ¡¡¡Pinche jodido, dijiste que te ibas a comprar un colchón, guey !!! ¡¡¡Pinche Papiloma!!! ¡¡¡Todavía es buena hora para ir a coger con el Miki, me lo voy a coger sin condón, bien rico, pinche Papiloma!!! (...) ¡¡¡Papiloma!!! ¡¡Papiloma!! ¡Papiloma! ¡Dame mi chamarra, guey! ¡Solo quiero mi chamarrra!...

Como Papiloma no daba señales de interlocución, la novia volvió a la carga: ¡¡¡Marcos Papiloma!!! ¡¡¡Dame mi chamarra, pinche Papiloma!!!...

No sé si fue Papiloma o algún vecino enojado por la interrupción de su sagrado descanso o alguna buena conciencia ofendida por el monólogo y el alias de Marcos, pero en lugar de la voz del Papiloma, lo que se escuchó a continuación fue la torreta de una patrulla que cruzó la calle y se retiró, en una clara acción de rondín.

Desconozco cómo hizo la novia de Papiloma para hacerse invisible a los patrulleros, pero la presencia policiaca terminó por enfurecerla y una vez que los oficiales se retiraron, cantó la despedida: ¡¡¡Pinche Papiloma, puto decrépito que no puedes ni coger!!! ¡Ya me lo había dicho Miriam! ¡¡¡ Chinga a la puta que te parió!!! ¡¡¡Pinche Papiloma, ya valiste verga, sé cómo vives, guey!!! ¡¡¡Te vas a pudrir en la cárcel, pinche Papiloma!!!

A la distancia se volvió a escuchar la sirena de la patrulla que nuevamente cruzó la calle y se retiró. No se escuchó que el auto se detuviera, ni se escuchó forcejeo alguno, por lo que supongo que no levantaron a la novia del Papiloma. El silencio se volvió a adueñar de la madrugada en la calle Chopin.

Ya no me volví a dormir y me quedé pensando en la sabiduría de los Tigres del Norte, con la reflexión que hacen en la canción Camelia la texana: "…una hembra si quiere a un hombre, por él puede dar la vida; pero hay que tener cuidado, si esa hembra se encuentra herida…".  Ahora la texana Camelia y los siete plomazos que le descargó a Emilio Varela me parece una historia menor frente a la furia de la novia de El Papiloma. Esta anécdota califica para trascender como leyenda urbana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario