30 de septiembre de 2013

La flor del tiempo

- "Sí estuvo chida. Luego los maestros nos mandan a ver cada cosa..."

Foto: Contradanza baila _La flor del tiempo_ en el CCU.
Y así es: hay quien sin ningún pudor ni ética merca con el teatro, la danza y la música con proyectos pseudoescolares donde el negocio disfrazado de discurso  pedagógico moraliza al espectador con una endeble propuesta estética. "Vacunan contra el teatro al potencial público", afirmaba un profesor en la facultad.
Y en verdad es un riesgo promover un espectáculo sin antes haberlo visto y sobre todo, es un arma de dos filos obligar a los estudiantes a asistir a una función de cualquier disciplina artística aunque sea un espectáculo de calidad porque el simple hecho de "mandarlos" implica asistir sin la disposición y receptividad que se  requiere en estos eventos.
En el CCH el maestro de física nos vendía boletos por un punto  para ir al conservatorio y oír música de cámara porque su hija tocaba la viola. Agradezco la vendimia porque nunca me gustó la física, pero descubrí que la música de academia, . Sin embargo, había quien compraba el boleto (por el punto), pero no asistía a los conciertos. En esos casos, perdía la cultura y ganaba el negocio. 
Previo a la función de La flor del tiempo, la directora, un  músico y alguien más (que no me enteré qué creativo era) dieron una entrevista donde los chavos reclamaban (en pocas palabras), que había coreografías que sólo el director entendía y que eso los alejaba del mundo de la danza. Que los no iniciados en el lenguaje corporal requerían más claridad. 



Contrario a lo que esperaba, Cecilia Apletton no cedió diplomáticamente, como artista con la  camiseta bien puesta dijo un par de cositas al público que, desde luego, están llenas de razón:   

Primero,  es labor del público completar la obra de arte -sea cual sea-  pues el público no puede ser un ente pasivo y quedar sólo como receptor del mensaje del artista; lo completa con sus referentes, su imaginación y su creatividad.

Segundo, en tiempos donde todo se quiere adquirir  rápido y sin esfuerzo, el arte no juega con esa inmediatez, para disfrutar del arte, dijo citando a Roland Barthes, es necesario dedicarle tiempo para el gozo  (cuando algo nos resulta familiar) y para el placer  (cuando se trata de algo que nos parece ajeno).  De ahí la invitación a ver más danza como un reto a nuestra propia estructura mental para averiguar por qué nos cerramos ante lo que no entendemos.



Después de la cajeteada, vino la función y el público adolescente que charló con sus respectivos acompañantes durante la mayor parte de la entrevista, guardó silencio  y se dejó envolver por esos firmes y elásticos cuerpos narrando  sobre el escenario.

Un espectáculo bien cuidado en todos sus ingredientes: música en vivo, luces, escenografía, vestuario y utilería lograron capturar la estética de Ende y  conjugarlo con la lectura  que hace Cecilia Appleton del texto: una crítica al consumismo y al acelerado ritmo que ha tomado nuestra vida cotidiana. Lo que mis ojos vieron esa noche conectó con las imágenes de mi recuerdo infantil que guardo de Momo: las  ilustraciones de  mi vieja edición de Alfaguara, tomaron movimiento en el escenario.

                                                       


Sea por el buen sabor de boca que me dejó La flor del tiempo o por la sacudida de Cecilia Apletton, habrá que seguirle los pasos a la compañía Contradanza. El viernes pasado en la Covarrubias ganó la cultura: el público aplaudió de buena gana un espectáculo para los sentidos

     

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