13 de enero de 2013

La historia que es solamente una historia

De niña, leí algunos libros de cuentos chinos. Fueron de mis primeros libros. Siendo de la misma serie, eran muy similares en el formato, no así en las ilustraciones. Me gustaba mucho el tipo de historias aunque me ganaba el ansia de avanzar más rápido cuando empezaban con su recurso de repetir  desde el principio la parte en que empezaba la aventura del héroe, cada que éste  se encontraba con un nuevo obstáculo en su camino. Así empieza Seda.  
Cuando leí esta novela, terminé con las de cocodrilo de fuera. Grandes lagrimones fuera de mis oscuros ojos y el corazón ligeramente oprimido.  ¡Zas! ¿Qué era lo que no me cuadraba de esas lágrimas? Me  iba a contestar, pero decidí que no tenía que ser aguafiestas y si ésa era mi primera reacción ante el inesperado final, entonces se valía ser sentimental. La tarea era volver a leer la novela de Alessandro Baricco para descubrir porqué me creaba sospechosísmo
No he hecho la tarea, pero con la lectura de Se busca heroína regresó a mi cabeza Seda. La doctora Rivero narra la anécdota de La mujer de Gilles de Madeleine Bourdoux. En la lectura de dicha obra, ella  interpreta la historia de Bourdoux como una denuncia de "los peligros que acechan a aquellas mujeres (u hombres) cuyo único anhelo es conservar al hombre (mujer) amado (a), lo que puede llevarlas (los) a la autodestrucción". ¡Zas! y... ¡Zas!
La anécdota de La mujer de Gilles me trajo a la memoria Seda. Ahora sí: ¿Por qué me causó sospechisísmo llorar por la mujer amnegada que se tragó la infidelidad de su marido hasta el día de su muerte?  He de confesar que una vez que se me secaron los lagrimones aquella misma tarde de lectura, insistí en preguntarme y me contesté, a reserva de volverla a leer.
(Aviso: Si no han leído Seda y lo piensan hacer, brinquen éste y el siguiente párrafo.)  Mi conclusión fue que no era admirable la actitud de la esposa al escribir una carta simulando ser la amante de su marido para mantenerle la ilusión de esa aventura, apaciguarlo y vivir con él el resto de su vida; sin reproches ni escenas de sofá, como dice Sabina. 
Yo no podría. Yo no he podido. No podría vivir con una persona a la que  se le revuelve el corazón por otra persona sin reprochárselo. No podría verlo en vela  con los pensamientos lejanos sin berrear desconsolada.   Imposible quedarse en un lugar donde se siente que el que sobra es uno.
(Viene del aviso. Sigue lectura.) Bien por la esposa si ése era su plan y  la estrategia no la mortificaba, pero definitivamente empeñar la dignidad, -y sobre todo- el bienestar emocional, es cosa seria, me parece. De  ahí que me conmoviera el dolor de ésa mujer, con la reserva de que se necesita ser masoquista o tener una mente muy maquiavélica para actuar así.

Alessandro Baricco narra con mucha fluidez y maneja todos sus recursos para  conseguir que nos dejemos llevar por ese amor incondicional de aquella mujer. Pero si uno lo piensa con detenimiento, ¡qué chinga para su corazón! Sobre todo porque después, el personaje se desvanece en su tumba y el autor  nos sigue hablando del marido. Señal de que en ella, no nos debemos detener. 

Si Seda fuera teatro, uno tendría que estar muy al pendiente de lo que el autor provoca con su obra para saber cuál es la postura del dramaturgo. Pero al ser una novela, la cosa es distinta. Me parece muy reduccionista quedarme sólo con la lectura "feminista" de la novela (de cualquier forma, ahí queda la historia de Hélène).
Mientras leía Seda, me parecía estar leyendo esos cuentos chinos de mi infancia por la forma, pero también por el fondo de historia ancestral; la trayectoria de un héroe con todo  y  personaje fantástico que le ayuda en el camino como lo menciona Mircea Eliade en El héroe de las mil caras; y de vuelta al género dramático, me parecía ver la trayectoria tragicómica del héroe saltando obstáculos antes de llegar a su meta.
Seda, podría ser la historia de un hombre, que al igual que Peer Gynt de Ibsen, sale corriendo tras algo que siempre estuvo en el lugar de partida, pero que sin ese recorrido, jamás hubiera encontrado. El viaje  de un hombre para apaciguarse el cuerpo y el alma. Su autor la define simplemente como una historia.
 
Seda. Baricco, Alessandro. Ed. Anagrama.





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